Lecciones básicas sobre la vida cristiana práctica.

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”.

Colosenses 3:2-3.

 

El ascetismo no se encuentra en el cristianismo

Cuando alguien ha creído en el Señor, puede inconscientemente llevar la idea del ascetismo a la iglesia. En el pasado, aunque no lo hubiera practicado, él admiraba a los ascetas. Sin embargo, al mismo tiempo, el incrédulo era también materialista. Así que ahora le es fácil llevar al cristianismo su admiración por el ascetismo, pensando que ahora realmente lo practicará.

  1. Despreciar las cosas materiales y suprimir las pasiones

¿Qué se entiende realmente por ascetismo? Para muchas personas, el ascetismo significa la prohibición de las cosas materiales. Cuantas menos cosas materiales posean, mejores serán. Esto se debe a que temen que estas cosas externas acrecienten sus pasiones y deseos.

La persona ascética reconoce que dentro del hombre hay lascivias y pasiones. Él capta que, desde la lujuria por la comida hasta la lujuria por el sexo, todo tipo de concupiscencia es inherente al hombre. La sensualidad es compartida y consentida por la gente del mundo. Si alguien desea ser un hombre santo, debe vencer estos deseos y pasiones. Por lo tanto, el ascetismo desprecia las cosas materiales exteriores y reprime las interiores como las lascivias y las pasiones.

  1. No es defendido por el cristianismo

Los nuevos creyentes deben saber que la fe cristiana no apoya el ascetismo. Cuán superficial sería la fe si esto fuera lo que ella representa.

Al estudiar un poco más la Biblia, podemos ver que realmente el ascetismo no es nada más que un intento de reprimirse en la comida y la bebida, en la lujuria y las pasiones, y en otras cosas materiales. Esto no es fe cristiana ni es la vida cristiana ideal. De hecho, la Biblia nunca respalda el ascetismo.

Muertos a las filosofías del mundo

«Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne» (Col. 2:20-23). «Rudimentos» en el versículo 20 debe traducirse como «filosofías».

  1. Muertos juntamente con Cristo

Cuando Pablo escribe a los creyentes en Colosas: «sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él», toma esto como un hecho cristiano fundamental. Nosotros, que somos cristianos, hemos muerto con Cristo. Todo el Nuevo Testamento nos muestra que cada cristiano ha muerto con Cristo. Romanos 6 nos informa que «nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él» (v. 6). Gálatas 2 afirma categóricamente: «Con Cristo estoy juntamente crucificado» (v. 20).

La misma carta afirma que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos» (5:24). La Biblia nos enseña que los cristianos fuimos crucificados con Cristo. En otras palabras, la cruz del Calvario, la cruz de Cristo, es la cruz del creyente. El punto de partida para un cristiano es la cruz, no solo la cruz de Cristo, sino también nuestra propia cruz. Al recibir a Cristo, su cruz se convierte en nuestra cruz. Aquel que no ha aceptado el hecho de la cruz no es cristiano. Para aquel que se ha convertido en cristiano, la cruz de Cristo también se ha convertido en un hecho, es decir, él ha muerto en Cristo.

  1. No a la filosofía del mundo

«Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos (filosofía) del mundo…» (Col. 2:20). Nadie que esté en la tumba puede ser un filósofo. Si alguien desea hablar de filosofía, debe hacerlo mientras vive. Para nosotros, sin embargo, la filosofía ya está muerta en la cruz. Este asunto ya ha sido totalmente resuelto, porque la filosofía del mundo enseña que la santidad puede alcanzarse abandonando las cosas materiales y suprimiendo los deseos y pasiones interiores.

Pablo, sin embargo, dice que, si has muerto con Cristo a la filosofía del mundo, ya no estás involucrado con tal jerga filosófica.

  1. Como si no estuviéramos viviendo en el mundo

«Si habéis muerto con Cristo en cuanto a la filosofía del mundo», pregunta Pablo, «¿por qué actuáis como si vivieseis en el mundo?». Si la muerte es un hecho, no puedes vivir como la gente del mundo. La posición básica de un cristiano es la muerte.

Pregúntele a un nuevo creyente por qué fue bautizado, si no fuera porque él ha muerto. El hombre debe morir antes de ser enterrado; si no, sería enterrado vivo. Alguien es bautizado porque ha sido crucificado con Cristo; por lo tanto, está sepultado. La muerte juntamente con Cristo ya es un hecho. El Señor ya ha incluido al nuevo creyente en Su muerte; ahora, como se declara en el bautismo, el creyente ve que él está muerto, y entonces acepta ser enterrado. Entonces, habiendo creído y sido bautizado, habiendo muerto y sido enterrado, ¿cómo podría volver a ser como si viviera en el mundo?

A través de Pablo, vemos que aquellos que practican el ascetismo aún viven en el mundo. Por lo tanto, él nos dice: «Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques?» (Col. 2:20-21).

Según la enseñanza ascética, hay cosas que no deben probarse ni comerse, manipularse o incluso tocarse. Tales ordenanzas se originan en el temor de las pasiones carnales del hombre.

En el tiempo en que Pablo escribió, el ascetismo estaba floreciendo en Colosas. Muchas ordenanzas eran practicadas por los colosenses. Para que no se despertaran sus deseos, prohibieron el uso de todas las cosas que pudieran incitar a las pasiones. Había cosas que ellos no debían manejar, otras que no debían tocar, otras que no podían saborear y otras que no podían oír.

Por medio de estas estrictas ordenanzas esperaban mantener las cosas materiales separadas de las pasiones y los deseos. La idea de aquellos días era que mediante tal separación se controlaba la lujuria.

Pablo, sin embargo, les reprocha que estar sujetos a tales ordenanzas significa no creer en el hecho de haber sido crucificados con Cristo. Si crees que has muerto, ¿deberías tener tales prohibiciones? El ascetismo tiene derecho solo sobre los vivos, no sobre los muertos.

Recuerda, «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos» (Gál. 5:24). Si te unes al concepto humano de huir de la materia y el deseo, no estás parado en terreno cristiano; no has conquistado el terreno de la muerte. Nadie puede ser un cristiano sin muerte, sin haber muerto con Cristo. No nos equivoquemos en este punto.

  1. No a los preceptos y doctrinas de los hombres

Todas estas ordenanzas, todos estos requisitos ascéticos, solo siguen los preceptos de los hombres; son un producto de la mente humana. Son del hombre y no están relacionados con Cristo y su iglesia. La gente puede decir: «No debería comer esto, no debería tocar aquello». Pero recordemos, estos son los mandamientos de hombres, enseñanzas de hombres. Ellos no son de Dios.

La conclusión de Pablo, afirmando categóricamente que estos son mandamientos y enseñanzas de hombres, es seria. Su conclusión es que el ideal de vida del hombre, al estar construido sobre conceptos y ordenanzas humanas, no tiene ninguna relación con Dios.

Sorprendentemente, el mundo disfruta del ascetismo – parece noble que alguien no coma y beba como lo hace la gente común. Tal persona debe purificarse para estar libre de las cosas materiales que enredan a otros. Pero el ascetismo es religión natural, no fe cristiana revelada. La religión natural sigue los preceptos y doctrinas de los hombres en los que no hay ni luz ni revelación, solo la reacción humana contra la pasión y los deseos carnales. De hecho, el ascetismo muestra cuán profundamente el hombre sabe que sus pasiones y lujurias son contaminantes.

  1. El ascetismo es inoperante

¿Cómo juzga Pablo la efectividad del ascetismo? Son «cosas que todas se destruyen con el uso» (Col. 2:22). El ascetismo es un tema agradable de oír, y suena bien como una filosofía de la cual se puede hablar. Pero si intentas usarlo, es como un automóvil que se ve bien en el lugar de estacionamiento, pero siempre se detiene en la calle. O se puede comparar con un vestido que luce hermoso en el armario, pero aparece lleno de agujeros cuando alguien se lo pone. Si pruebas el ascetismo, verás que no puede ayudarte a evitar tus malvados deseos y pasiones.

  1. Buscar las cosas de arriba

«Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (Col.3:1-3).

Pablo comienza con la cruz y concluye con la resurrección. Ya que somos un pueblo celestial, no debemos preocuparnos por las cosas terrenales. Si enfatizamos estas cosas (no tocar, no gustar), aún estamos pensando en lo terrenal. Pero hemos resucitado, y como tales debemos buscar las cosas de arriba. Al ocuparnos de las cosas celestiales, los problemas terrenales se resolverán solos. Pensemos, pues, como cristianos, en las cosas celestiales, y no en cosas tales como no gustar, no tocar y no manejar.

  1. No abstinencia, sino trascendencia

La palabra en 1 Corintios 7 es muy especial: «Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa» (v. 29-31). Tal es un cristiano; dado que el Señor que mora en él es tan grande, las cosas externas ya no importan.

Aun aquellos que más practican el ascetismo son a veces los más llenos de deseos y pasiones. Solo quien está lleno de Cristo está libre de este problema. Su vida no es abstinencia, sino trascendencia.

Traducido de «Spiritual Excercise», 39.