Una revista para todo cristiano · Nº 60 · Noviembre - Diciembre 2009 |
La centralidad de Cristo en la hora presente En esta edición hemos querido, una vez más, atender el asunto central de toda la vida y obra cristiana: la centralidad de Cristo. El apóstol Pablo nos dice en Efesios 1:9-10 que el misterio de la voluntad de Dios es hacer de Cristo centro y cabeza de todas las cosas. Y que, en consecuencia, todo el quehacer de Dios a través de las edades propende hacia este fin. Nada puede ser más alto, ni más supremo; pues, en el pensamiento de Dios nada puede ocurrir o existir aparte de su Hijo. Todo ha sido reunido en él. Conocer este hecho, es sin duda, nuestra mayor necesidad. En nuestros días se ha vuelto un lugar común colocar al hombre, con sus necesidades y demandas, en el centro de todo. Vivimos en una era enfermizamente humanista, donde incluso el cristianismo ha sido reducido, por algunos, a una suerte de pálida religión de autoayuda, superación personal y progreso material. ¡Dios ha sido puesto al servicio de los hombres! Por ello, hemos de recuperar el énfasis central, esencial, de la proclamación apostólica: predicar y enseñar a Jesucristo. Porque nada que sea menos que esto llenará la necesidad de la hora presente. La oscuridad moral, en inversa proporción al desarrollo científico y tecnológico, avanza como una marea incontenible y amenaza con anegar nuestras naciones. Cuánto más grande, central y supremo sea él en nuestros corazones, vida y actividad, mayor será la luz que mostraremos a los hombres de este mundo. Sólo Cristo llenará la necesidad de esta hora oscura. Creemos que nunca podremos enfatizar demasiado este asunto. Hoy como en el principio sigue siendo la cuestión vital. Por esta razón, en la perspectiva de diversos autores, del presente y del pasado, hemos querido revisar una vez más esto –la supremacía y centralidad de Cristo–, con el deseo y la oración de que nuestros ojos se abran para ver al Señor, alto y sublime, que todo lo llena en todo con la inefable gloria de su gracia y majestad. ¡Que el bendito Espíritu Santo siga tomando de lo Suyo y haciéndolo saber a nuestros corazones! Secciones Fijas EQUIPO
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