La edificación de la Casa es una gran obra de Dios, que busca la satisfacción de Dios. Si examinamos cómo fue edificado el tabernáculo en el desierto, veremos algunas luces acerca de cómo Dios edifica hoy su casa, a quiénes Dios utilizará para esta tarea, qué clase de personas pueden participar de esta obra. Cuando leemos el registro de Éxodo, encontramos tres cosas muy interesantes.

Cuando Dios le dice a Moisés que reúnan esa ofrenda para construir el tabernáculo, y cuando más adelante en otro capítulo reitera eso, encontramos que lo primero es que haya hombres con visión espiritual, o visión celestial. Es necesario que Moisés suba al monte, es necesario que Moisés reciba los planos directamente de Dios, es necesario que no quede ningún detalle fuera de esa visión de Moisés. Cuarenta días y cuarenta noches. Sin visión no hay obra de Dios. Sin visión celestial no podemos nosotros colaborar con Dios en su propósito eterno. Primero, se requieren hombres con visión celestial.

Segundo: «…de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón». Más adelante se reitera esto mismo, cuando dice:«Tomad entre vosotros ofrenda para Jehová, todo generoso de corazón». ¡Qué interesante! Dice después: «Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad» (Éx. 35:5, 21).

Cuando Dios quiso edificar el tabernáculo, no obligó a nadie; no usó de las ofrendas regulares que se le ofrecían. ¡Cómo podría él construir su habitación con una ofrenda obligada de gente mezquina, de gente que todo lo hace girar en torno de sí misma! La casa de Dios es tan santa, tan pura, tan noble, que no se le permite participar en ella a quien no sea generoso de corazón, a quien no crea que él se debe a Dios, y que todos sus bienes, todo lo que de Dios ha recibido, a Dios le pertenece y a Dios tiene que volver.

Esto no es el único ejemplo que encontramos, porque si ustedes leen después, cuando David informa al pueblo que su hijo va a construir la casa en Jerusalén, entonces de nuevo tenemos lo mismo. David dice: «He acumulado algunos talentos de oro y de plata; en todo este tiempo he estado pensando en la casa de Dios. Yo también de mis recursos particulares voy a aportar lo mío. ¿Quién más quiere dar? ¿Hay otros voluntarios que quieran aportar?». Y dice el registro que vinieron los príncipes, la gente más noble, trayendo sus ofrendas, y el pueblo se alegró de ofrendar para Dios (1 Cr. 29). ¿Se fijan que no hay mezquindad allí?

Tercero: Hombres y mujeres «sabios de corazón». Porque luego que estuvieron los materiales del tabernáculo, fueron necesarios los artesanos, los que trabajaran con sus manos, para hacer toda esa obra maravillosa. Y allí estuvo Bezaleel y Aholiab, una gran cantidad de hombres y mujeres que tejieron, que bordaron, que prepararon cada parte de ese precioso tabernáculo. «Sabios de corazón». Dios los dotó de sabiduría en el diseño de toda obra primorosa. Primero, hombres con visión espiritual, luego, hombres generosos de corazón, y, por último, hombres y mujeres sabios de corazón.

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