…la ciudad de Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo”.

– Apoc. 3:12.

Hay un lugar, una ciudad bendita:
Jerusalén la celestial, la eterna,
que desde el trono santo ha descendido
con Cristo que ha venido por los suyos.

Desciende de la corte de los cielos
con un millar de huestes deslumbrantes,
Jesús y la ciudad de muros fuertes,
llevándose escogidos habitantes
lavados por la sangre del Cordero.

¡Oh sinfonía excelsa, indescriptible,
desciende la ciudad del Dios viviente!

Entonces, las coronas de los hombres,
sus credos, sus soberbias, sus orgullos,
sus altos edificios terrenales,
y todo el oropel del mundo cae,
arrodillado al majestuoso evento.

Repasan por las ondas de los cielos
estrellas y planetas saludando
al único Señor del universo:
¡A Cristo, que desciende con sus santos!