Claves para el estudio de la Palabra.

Palabra clave: Aguardando / Versículo clave: 1a Tes. 1:10; 2a Tes. 3:5

Ambas epístolas tratan de la segunda venida del Señor y sus antecedentes y consecuencias. Ellas censuran el materialismo tesalónico, que estaba inscrito en los sepulcros: “La muerte es un sueño eterno”, y corrigen errores en cuanto a los santos que murieron, y en relación al hombre de iniquidad. Dos aspectos de la segunda venida de Cristo son claramente presentados: en el primero, él viene con la trompeta de Dios para resucitar a los muertos en Cristo y arrebatar a los santos que estuvieren vivos; en el segundo, él viene con los ángeles de su poder, ejerciendo venganza contra sus enemigos.

Tesalónica es una ciudad histórica, la más populosa de Macedonia en el primer siglo, antes de la fundación de Constantinopla, metrópoli virtual de Grecia e Ilírico. Aún hoy, es la segunda ciudad en la Turquía Europea. Fue uno de los dos puntos de difusión del evangelio, y como tal, se hizo más notable que Antioquía. El tercer siglo fue su edad heroica, y ella fue el baluarte de la fe medieval.

En aquel tiempo, Grecia se dividía en dos provincias: Macedonia y Acaya. La capital de la primera era Tesalóni-ca; de la segunda, Corinto. Tesalónica era un centro influyente, poseía un excelente embarcadero, y se conectaba con Asia al este, y con el Adriático e Italia, al oeste.

En su ida a Grecia, durante su segundo viaje misionero, Pablo predicó allí por primera vez; pero fue expulsado y siguió viaje a Berea.

Ambas epístolas presentan la verdadera fe en oposición al error doctrinario y práctico. En la primera epístola, Pablo elogia a los tesalonicenses por el ejemplo que, en sí mismo, demostraba la más alta evidencia de cristianismo; hace mención de su propia autoridad apostólica y afecto, afirma la muerte de Cristo, su resurrección y segunda venida, y la resurrección de los muertos en Cristo.

En la segunda epístola, Pablo muestra que la presencia del hombre de iniquidad debe preceder a la manifestación de Cristo, que es la señal de su completa derrota (2a Tes. 2:8).

En ninguna otra epístola, la venida de Cristo está tan fuertemente asociada con la «paciencia de la esperanza». Los santos deben estar en constante actitud de vigilancia, esperando este evento siempre inminente, es decir, posible de ocurrir en cualquier momento.

Por tanto, los santos deben «esperar desde los cielos a su Hijo» (1:10), como aquellos que son llamados «a su reino y gloria» (2:12), y que deben ser la gloria y el gozo del apóstol, en Su venida (2:19).

Ellos deben ser hallados irrepren-sibles, en santidad, en la venida del Señor con todos sus santos (3:13). No deben entristecerse como los otros que no tienen esperanza, por causa de los muertos en Cristo, que duermen con Jesús y vendrán con él (4:14), etc.

Ambas cartas contienen veinte referencias distintas con respecto a la segunda venida, usadas como consuelo en la pérdida, motivo para la paciencia, inspiración para la esperanza, seguridad en la tentación, estímulo para la pureza, razón para el regocijo, poder separador y santificador.

Divisiones:

En la primera epístola, los tres primeros capítulos son personales e históricos; los dos últimos, didácticos y exhortativos.

En la segunda, el primer capítulo presenta consolación en la persecución; el segundo (1-12) la consumación del mal, y en el versículo 13 comienzan las exhortaciones finales.