Es un hecho asombroso y pocas veces enfatizado, que no solo Adán, el viejo hombre, fue creado, como cabeza de una raza que luego cayó, sino que también un nuevo hombre fue creado cuando el Señor Jesús resucitó. Hay dos creaciones, dos razas, dos comienzos.

Cuando Adán pecó se convirtió inmediatamente en el viejo hombre, y arrastró tras sí a todos sus descendientes. Es una raza que no tiene remedio; por eso, la solución de Dios para ella no es el mejoramiento sino el reemplazo.

Ahora, ¿cómo surgió la segunda? No por un acto de simple creación con las manos, como cuando Dios modeló a Adán. Esta vez hubo que involucrar a todo el ser divino, pues Cristo tuvo que morir y resucitar. Morir para quitar lo defectuoso, y resucitar para introducir lo perfecto.

En Efesios hay tres menciones a esta segunda creación. En 2:15 se nos muestra cómo ella surgió: «Aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo, de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz». Este «nuevo hombre» fue creado en Cristo –«en sí mismo»– a partir de la muerte del anterior, que era una mezcla deplorable y belicosa de religiosos judíos y bárbaros gentiles.

Lo que surge en la resurrección no es un hombre con remiendos del mejor hombre viejo, sino una nueva creación celestial, perfecta. Este «nuevo hombre» es Cristo y la iglesia. Cristo como la cabeza y la iglesia como el cuerpo. De hecho, Cristo y la iglesia es enteramente Cristo. Porque no puede ser un hombre algo que tiene una cabeza de una naturaleza y su cuerpo de otra. Así nos dice 1ª Cor. 12:12: «Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo». Tal como el cuerpo humano tiene muchos miembros, así también Cristo tiene muchos miembros – cada uno de los hijos de Dios.

Una segunda mención de esta nueva creación está en Efesios 2:10, donde nos dice que somos hechura (poiema, en griego) suya, es decir una cosa maravillosa, creados en Cristo Jesús.

Y la tercera mención está en 4:24, donde dice: «Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad». Es necesario un acto voluntario de parte del creyente mediante el cual él se viste de este nuevo hombre. La creación es una y definitiva, pero la aceptación y apropiación de este hecho es continua por parte del creyente.

Colosenses 3:9-10 complementa en esta misma línea: «No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno». Aquí se dice que este nuevo hombre debe renovarse hasta que toda la vieja naturaleza haya quedado atrás y Cristo sea el todo en todos (v. 11). Es la creación y renovación de un nuevo hombre. ¿Y el viejo? Será sepultado para siempre.

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