«Porque por la fe estáis firmes … Porque por fe andamos, no por vista … Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe».

– 2 Cor. 1:24, 5:7, 13:5.

La segunda carta a los corintios es la epístola más íntima que Pablo escribió. En ella el apóstol nos abre su corazón para mostrarnos sus debilidades, sus luchas y angustias. Y es en ella donde vuelve a brillar la fe, con nuevos destellos. Los tres versículos que hemos citado, tomados de esta carta, dan una idea bastante exacta de lo que fue la vida de Pablo como hombre de fe.

«Por la fe estáis firmes». Siendo la fe, humanamente hablando, algo impalpable, no hay razón humana que nos lleve a pensar que pueda otorgar firmeza alguna. Sin embargo, el evangelio que es recibido por fe otorga a los creyentes la firmeza por esa misma fe. Cuando creemos, nuestra mano se extiende hacia Dios para tomar la mano de su gracia que se extiende para sostenernos. Al tomar la mano de Dios conocemos la mayor de las firmezas.

Dios se goza en salvar a los creyentes por medio de la fe. «Bienaventurados los que no vieron, y creyeron», dijo el Señor a Tomás. «Por la fe (Moisés) se sostuvo como viendo al Invisible» (Heb. 11:27), cuando los carros de Faraón le pisaban los talones.

«Porque por fe andamos, no por vista». Tal como Pedro caminó sobre las aguas mientras creyó las palabras del Señor, así nosotros caminamos firmes sobre las aguas de este mundo embravecido, tan hostil a la fe.

Cuando Pablo y Silas estaban en la cárcel de Filipos, ellos cantaban himnos a Dios, llenos de gozo (Hch. 16:25). ¿Por qué? Porque Dios les había hablado, a través de la visión del varón macedonio, que fueran allí. Ellos tenían la palabra de Dios; no importaba, pues, que las circunstancias allí fueran desfavorables. Apenas entraron en esa provincia (Hch. 16:12), fueron encarcelados. Las cosas parecían ir mal, pero no era así. Su encarcelamiento fue la ocasión que Dios usó para mostrar su gloria, pues vino el terremoto y luego la salvación del carcelero con toda su casa.

Pablo y Silas cantaban en medio del dolor, en aquella antesala de las maravillas de Dios. Ellos cantaban por fe en lo invisible, cuando lo visible eran las heridas y el dolor producidos por los azotes. Pero ellos andaban por fe.

«Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe». La exhortación final de Pablo es a examinarnos si estamos en la fe. Porque bien pudiera suceder que estemos andando por vista, atendiendo a las circunstancias y no a Dios. Si andamos por vista, entonces no cantemos, sino lloremos, pues estamos en la cárcel. Todo lo que vemos nos invita a llorar; pero si andamos por fe, podemos cantar, porque muy pronto vendrá la salvación de Dios.

Los gálatas –bien lo sabemos– habían caído de la fe a las obras. Y ello les valió una severa reprensión de parte del apóstol. La existencia de esa epístola en la Biblia nos advierte de nuestra debilidad y propensión a seguir un camino diferente al de la fe. Examinémonos: ¿A qué o a quién estamos mirando y en quién estamos confiando?