– Mateo 16:21-26.

En seguida después de la gran revelación de Cesarea de Filipo, vino para Pedro y los discípulos una enseñanza fundamental. Lo anterior fue una revelación fundamental, lo que viene ahora es un fracaso y una enseñanza fundamental. Desde aquí en adelante, en el ministerio del Señor, la cruz es un tema central. Pero, ¿cuál habría de ser el significado de la cruz para los discípulos? ¿Cuál habría de ser la actitud de ellos hacia la cruz? Si este asunto no quedaba correctamente zanjado, habría continuos problemas con los hombres y con las circunstancias.

Ellos esperaban algo muy distinto para su Maestro y para sí mismos. Ellos tenían deseos de prosperidad, de éxito, de dominación política. Ellos querían que el reino de Israel fuera restaurado a los judíos en ese tiempo. Aún no conocían los caminos de Dios.

Así también ocurre hoy. Hay muchos cristianos que tienen aspiraciones de grandeza en este mundo. Ellos no tienen la cruz en sus pensamientos, sino la prosperidad, el deleite, las riquezas. Ellos quieren tener un reino en este mundo. Ellos no conocen los caminos de Dios. Se han quedado en la esfera de la carne, como aquellas multitudes que seguían al Señor por los panes y los peces. Ellos no conocen la cruz; más aún, son enemigos de la cruz de Cristo (Fil. 3:18).

El Pedro anímico, emotivo y sentimental, no podía aceptar la cruz para su Maestro; por eso intenta disuadirlo. Pero el Señor responde a Pedro con desusada fuerza: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres».

Desde ese mismo día, Pedro debía aprender que pensar de esa manera era ponerse del lado de Satanás. Pedro debía aceptar que la cruz estaba en el centro de la voluntad de Dios para su Señor. Sin cruz no hay Cristo. No bastaba que el Señor hubiera realizado muchos milagros, y predicado hermosas enseñanzas. Era preciso que él fuera a la cruz, y muriera allí.

En las palabras que siguen, el Señor deja muy claro que el camino de la cruz era también para los que le siguen. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame: Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará».

El significado de la cruz es negarse permanentemente a sí mismo, para que la voluntad de Dios sea hecha. La cruz como camino no es lo mismo que la cruz como obra. La obra de la cruz es exclusiva del Señor, pues él solo pagó el precio de nuestro rescate. El camino de la cruz, en cambio, consiste en seguirle por la senda estrecha de la negación de los deseos del alma.

Al entrar en la recta final del ministerio del Señor, el asunto de la cruz lo domina todo. Era hora que los discípulos lo entendiesen y lo asumiesen. Sin embargo, ellos habrían de vivir todavía muchos fracasos antes de vivirlo en plenitud.

145