Una mirada bíblica a la clonación.

Parafraseando un poema de la poetisa Gabriela Mistral («Todas íbamos a ser reinas»), el título de este artículo apunta a la sensación que hoy se tiene respecto a ciertas biotecnologías, en donde los seres humanos pareciera que jugamos a ser dioses, al haber llegado a descubrir y empezar a controlar las moléculas que regulan los procesos vitales dentro de la célula y que son las que en último término controlan la esencia de la vida en los organismos. Estas biotecnologías son: la ingeniería genética, que puede llegar a alterar los genes a voluntad en un organismo dado; en segundo lugar la genómica, ciencia que ha descifrado el genoma, identificando los genes uno a uno; y finalmente la clonación, que apunta a obtener copias de organismos. Si bien estas tres tecnologías enfrentan aún limitaciones importantes, hay quienes piensan que dentro de poco entraremos en la época de los animales y personas de «diseño», creados a la voluntad de su hacedor.

Precisamente, una de las maravillas de la vida es que ésta pueda continuar de un organismo a otro, y ante la imposibilidad de crear un ser vivo en el laboratorio, hoy se cuenta con lo más cercano que es la clonación, la que unida a la ingeniería genética y a la genómica, podría llegar a moldear y repetir organismos a voluntad.

La clonación en la naturaleza

La clonación no es una invención científica original. En realidad, forma parte importante de un modo de perpetuación natural de muchos grupos de organismos vivos; desde bacterias y hongos hasta animales y vegetales. La palabra «clon» deriva del griego klon, que se traduce como «retoño» o «brote». En biología corresponde al individuo que ha nacido de un solo progenitor por vía asexual, a partir de fragmentos de ADN o de algunas líneas celulares.

La clonación en el mundo natural no es más que modos de reproducción asexual; esto es, la producción de organismos descendientes que proceden de un solo progenitor, sin necesidad de una pareja y sin fecundación. La progenie resultante es genéticamente idéntica a su progenitor, puesto que no ha habido participación de genes de otro organismo que sirva como pareja. La reproducción por clonación es común en organismos microscópicos simples como las bacterias, o más complejos como los protozoos; en organismos multicelulares como las hidras y medusas, y también en otros animales más desarrollados como la estrella de mar.

También en vertebrados puede ocurrir reproducción por clonación, aunque esto es más bien la excepción que la regla. Es el caso de las lagartijas de cola de látigo en las praderas secas y desiertos de EE.UU. y norte de México (Campbell et al. 2000). En este caso, una lagartija hembra produce los óvulos que, sin ser fecundados por un gameto masculino, se desarrollarán en varias hembras descendientes clonadas. En los mamíferos la clonación es más difícil y sólo ocurre en aquellos gemelos monocigóticos que son idénticos. En este caso, el huevo fecundado o cigoto se divide en dos dentro del útero, y origina a dos descendientes que son prácticamente iguales entre sí, aunque diferentes de sus padres.

En los vegetales, la clonación es común y se llama reproducción vegetativa. Ocurre desde organismos pequeños como algunos ajos que han quedado almacenados por algún tiempo y empiezan a emitir brotes reproductivos, hasta los enormes pinos secuoya, los que producen pequeños pinos (vástagos) a partir de sus raíces. Son pequeños clones que con los años se convertirán en árboles gigantes.

Lo novedoso de la clonación en el ámbito científico es que no sólo se trata de dividir un cigoto o huevo fecundado para producir gemelos, sino que corresponde a una manipulación más compleja, que involucra la transferencia del núcleo de una célula de un animal que actúa como donante, a un ovocito o célula equivalente que hace las veces de receptor y al que se le ha extraído previamente el núcleo (para que sea el núcleo del donante quien tome el control del desarrollo del organismo con sus genes). La célula huevo producida, la cual contará con los mismos genes del donante, se traslada desde la cápsula de Petri del laboratorio hasta el útero de una hembra receptora para que continúe su desarrollo embrionario. A su tiempo, ésta dará a luz un organismo clonado.

La rana y la oveja

En febrero de 1997, un grupo de científicos escoceses anunció que habían clonado una oveja, a la que llamaron «Dolly», resultando ésta ser una copia genéticamente idéntica a su progenitora. La oveja había nacido varios meses antes (Julio de 1996), pero sus «creadores» se aseguraron que sobreviviera lo suficiente antes de dar a conocer la noticia que impactaría a la opinión pública mundial. Después de todo, el embrión que luego originó a Dolly había resultado sólo después de muchos fracasos (Wiltmut et. al. 1997). De 277 intentos de fusionar el ovocito receptor con el núcleo del donante, sólo 8 lograron desarrollarse como embriones, y de ellos, solamente uno continuó su desarrollo hasta su nacimiento como animal, el que correspondió a la famosa oveja. «Dolly» pasó a ser el primer mamífero clonado, aunque en realidad hacía ya un par de décadas que biólogos genetistas americanos estudiaban la clonación, habiéndose logrado por primera vez esta técnica en una rana en 1952.

Lo anterior refleja que aunque se especula bastante con la clonación por manipulación de células, los más experimentados en esta técnica a escala mundial sólo consiguen coronar con éxito menos del 0,3 % de sus experimentos. Se ha invertido cifras fabulosas de dinero, pero los resultados van siendo demasiado lentos. El Instituto «creador» de la oveja «Dolly» cerró sus puertas en el 2002, luego de que sus acciones se desplomaran en la bolsa. La clonación, por tanto, no se presenta fácil, y menos aún todas las limitaciones que habrá que despejar con los problemas que presentan los animales clonados.

«Dolly» hubo de ser sacrificada porque presentaba las condiciones físicas de un animal viejo en extremo, a pesar que sólo tenía seis años. Exhibía una cojera en una de sus patas traseras y una menor longitud en los telómeros, estructuras responsables de la división celular que están presentes en los cromosomas (una célula de un animal joven cuenta con telómeros de mayor longitud que una misma célula de un animal más viejo). Los científicos piensan que la célula donante que se utilizó en la clonación no partió de cero con la edad, sino que mantuvo su «reloj biológico» original, es decir 6 años, el que correspondía a la edad de la oveja de la cual se obtuvo la célula donante. Por tanto, si se le suman los seis años que vivió «Dolly», se llega al máximo promedio que vive un animal de esta especie (12 años).

Clonación humana

Los científicos Ian Wilmut y Keith Campbell, quienes «crearon» a la oveja «Dolly» por clonación, relatan en su libro «La Segunda Creación» (2000), que no serían partidarios de la clonación reproductiva en humanos, debido a los diversos peligros genéticos y de diversidad biológica que ello encierra, además de las consideraciones éticas y bioéticas. Pero como la historia nos recuerda que lo que puede llegar a hacerse, algún día alguien lo hará de todas formas (como ocurrió con la ciencia nuclear y su posterior uso con fines bélicos), habrá quienes se salten todas las barreras y terminen practicando clonación reproductiva en seres humanos, no importando los fines por los que se realice.

Sin embargo, conviene derribar algunos mitos gestados en la matriz de la especulación clónica. Un ser humano generado por clonación ¿será una copia exacta, tanto en lo físico como en lo psicológico, de su progenitor que aportó la célula donante? ¿Qué ocurre con el alma del ser clonado, es sólo biológico y por tanto no tiene alma? Si clonamos a 10 personas ¿son todas fotocopias unas de otras? Cuando se produjo la noticia de la clonación de «Dolly» en 1997, muchos semanarios y revistas mostraron en sus portadas repeticiones seriadas de un determinado animal o persona. Tal vez una de las más impactantes fue la que mostró la revista alemana Der Spiegel, presentando en su portada a Hitler, y a una compañía de clones a su lado. Otros propusieron clonar a grandes músicos del Barroco o Romanticismo, o a grandes artistas, políticos, etc.

Pero lo cierto es que nunca un clon será igual a otro, excepto en su apariencia física. Esto es así porque un animal o un ser humano es el resultado de la interacción de muchos factores, no sólo de la genética. Factores claves en la modelación de un organismo son el medio ambiente en que se desarrolla; en el caso de un ser humano, la educación recibida, la alimentación, las experiencias de vida, etc. Pero por sobre todo, lo que hace la diferencia entre clones humanos es que el alma y el espíritu no son susceptibles de clonación, ni tampoco pueden ser engendrados por los padres, porque la inclusión y participación de éstos en la constitución de un ser humano, van mucho más allá de la esfera biológica y se enmarcan en el accionar creador de Dios.

Contamos con un ejemplo de clona-ción natural humana en el caso de los gemelos monocigóticos. Son personas altamente similares en su aspecto físico, comparten la misma talla en sus ropas, sin embargo su individualidad y carácter propio son evidentes aún desde sus primeros días de vida. Los dos gemelos tienen su personalidad y temperamentos propios, su alma y espíritu únicos.

La clonación humana se ha relacionado con la eugenesia («mejoramiento genético de la especie humana»), lo que le ha conferido un estigma notorio, dejándola bajo la atenta mirada de las ciencias jurídicas y de la ética, las cuales han condenado fuertemente los experimentos eugenésicos registrados en la historia reciente, y hacen lo propio con la clonación reproductiva.

Un interesante trabajo que aborda esta problemática fue publicado por Costa (2005), quien cuestiona el sujeto sobre el cual interviene la clonación humana. A continuación, un breve resumen de los aspectos más importantes.

Criterios de juicio: «Se interviene sobre un embrión humano, no sobre «algo», no sólo sobre un material biológico, sino sobre «alguien», igual a cualquiera de nosotros»; «Debe ser tratado como fin en sí mismo (el embrión) y nunca como un mero medio para los fines de otras personas».

Clonación reproductiva humana: «Se interviene sobre el embrión sin finalidad terapéutica, atentando contra su vida y su integridad, de manera voluntaria y evitable»; «Se busca y se quiere al «hijo» producido por clonación no por sí mismo sino como medio, como un bien útil o un bien de consumo para satisfacer los deseos de los progenitores. La «eugenesia positiva» es contraria a la dignidad humana»; «No respeta el derecho de todo ser humano a la unicidad biológica, a la diversidad y la singularidad»; «Es la forma más esclavizante de manipulación genética, porque no busca modificar, sino fijar unas características genéticas»; «No respeta el derecho de ser traído a la existencia en el matrimonio y a nacer y crecer en relación y referencia a los padres verdaderos».

La paternidad-maternidad en la clonación humana: «La participación del hombre y la mujer en la procreación se convierte en un hecho marginal, y quedan reducidos sólo a proveedores de material genético», «Se produce una instrumentalización radical de la mujer, quedando reducida a algunas de sus funciones puramente biológicas (proveedora de óvulos, de útero de alquiler)».

Clonación, ovnis y sectas

Una nueva secta originaria de Canadá se ha inspirado en la clonación para darle curso a desviaciones filosóficas y religiosas; se trata de «los Raelianos». Fundada por su líder Räel, cuyo nombre significaría «dios que trae la luz» (Ra = luz y El = dios, abreviado de Elohim). Los dioses extraterrestres (elohim) habrían invitado a Räel a su nave espacial, en donde le ordenaron que confiriera a sus seguidores el don de la eternidad (Graef 2004). Producto de que los dioses eran del siglo XXI, decidieron que este paso a la eternidad se hiciese por clonación. De esta manera se solucionaba la eternidad física. Además, la secta asegura que pronto podrá transferir la memoria del donante a su clon (por cierto que no existe científico en el mundo que sepa cómo se configura la memoria en forma física).

En diciembre del 2002, la Dra. Briggitte Boisselier, directora de la compañía «Clonaid» y obispo de la secta los Raelianos, entregó una impactante noticia al señalar que había nacido el primer bebé por clonación. Una niña a la que habrían llamado Eva, clonada a partir de células de una mujer norteamericana de 31 años a la que a continuación se le implantó el embrión para que lo gestara. Posteriormente, ha habido otros anuncios de clonación humana en Corea del Sur e Italia. La negativa de todos estos clonadotes de someter a sus niños clonados a un estudio de ADN para comprobar si realmente ha habido clonación, indica que nos hallamos ante una falsedad. El mundo científico, político y religioso ha exigido estas pruebas, que obviamente no pueden dar porque no ha ocurrido clonación humana (todavía).

Clonación divina

El libro de Génesis relata una forma de reproducción particular que utilizó Dios sobre el cuerpo de Adán para formar a Eva en el inicio de la especie humana: «Entonces Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras este dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Será llamada «Mujer» porque del hombre fue tomada» (Génesis 2:21-23).

En más de alguna ocasión ya sea en el colegio o en la universidad habremos escuchado burlas acerca de lo absurdo de estos pasajes del Génesis y de lo ridículo que sería aquél que aceptase que a partir de un pedazo de hueso se pudiera formar un ser humano. Pero muchos de aquellos que se han burlado, hoy se sienten maravillados ante el descubrimiento científico de formar a un organismo a partir de una célula madre o de alguna célula somática fusionada con un ovocito enucleado. No obstante, pocos se darán el trabajo de reconocer que ésta fue la forma (no sexual) que utilizó el Creador del hombre para producir la primera reproducción humana, cuando sólo había un hombre sobre la tierra sin una pareja para procrear. De modo que quienes se burlaban ya no tienen argumento para reírse de la afirmación bíblica.

Pero algunos pueden pasar al escepticismo y plantear que tal vez los escritos del Génesis son recientes y están acomodados a los hallazgos de la ciencia. Este es el argumento utilizado para desconocer muchas profecías, afirmando que éstas se habrían escrito después de los hechos que ellas señalan. Pero entonces la cura para este escepticismo será acudir a las pruebas arqueológicas, las cuales nos aportan los manuscritos antiguos, fechados como tales científicamente. Allí aparece el mismo relato en donde el Señor toma una parte del sistema óseo de Adán para formar a Eva, y posteriormente Adán dirá que la mujer formada tiene la misma composición que él («carne de mi carne, hueso de mis huesos»).

Lo interesante de esto es que en el hebreo original, la palabra «hueso» aparece como «sustancia». Por tanto, al reemplazar la frase queda como «sustancia de mi sustancia»; o, como debiéramos decirlo hoy en la terminología de la biología reproductiva asexual, una copia idéntica entre organismos, un perfecto clon.

Las «células troncales» o «células madre» pueden ser encontradas principalmente en dos partes del cuerpo: en el cordón umbilical del recién nacido y en la médula ósea de huesos largos y costillas. Conocimiento científico que respalda absolutamente lo señalado en la Escritura Sagrada hace más de 4000 años, cuando nadie había visto y ni tan siquiera imaginaba que nos componíamos de células, y que de sólo algunas de ellas se pueden obtener células madre o troncales, capaces de formar un individuo entero. Evidencias más que contundentes para que la risa y el escepticismo den paso a un mayor reconocimiento de lo escrito, no solamente en el Génesis, sino en toda la Biblia.

Las células troncales capaces de llegar a producir un organismo completo por medio de la clonación no es una técnica nueva que pueda ser adjudicada como un descubrimiento original de la ciencia, sino que fue utilizada a la perfección por el Creador para formar una pareja a partir del único hombre que Él había creado. No creó a Eva de la misma forma que a Adán sino que la hizo a partir del propio Adán. Esto, para que no fuese una criatura con una constitución distinta, sino para que tuviese su misma sustancia y llegasen a ser una «sola carne» una vez que se hubiesen unido en matrimonio, y a partir de allí se concibieran hijos en pareja, de la manera que conocemos se ha reproducido la especie humana hasta hoy.

Sin duda, el ser humano seguirá jugando a ser dios, ayudado de la ciencia y la tecnología, y con ello podrá producir importantes beneficios para su especie, pero también insospechados daños. De momento, la clonación reproductiva en humanos atenta contra el carácter sagrado de la vida humana y también contra el propósito divino de la procreación, estructurado sólo en el ámbito de la familia. Pero la familia es una institución que está perdiendo cada vez más su fuerza estructural, en donde la clonación reproductiva viene a ser sólo un elemento colaborador más.

Bibliografía

Campbell N. M Lawrence & J. Reece. 2000. Biología, Conceptos y relaciones. 3ª Edición. Pearson Educación, 896 pp.
Costa J. 2005. Ética de la vida y de la salud. Cuestiones de Bioética. 133 pp.
Graef C. 2004. Nuevos movimientos religiosos y clonación, la oferta de clonaid. Universitat Autónoma de Barcelona.
Reina Valera. 1995. Santa Biblia.
Wilmut I., K. Campbell & C. Tiedge. 2000. La segunda creación, Ediciones Barcelona.
Wilmut I., A. Schnieke, J. McWhir, A. Kind & K. Campbell. 1977. Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells. Nature, Vol. 385, pp. 810-813.