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Una revista para todo cristiano · Nº 43 · Enero - Febrero 2007
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Estudiando los Salmos con C. H. Spurgeon.

El tesoro de David (VIII)

C. H. Spurgeon

Salmo 120 

Hemos dejado el continente del inmenso Salmo 119 y entramos en las islas e islitas de los Salmos Graduales. Hacemos bien en ocuparnos en una devoción prolongada en alguna ocasión especial, pero esto no ha de ser en desmedro de las minucias sagradas que santifican la vida de piedad día tras día. El que inspiró el Salmo más largo fue también el autor de las cortas composiciones que siguen. 

En este Salmo vemos a un hebreo con intenso anhelo espiritual de paz, que exclama al emprender la marcha hacia el Templo: «Señor, permíteme librarme de todo esto, por lo menos durante un tiempo. Que pueda dejar esta fiebre y esta tensión, libre de la vana turbulencia y tumulto confuso del mundo. Que pueda descansar y recrearme un poco en el sagrado asilo y santuario del Dios de paz. Dios de paz, concédeme tu paz cuando adoro en tu presencia; y permíteme hallar un mundo mejor cuando vuelva al mismo, o por lo menos que yo traiga un corazón mejor y más paciente para sus deberes y luchas». Samuel Cox. 

Salmo 121

Es un canto del soldado, así como un himno de viajeros. Hay un ascenso en el mismo Salmo, que se levanta a la mayor elevación de confianza sosegada. 

Salmo 122 

David lo escribió para que lo cantara el pueblo cuando ascendía a las fiestas santas en Jerusalén. Cuando se hallaban dentro de las tres murallas, todas las cosas alrededor de los peregrinos contribuían a explicar las palabras que cantaban dentro de estas murallas seguras. Una voz dirigía el Salmo con su personal «Yo», pero diez mil hermanos y compañeros se unían al primer músico y entonaban el coro del refrán.

Foxe, en sus «Acts and Monuments», refiere de Wolfgang Schuch, el mártir de Lotarengo, en Alemania, que al oír la sentencia de que iba a ser quemado, empezó a cantar el Salmo 122.  

Salmo 123 

Se ha conjeturado que este breve cántico, o mejor, suspiro, puede haberse oído por primera vez en los días de Nehemías, o bien bajo las persecuciones de Antíoco. Es posible que sea así, pero no hay evidencia de ello; nos parece del todo probable que las personas afligidas en todos los períodos después del tiempo de David hallaran ese Salmo listo en sus manos. Si parece describir días remotos de los de David, es aún más evidente que el Salmista que lo escribió era también un profeta y cantara lo que había visto en una visión.

«Este Salmo (como vemos) es muy corto, y por tanto un buen ejemplo para mostrar que la fuerza de la oración no consiste en las muchas palabras, sino en el fervor del espíritu. Porque se pueden hacer caber en pocas palabras cuestiones grandes y de peso, si proceden del espíritu y los gemidos indecibles del corazón, especialmente cuando nuestra necesidad es tal que no puede permitir una oración larga. Toda oración es bastante larga si es ferviente y procede de un corazón que entiende la necesidad de los santos». Martín Lutero. 

Salmo 124 

«En el año 1582, este Salmo fue cantado en una notable ocasión en Edimburgo. Un ministro encarcelado, John Durie, había sido puesto en libertad y fue recibido al entrar en la ciudad por doscientos de sus amigos. El número creció hasta que se halló en medio de una compañía de dos mil, que empezaron a cantar a medida que avanzaban por la Calle Alta: «Que lo diga Israel», etc. 

Lo cantaron en cuatro partes con profunda solemnidad, todos uniéndose en la bien conocida tonada del Salmo. Estaban muy conmovidos y también los que lo escucharon; y uno de los principales perseguidores se dice que estaba muy alarmado ante esta escena y canto, más que por cualquier otra cosa que había visto en Escocia». Andrew A. Bonar. 

Salmo 125

La fe ha alabado a Jehová por liberaciones pasadas, y aquí se eleva a un gozo confiado en la seguridad presente y futura de los creyentes. Afirma que estarán seguros para siempre los que confían en el Señor. Podemos imaginarnos a los peregrinos entonando este cántico cuando deambulaban por los muros de la ciudad. 

«Este Salmo corto puede resumirse en las palabras del profeta (Isaías 3:10, 11): «Decid al justo que le irá bien. Ay del impío; mal le irá.» Así se presentan delante de nosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición, algo que ocurre con frecuencia en los Salmos, como también en la Ley y los Profetas. Matthew Henry. 

Salmo 126

Éste es el séptimo paso o peldaño y, por tanto, podemos encontrar alguna perfección especial de gozo en él; no buscaremos en vano. Vemos aquí no sólo que Sion permanece, sino que su gozo vuelve después de la aflicción. El permanecer no es todo, se añade el ser fructífero Los peregrinos iban de bendición en bendición en su salmodia cuando avanzaban en su santo camino. Eran felices, pues cada ascenso era un cántico, cada detención un himno. Aquí, el que confía empieza a sembrar; la fe obra por amor, obtiene una bendición presente, y asegura una cosecha de deleite. 

El Salmo se divide en una narración (1, 2), un canto (3), una oración (4) y una promesa (5 y 6).

«En mi opinión, se acercan más al verdadero significado del Salmo los que lo refieren a la gran cautividad general de la humanidad bajo el pecado, la muerte y el diablo, y a la redención comprada por la muerte y derramamiento de sangre de Cristo y publicada en el Evangelio. Porque la clase de lenguaje que usa el profeta aquí es de mayor importancia que la que se puede aplicar sólo a las cautividades judías en particular. 

«Porque, ¿qué importancia tenía el que el pueblo de los judíos, siendo, como eran, sólo un puñado, fuera librado de la cautividad temporal, en comparación con la liberación inmensa e incomparable por la cual la humanidad fue puesta en libertad del poder de sus enemigos, no temporal, sino eterna, a saber: de la muerte, Satanás y el mismo infierno? Por lo cual entendemos este Salmo como una profecía de la redención que había de venir por Jesucristo, y la publicación del evangelio, por el cual progresa el reino de Cristo y son vencidos la muerte y el diablo con todos los poderes de las tinieblas». Thomas Stint.

Salmo 127 

El título probablemente indica que David escribió esto para su hijo Salomón, en quien tanto se regocijaba, y cuyo nombre, Jedidías, o «amado del Señor», es introducido en el segundo versículo. El espíritu de su nombre, «Salomón, o pacífico», respira en todo este Salmo encantador.

Salmo 128 

Hay aquí un progreso en la edad, porque vamos de los hijos a los nietos: y también un progreso en felicidad, porque los hijos que en el Salmo anterior eran saetas, aquí son renuevos de olivo, y en vez de hablar de «los enemigos en la puerta», cerramos con «Paz sobre Israel!» Así pues, paso a paso, estamos ascendiendo.

Salmo 129

No me es posible ver que este Salmo esté un paso más allá del anterior; y, con todo, es claramente el canto de un individuo anciano y muy probado, que mira hacia atrás a una vida de aflicción en la cual ha sufrido constantemente, incluso desde su juventud. En cuanto la paciencia es una gracia más elevada, o por lo menos más difícil, que el amor conyugal, el ascenso o progreso quizá pueda verse en esta dirección. 

Salmo 130 

Se llama a este Salmo De profundis, ‘desde lo profundo’, que son sus primeras palabras. Desde estas profundidades clamo, gimo, velo, espero. En este Salmo oímos acerca de la perla de la rendición (vers. 7 y 8); quizás el dulce cantor no habría hallado esta joya si no hubiera sido lanzado a lo profundo. «Las perlas se hallan muy hondo».

«El Espíritu Santo presenta aquí dos pasiones opuestas de modo claro: temor, con respecto a los pecados que merecen castigo, y esperanza, con respecto a misericordias no merecidas». Alexander Roberts.  

Este Salmo, quizá más que algún otro, está marcado por sus cumbres: profundidad, oración, convicción, luz, espera, vigilancia, anhelo, confianza, seguridad, felicidad y pleno gozo. 

Como el barómetro señala cuando el tiempo se aclara o mejora, así este Salmo, frase tras frase, registra los progresos del alma. Y puedes ponerte a prueba a ti mismo con él, como una regla o medida, y preguntarte en cada línea: «¿He alcanzado esto? ¿He alcanzado aquello?», y así medir tu nivel espiritual. James Vaughan.

Salmo 131 

Está escrito por David y es sobre David; él es el autor y el tema, y muchos incidentes de su vida se pueden emplear para ilustrarlo. Comparando los Salmos a joyas, podríamos decir que es una perla; ¡con qué hermosura adorna el cuello de la paciencia! Es uno de los Salmos más cortos, pero uno de los que se tarda más en aprender. Habla de un niño, pero contiene la experiencia de un hombre en Cristo. 

La humildad está aquí en conexión con un corazón santificado, una voluntad sometida a la mentalidad de Dios, y una esperanza que lo aguarda todo del Señor. Feliz el hombre que puede, sin falsedad, usar estas palabras como propias, porque lleva la semejanza de su Señor, que dijo: «Yo soy manso y humilde de corazón». 

Salmo 132

Un cántico gozoso verdaderamente; que todos los peregrinos a la Nueva Jerusalén lo canten con frecuencia. Los grados o ascensos son muy visibles; el tema asciende paso a paso desde los ‘desvelos’ a la ‘corona’, de ‘recuerda a David’ a ‘hará retoñar el poder de David’. La última mitad es como el firmamento inclinándose sobre ‘los campos y bosques’, que hallamos en las resoluciones y oraciones de la porción anterior.

Salmo 133 

No vemos razón para privar a David de la paternidad de este canto. Conocía por experiencia la amargura ocasionada por las divisiones en las familias, y estaba preparado para celebrar en Salmos selectos la bendición de la unidad por la que suspira. 

Salmo 134 

Hemos alcanzado el último de los Salmos graduales. Los peregrinos regresan a sus casas y están cantando el último Salmo de su Salterio. Parten temprano por la mañana, antes que haya comenzado el día plenamente, porque la jornada será larga para muchos de ellos. En tanto que dura la noche ya están en movimiento. Pronto se hallarán fuera de las puertas, ven los guardas sobre el muro del Templo, y brillan las lámparas de las cámaras que rodean el santuario por tanto, conmovidos por la vista, cantan su despedida a los asistentes perpetuos del santo santuario. 

Su exhortación de partida estimula a los sacerdotes a pronunciar una bendición sobre ellos desde el lugar santo; esta bendición está contenida en el tercer versículo. Los sacerdotes vienen a decir: «Habéis deseado que os demos la bendición del Señor y ahora rogamos al Señor que os bendiga». 

«El Salmo que tenemos delante fue preparado para los sacerdotes que servían en el lugar sagrado por la noche. Había el peligro de que se durmieran, y de fantasías ociosas. ¡Oh, cuánto tiempo se pierde en este soñar despierto, dejando que el pensamiento vagabundee de un lugar a otro! Los sacerdotes estaban en peligro, decimos, de adormilarse, de soñar despiertos, de acariciar pensamientos vanos, meditaciones mutiles y palabras sin provecho; por tanto, está escrito: «Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que estáis por las noches en la casa de Jehová». 

«¿Tienes el deber de pasar la noche en vela? Si es así pásala en adoración. No permitas que el tiempo de vigilia sea perdido, ocioso, sino que cuando los otros estén durmiendo o adormilados y tú, por necesidad, veles, estén las alabanzas de la casa de Dios; ¡que haya alabanza en Sion, alaba lo mismo de noche que de día! «Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová». Samuel Martin. (Continuará)

Extractado de El Tesoro de David, de C. H. Spurgeon.

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