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Una revista para todo cristiano · Nº 44 · Marzo - Abril 2007
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Los libros de restauración –Daniel, Esdras, Nehemías y Ester– presentan un cuadro muy real de nuestro tiempo.

El tiempo en que vivimos

T. Austin-Sparks

Lectura: Esdras 8.

El terreno en el cual nosotros estamos es muchísimo más positivo en el tiempo presente que el que disfrutaron los santos del Antiguo Testamento, porque nosotros miramos atrás, al logro victorioso del Calvario. Sin embargo, la posición y la condición del Antiguo Testamento es también un cuadro real de nuestro propio tiempo y condición espiritual; estoy pensando en términos de libros de la Biblia y no de versículos.

Los libros de Daniel, Esdras, Nehemías y Ester tienen que decirnos al respecto. Estoy convencido de que estamos viviendo en un tiempo representado por estos libros, y en ese sentido estamos viviendo tiempos bíblicos, de manera que estos libros son muy actuales, y tienen hoy un significado permanente.

No puedo pensar que el Señor nos haya dado meramente una colección de libros de historia sobre cosas que pasaron hace siglos sin un valor real para nosotros. Su Palabra dice: «Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron» (Rom. 15:4), de manera que Dios nos quiere decir algo a través de ellos.

El primer factor: la cautividad espiritual

Veamos lo que estos libros representan, y cómo ellos tocan nuestro tiempo. Hay factores comunes en ellos. Primero, su fondo histórico general – el pueblo de Dios en cautividad en Caldea, como resultado de una crisis espiritual.

Sin adentrarnos en lo que Babilonia y Caldea pueden significar, damos por sentado el hecho de que, cuando el testimonio de Dios se desmorona en su pueblo, viene un estado de cautividad espiritual, y espiritualmente ellos quedan fuera del lugar donde se asienta el testimonio de Dios.

Ellos estaban en un terreno, en un orden de cosas, con respecto al culto, exteriormente ordenado por hombres, pero detrás de aquello estaba la mano de Satanás como el dios de este siglo. Babilonia representa el dominio de un orden religioso establecido por el hombre, un orden terrenal de cosas, en el ámbito del culto gobernado por el dios de este siglo a través del hombre. Pero en medio de esas condiciones estaban los que aún seguían al Señor, representando algo que no estaba comprometido con ese estado; ellos estaban descontentos e interiormente resistían a aquéllos.

La carga del corazón

Estos cuatro libros representan eso; y en cada caso encontramos al vaso mencionado bajo una gran carga acerca del testimonio del Señor, sus intereses, su nombre, y su pueblo por causa de ese Nombre. Ese es el segundo factor común.

Detengámonos aquí, porque es aquí donde empieza ese ministerio.

En general hoy, el pensamiento y la concepción plena del Señor no es la cosa general hallada entre su pueblo. El testimonio del Señor ha sido quebrado grandemente, y la gran multitud llamada por Su Nombre es gobernada, manipulada y controlada por algo que es religiosamente de la tierra y no de los cielos, del hombre y no del Espíritu Santo; y es necesario ver la imposibilidad de aceptar ese estado de cosas.

Una cosa es reconocer esto, y realmente otra es estar asociados con el mover del Señor para recuperar para sí mismo aquello que está en Sus propósitos. Uno puede ocuparse todo el tiempo con el mal estado de las cosas, lamentarse, hacer a las personas sentirse miserables, y aun así no lograr nada. Eso no es suficiente. Yo creo que había muchos en Caldea que lamentaban las cosas y hablaban de ‘los buenos días de antes’. Es bastante fácil hacer eso, y en cierto sentido es descontento religioso; pero eso no produce fruto en el movimiento de recuperación del Señor. El Señor actuaría en relación a esta situación, y él está obrando. Esdras se inicia con la actividad soberana de Dios (capítulo 1:1). Dios no sólo actúa desde el exterior, no sólo soberanamente, sino que hay algo que lo precede, que hace posible su actividad, que introduce la soberanía de Dios.

Todos estos que representan Su vaso para tratar con la situación, eran hombres que tenían una gran carga en relación a los hechos, y ellos no son usados por Dios en una situación así a menos que tengan dicha carga.

Vemos a Esdras derramándose delante de Dios de tal manera que las personas se reunieron en torno suyo y, cuando vieron su desesperada preocupación por el estado de cosas, fueron conmovidos tan tremendamente que no había él terminado de orar, cuando vinieron a él y procuraron enmendar rumbo. Así vemos a Esdras, lejos de Jerusalén, con una gran carga por el testimonio del Señor.

Nehemías, allá en Babilonia, es mostrado con una carga similar. Porque, habiendo preguntado a Hanani y a sus amigos acerca de su estada en Jerusalén, y oyendo de ellos un informe deplorable, esto lo cargó tanto que su semblante se demudó, y él, sabiendo que su vida corría peligro, fue ante el rey con una cara triste –porque era prohibido ir ante el rey con tal semblante– pues él no podía ocultar la aflicción de su corazón por los intereses y el testimonio del Señor, en relación al pueblo llamado por Su nombre.

Ester, otro vaso escogido por el Señor, es presentada igualmente entregando su vida por la vida de su pueblo – esta gente cuya vida representa los intereses y el testimonio de Dios sobre la tierra. Esta es la manera en que Dios nos hace asumir Su preocupación por sus intereses en la tierra.

Daniel también es un hombre con una carga, orando tres veces al día. Y durante tres semanas enteras, ¡qué oración hace, moviendo el cielo y la tierra! Él es un hombre con una carga; y allí es donde el ministerio real empieza. Dios se procura un vaso, un instrumento traído en tan estrecha comunión con él, que las condiciones de ruina y fracaso imperantes se vuelven un sufrimiento agudo, una agonía.

Pablo supo algo de ese «sufrir por causa de Su cuerpo ... completando lo que falta de los padecimientos de Cristo». ¡Nosotros debemos enfrentar eso! La actitud que va a contar para Dios es el compartir Su preocupación.

Hay todo un romanticismo de la obra cristiana, pero todo el entusiasmo y el interés de la actividad cristiana organizada es mero encanto. Lo que cuenta no es lo que nosotros somos delante de los hombres en esta materia, sino lo que somos ante Dios en el cuarto secreto, teniendo aflicción de corazón por Su testimonio. ¿Tienes una carga, una pasión? ¿Es para ti una angustia la crisis del testimonio del Señor en la tierra entre aquellos que invocan Su nombre?

Nunca lograremos nada hasta que hagamos nuestro Su sentir. El servicio, en su valor real, permanente, eterno, dependerá de la medida en que la carga entra en nosotros. Éste es un día para asumirla: si es un esfuerzo para los inconversos o para el pueblo del Señor, cada verdadera actividad espiritual nace del esfuerzo, y aquéllos que han sido más usados por Dios en cada época han sido hombres y mujeres que tenían esta carga en su alma, en su vida íntima con Dios. ¿La tienes tú? Quizás digas ‘No’. Entonces pídele al Señor que te introduzca en Su preocupación, derrámate delante de él para ser traído a Su carga durante el tiempo en que tú vivas.

Todo esto representa a aquéllos que toman en sus corazones una carga que los lleva a un punto donde sus intereses han pasado a segundo plano. Ellos toman su vida en sus manos, y sostienen todo respecto al propio interés y testimonio del Señor, dejándolo todo por Dios. Ésta se vuelve una carga del corazón para ser llevada todo el tiempo, no meramente como una carga del ministerio. ¡Oh, que el Señor ponga esta carga dentro de nosotros, para que dondequiera que estemos, no podamos permanecer ociosos! Esto es necesario en todo servicio real. No que nosotros estemos siempre dando la impresión de ser desdichados. Había una confianza y una fe que creaba en estos siervos de Dios una extraña y muy real paradoja – «como entristecidos, mas siempre gozosos» (2ª Cor. 6:10).

Amados, ése será uno de los factores liberadores en cualquier vida. El camino de la liberación de sí mismo y de la introspección es tener participación en la carga del Señor. La liberación de sí mismo viene aparejada a la acción de involucrarse en los intereses del Señor. Tú puedes llegar a estar atado con tus propios problemas espirituales, y la manera de liberarte es tener la carga de todo el pueblo de Dios en tu corazón. Eso crea el ministerio, que significa fuerza, que significa oración. Tener una carga del Señor nos emancipa. ¿La tienes tú, o estás envuelto con las cosas, jugando con guijarros en la playa, en lugar de salir fuera, a lo profundo de Dios en su gran tarea? ¿Estás simplemente interesado o desesperadamente involucrado; simplemente teniendo un buen pasar, o realmente llevando encendido tu corazón con las necesidades del pueblo de Dios? ¿Estás verdaderamente allí?

La gran necesidad del Señor: un instrumento

El Señor debe tener un instrumento, un instrumento como Daniel, sea personal o colectivo, que se mueva hacia él a favor de su testimonio. Debe tener un Nehemías, con un corazón afligido por Su pueblo, a causa de la crisis del testimonio. Debe tener un Esdras, que en ningún momento se compromete con lo que es contrario a la mente de Dios. Debe tener un instrumento como Ester, que desecha todo temor, y va, tomando su vida en sus manos, a sitiar el trono por la vida de su pueblo, para la liberación del pueblo de Dios de la amenaza del enemigo. ¡Oh, lo que forjaron esas oraciones! Y, amados, si queremos ser instrumentos eficaces para el Señor en su obra del fin de los tiempos, la carga del Señor debe entrar en nuestro corazón de esa manera; debemos ser ejercitados de una manera muy profunda en los intereses de Dios. No debemos reservarnos nada de lo que contará para el Señor y sus intereses. ¡Te sorprenderías al ver cómo pasaría el Señor si tú le das una oportunidad!

Todo empieza con un reconocimiento de la necesidad y la carga de estas cosas en nuestros corazones. Cuando realmente estemos en ello por el impulso del Espíritu Santo, se hallarán, encarnados en nosotros, los rasgos comunes encontrados en estos instrumentos del Antiguo Testamento; y nosotros seremos hallados como un pueblo consagrado hacia esta única cosa: la carga del Señor y la preocupación de corazón por Su testimonio en Su pueblo.

Segundo factor: La oposición del enemigo

Luego, cuando asumes la carga, encuentras que estás en un ambiente de oposición, y que realmente estás en una batalla. Ese es otro rasgo común en estos libros; cada uno de ellos representa una situación de terrible oposición y antagonismo, todos combinados para detener la obra. Esdras – «Ahora nuestros enemigos». Y no estás lejos de Ester cuando descubres que estás en medio de un conflicto. ¿Y qué sobre Daniel? ¡El foso de los leones era para orar!

Si nosotros vamos a permanecer con Dios en aquello que representa totalmente su propósito, tendremos que enfrentarnos al más feroz antagonismo, conflicto y presión, en todo momento; el enemigo no va a pasar por alto ningún método para frustrarlo todo. ¿Por qué tanto antagonismo? ¿Por qué tanta presión? Cada vez que sucede algo que cuenta para Dios en relación a su propósito para el tiempo del fin, allí está, lo encontrarás todo el tiempo.

¿Dónde obtiene el diablo su información? Él averigua cuando nosotros tenemos un importante mensaje de Dios, y nos encontramos con esta presión de adentro y de afuera cuando estamos en una tarea que cuenta para Dios. Cuando viene esto, es seguro que concierne a algo en lo cual Dios está involucrado. Vendrá por medio de personas, y si culpamos a las personas y enfocamos nuestra atención en ellas, hemos extraviado el rumbo; empezamos a luchar contra los hombres, pero en realidad se trata de algo más profundo. «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Ef. 6:12).

Las personas se enemistan entre sí, y eso nos sobrepasa; enfocamos nuestra atención en ellas, nos airamos con ellas y viene el conflicto. Después vemos cuán insensatos hemos sido al permitir que el diablo nos envuelva en una situación humana, cuando es un problema espiritual. Realmente no ha sido la falta de las personas; ha habido un asunto espiritual en juego, y todas estas cosas fueron provocadas y utilizadas por el enemigo para ocuparnos con lo menor, de manera que nos ciega al problema real, dejándonos así fuera de la oración, y anulando nuestra posición a favor de los derechos del Señor que en algún punto u otro están siendo desafiados.

Es un ámbito de conflicto incesante, y parecería que hemos entrado en esa parte de los tiempos cuando el enemigo no toma descanso, y nosotros encontramos que no tenemos reposo. Tú no debes hacer nada desligado de Dios, y nunca debes actuar fuera de, o aparte de, Dios; tal actitud expuesta habrá sido detectada por el enemigo, y tendrás que pagar por ello.

El ministerio cuádruple

Hay un aspecto cuádruple del ministerio de estos instrumentos usados por Dios. Daniel es el primero en empezar este movimiento hacia la restauración en Babilonia, y es interesante y significativo que se inició con la oración. Daniel levantó el testimonio de Dios en Babilonia mediante la oración. Dios reaccionó a través de un instrumento de oración. La mirada de Daniel está dirigida a Jerusalén; él está orando para que Dios recupere lo que ha perdido. Su preocupación es el lugar del Nombre, y él la expresa orando.

«...desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días» (Daniel 10:12-13). A través de la oración de Daniel, los poderes del infierno habían sido conmovidos hasta lo más profundo, incluso hasta resistir a uno de los arcángeles más altos del Cielo – «Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme».

Notemos que Ester viene luego, y es como si el diablo dijera: «Daniel ha orado para conseguir que el pueblo salga y regrese a Jerusalén; yo voy a hacer imposible que ellos vuelvan». Así que nosotros lo vemos, a través del malvado Amán, procurando aniquilar a los judíos, determinado a eliminar todo remanente que pudiese regresar. Hoy el enemigo se opone tenazmente a que haya un remanente para Dios, trayendo muerte, presionando en todas las formas, firmemente decidido a paralizarlos. Dios controla todo soberanamente, y todas las maquinaciones de Amán son anuladas.

Entonces Esdras levanta el testimonio, y su carga es por la casa de Dios en Jerusalén. Y él, con el remanente, regresa y edifica la casa y erige el altar.

Finalmente, entra Nehemías. Su preocupación son los muros y las puertas de Jerusalén. Él tiene urgencia por establecer una clara distinción entre lo que es de Dios y lo que no es de Dios. Él es diligente en salvaguardar el testimonio de Dios; vemos su celosa vigilancia sobre el día de reposo: «... los amonesté ... y les dije ... ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de reposo? ... Y les amonesté y les dije ... Si lo hacéis otra vez, os echaré mano» (Neh. 13:15–21). El sábado es ese gran testimonio de la integridad de la obra de Dios. Los muros hablan de la delimitación donde termina lo que no es de Dios; hay un límite claro, y más allá de éste, las cosas no son de Dios, ellas no tienen ningún lugar aquí, son excluidas. Los muros representan la ausencia de mezcla, la ausencia de superposición, y una delimitación clara. Ese es el mensaje de Nehemías.

El Cuadro de Honor de Dios

Ahora volvamos a Esdras 8, y veamos lo que significa para nosotros.

Notemos que se mencionan varios nombres: los nombres de «aquellos que subieron conmigo de Babilonia». Aquí hay un registro de aquéllos que se separaron absolutamente para seguir con Dios. He aquí una escritura santa, y es como si el Espíritu Santo tomase la pluma y anotara los nombres de los que asumieron una responsabilidad en el testimonio de Dios, y él está escribiendo cada nombre de toda la fiel compañía que llevó a cabo Su obra; porque el Espíritu Santo habría hecho el comentario si alguien se hubiese detenido en el camino. No, éstos dejaron la tranquilidad y las comodidades de Babilonia por una jornada larga y difícil, amenazados por muchos peligros, y regresaron a una ciudad en ruinas.

Hay un trabajo arduo, una cuota de sufrimiento, oposición, y mucho más, pero ellos deseaban pagar el precio y afrontar todo; y éstos son aquellos cuyos nombres son grabados con tal cuidado, y sus nombres estarán allí en tanto la Biblia esté vigente; ellos son los «llamados, y escogidos, y fieles» absolutos para Dios, cualquiera sea el costo. Es hermoso que Dios tenga en cuenta el nombre de cada uno de esos hombres que están trabajando. ¿Estamos avanzando nosotros con Dios? ¿O estamos calculando el precio y retirándonos?

Y entonces notamos que la siguiente nota en el capítulo es la declaración de Esdras: «... no hallé allí de los hijos de Leví» (Esd. 8:15). ¿Por qué? Los levitas eran aquéllos que sólo tenían una herencia en Dios; ellos no tenían herencia en la tierra (Jos. 14:4-5). Ir a una tierra de desolación en la cual ellos no tenían herencia, no parecía muy prometedor, y ellos estaban consiguiendo más en Babilonia de lo que podrían tener allí, y así no podían ver cómo iban obtener su sustento. Ellos sabían que no tenían ningún derecho a entrar en el reino de las cosas terrenales; y a causa de que no tenían herencia en la tierra, sino tenían que confiar en el Señor, se quedaron en Babilonia. ¡Aquéllos que tenían que salir y tener su porción sólo en Dios, fueron miserablemente pocos; ningún levita salió!

¿Y no ocurre lo mismo en el ministerio de la Palabra, cuando alguien sale de un sistema donde está seguro de su sustento? Es una prueba de fe tener una posición asegurada en el mundo de la religión, y salir, y sólo tener su porción en Dios y no en el mundo. No hay muchos que puedan hacer eso. Así que no hay ningún levita en ese registro.

Dando a Dios una oportunidad

El siguiente hecho es: Esdras proclamó ayuno (vers. 21-23). ¿Qué señala esto, espiritualmente? Sólo esto: ¡El Señor vela por ti! Eso es todo. Sí, pero es de nuevo una prueba de fe, porque es una jornada de fe. ¿Puede el Señor guiarnos? ¿Hacemos bien en no consultar al rey? En otras palabras, debemos interceder para ayudar a los hombres, para ayudar al mundo; asegurándonos de obtener una respuesta efectiva. Eso es lo que significa; pero nosotros pensamos que no podemos actuar sin echar mano a los recursos del mundo. ¡Pero podemos contar con Dios! Él velará por nosotros. Ese es el testimonio, amados – Dios nos guarda. Esa es nuestra conducta segura, exitosa y victoriosa.

Al ver los Salmos 121 al 134 después de Esdras 8:21; notamos que hay un caminar en ellos todo el tiempo, y una nota firme de confianza y victoria. Algunos han pensado que ellos cantaron eso en su viaje. Ellos expresan esa confianza absoluta en Dios: «Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así el Señor está alrededor de su pueblo». Eso es algo mucho mejor que todos los jinetes y caballos de este mundo. El Señor puede velar por ti. Confía en él; no bajes a Egipto o al rey de Babilonia por ayuda; dale al Señor una oportunidad para mantener su propio testimonio. Así ellos siguieron esta jornada de fe y el Señor les respaldó en su confianza.

Esdras 8:24-30 trata con el depósito; la ofrenda voluntaria santa al Señor: «Vigilad y guardadlos, hasta que los peséis delante de los príncipes de los sacerdotes y levitas, y de los jefes de las casas paternas ... en Jerusalén». Es de bendición considerar esto como el depósito que el Señor nos confió en el principio. De eso escribe el Apóstol a Timoteo: «...guarda lo que se te ha encomendado» (1ª Tim. 6:20). Por causa de Su testimonio, el Señor ha encomendado al vaso aquellas cosas que representan la plenitud de Su salvación. Tú tienes el bronce, la plata y el oro; sabemos lo que eso significa, y todo esto es el depósito, estas cosas sagradas de «la fe una vez dada a los santos». Esos grandes elementos de la salvación: la Justicia, la Redención y la Santificación.

Al entrar al tribunal del tabernáculo, nos encontramos de inmediato con el bronce –el altar de bronce–, con todo su maravilloso significado del cuerpo del Señor Jesús total y completamente consagrado a la voluntad de Dios, «por el cual nosotros somos santificados» – el holocausto perfecto que provee para nuestra Santificación (Heb. 10:10). Entonces tenemos la plata de nuestra Redención, y el oro de esa conformación a la imagen divina. Ese es el depósito de la fe. Judas insta a los creyentes a que contiendan ardientemente por la fe una vez dada a los santos. Ese es el depósito confiado a nosotros al principio, y para ser ofrecido completo al final de la jornada. Pablo podía decir al final de su vida: «He guardado la fe», y él lo devolvió completo al final en la casa de Dios.

Esto representa el ministerio concerniente a la Casa de Dios, el testimonio entero, el Evangelio pleno. La fe plena una vez entregada a los santos es confiada a nosotros; y tiene que ser atesorada en la casa de Dios, resguardada en la jornada, y por fin presentada al Señor sin mezcla. El testimonio claro; sin perder ni una tilde, sino devuelto entero.

El Señor nos dé la gracia y fuerza para guardar nuestra confianza y presentarla a él diciendo: ‘No hemos perdido nada, hemos guardado la fe, hemos corrido la carrera’. Hay una corona de justicia delante de nosotros.

Todo esto es muy bueno como verdad bíblica, pero si sólo llega hasta ahí, yo he hablado en vano. Conozco la dificultad de involucrar a otras personas en la preocupación y carga de uno mismo. Creo que ustedes tienen una cuota de percepción acerca de cómo están las cosas hoy; ellas son espiritualmente terribles, pero hay aquéllos que buscan más de Dios, e inquieren acerca de dónde pueden encontrar alimento espiritual.

Creo que el Señor hará algo en nuestro día – el día de las cosas pequeñas. Él empezará teniendo un instrumento con una carga, en el cual depositará la revelación plena del Señor Jesús; un instrumento que saldrá en fe y confiará en Él, dando al Señor una oportunidad para ser vindicado. Que el Señor nos constituya en parte de tal instrumento y también mueva a otros. Pregúntale al Señor por esta materia, y, si es verdad, ponla en tu corazón y entra en comunión con él en aquello que él hará hoy.

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