Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os eleve a su debido tiempo”.

1 Pedro 5:6.

El bendito Señor Jesús tomó el lugar más bajo; pero Dios le ha dado el más alto. Se hizo a sí mismo nada; pero Dios lo ha hecho todo. Dijo: “Yo soy gusano y no hombre”; pero Dios lo ha puesto por Cabeza sobre todo. Entró en el mismo polvo de la muerte; pero Dios lo ha colocado en el trono de la Majestad en los cielos.

¿Qué nos enseña todo esto? Nos enseña que el camino para subir es bajar. Esta es una gran lección que necesitamos aprender. Nos libraría eficazmente de la envidia y los celos, de las contiendas y la vana gloria, de la prepotencia y la auto-ocupación. Dios ciertamente exaltará a aquellos que, en el espíritu y la mente de Cristo, tomen el lugar más bajo; y, por otro lado, ciertamente abatirá a aquellos que buscan ser alguien.

¡Oh, no ser nada! Esta es la verdadera libertad, la verdadera felicidad, la verdadera elevación moral. Y entonces, ¡qué intenso poder de atracción en alguien que no hace nada de sí mismo! Y, por otra parte, ¡cuán repulsivo es un espíritu que empuja, que va hacia adelante, que se codea, que se exalta a sí mismo! ¡Cuán indigno es de alguien que lleva el nombre de Aquel que se hizo a sí mismo sin reputación! ¿Podemos establecer como una verdad inamovible que la ambición no puede vivir en presencia de Aquel que se despojó a sí mismo? No hay duda. Un cristiano ambicioso es una contradicción flagrante.

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