Había empezado una época difícil para la señora Linner. Tras la muerte de su marido, se encontró en serios apuros. Ya había tenido que vender a un anticuario unos muebles de estilo y unas valiosas joyas y hoy le había tenido que dar su Biblia, un ejemplar primorosamente encuadernado en piel, que había recibido como herencia de sus padres.

Anteriormente, se había gozado en la lectura de la Palabra de Dios, sacando de ella las fuerzas necesarias, pero ahora no la leía.

Ahora está sola, meditabunda, no deja de dar vuelta a sus pensamientos. ¿No había cometido un gran error empeñando este precioso libro? Está agitada. Comprueba que sus niños se han acostado y duermen apaciblemente.

Entonces, se viste de repente, cierra el portón y va a casa del anticuario para intentar recuperar su Biblia. Antes de llamar, echa una mirada por la ventana, y ¿qué es lo que ve? Cuatro hombres están alrededor de una mesa y Levi, el anticuario, está leyendo un libro que ella reconoce en seguida: es su Biblia. Parece que los cuatro hombres están burlándose otra vez de las «fábulas» del viejo libro.

Pero, poco a poco, se hace un gran silencio: Levi está leyendo un pasaje referente a la Pasión. La agonía de Jesús en Getsemaní le oprime la garganta. Está tan conmovido que empieza a llorar.

Silenciosamente, sin despedirse, sus amigos se marchan.

¿Y la señora Linner?

No puede aguantar que se burlaran de su Biblia. Sus ojos se llenaron de lágrimas; su conciencia la acusa. Ahora, al oír nuevamente todo lo que padeció su Salvador por amor a ella, vuelve a casa y doblando sus rodillas en oración, confiesa a su Señor y Redentor que le había olvidado.

Al amanecer, la paz y la certidumbre han vuelto a su corazón. Sabe que toda su deuda está saldada y que puede andar nuevamente con gozo en pos de su Salvador.

Rápidamente, va a casa de Levi para recuperar el precioso volumen tanto tiempo descuidado. Pero, al entrar, se extraña de encontrar al anticuario en el mismo sitio, ante la Biblia abierta. No pudo separarse del libro divino. Siguió leyendo acerca del Cordero de Dios, vio cuanto padeció y como exclamó en la cruz: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Ha leído también el conocido capítulo 53 de Isaías : «…Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados».

Levi se entristece mucho, por cuanto le mataron, siendo inocente, y recuerda como él mismo se había burlado de Jesús esta misma noche. Así exclamó: «Oh Jesús de Nazaret, ¿eres tu verdaderamente nuestro Mesías, el CRISTO prometido por Dios?».

Así le encuentra la señora Linner. Atónita, ella se para en la puerta abierta, y Levi le dice: “Señora, acabo de hallar en su libro un tesoro mayor que el mundo entero”. Gozosa, ella puede contar al anticuario como, la noche anterior ella pasó también de las tinieblas a la luz.

Sobra decir que la señora Linner recobró su Biblia y que Levi se compró una nueva. Poco tiempo después, su misma mujer halló la paz por la sangre de Cristo y ambos esposos se bautizaron.

Esta historia auténtica nos fue contada por Jacob Ernst Hausmeister, misionero cristiano a los judíos, en Estrasburgo (Francia), poco antes de descansar en el Señor.

Tomado de: Anécdotas sobre la Biblia en
http://perso.wanadoo.es/manantialdevida/Biblia/Anecdotas/texto.htm