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Una revista para todo cristiano · Nº 42 · Noviembre - Diciembre 2006
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Preguntas y respuestas

¿Perecerán las personas mencionadas en Hebreos 6:4-8?

(4) Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, (5) y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, (6) y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. (7) Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; (8) pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.

Algunos, al leer los versículos 6 al 8 llegan a la conclusión de que esta clase de personas no pueden ser salvadas.

Según los versículos 4 y 5, son las personas que han caído de la verdad después de haber experientado cuatro cosas: 1) habían sido iluminadas; 2) gustaron el don celestial; 3) fueron hechas partícipes del Espíritu Santo; y 4) gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero.

Las consecuencias que les ocurrirán son: «ser reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada» (v.8). Basándose en las conclusiones de este último versículo, algunos consideran que esta clase de personas no son salvadas. Si éste es realmente el caso, entonces una persona que tiene la vida eterna puede perderla, lo cual es lo mismo que decir que uno que es salvo puede ser «no salvo». ¿Cómo podemos explicar esto?

Entendamos primero de qué está hablando el libro de Hebreos. Hebreos está hablando de «ir adelante» (6:1); y nuestro progreso en este ir adelante es doble: 1) Los cristianos han de crecer; y 2) los que enseñan a otros han de crecer también. Los cristianos han de conocer más al Señor, de modo progresivo, en sus vidas; los que enseñan a los otros deben enseñar verdades cada vez más avanzadas; esto es, no sólo deben enseñar sobre la salvación desde el comienzo del año hasta el final, sino que han de enseñar verdades más profundas.

La cumbre respecto del progreso de que habla Hebreos se alcanza en los capítulos 5 y 6. El capítulo 5 habla de Melquisedec, sobre quien el escritor dice: «Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír» (v.11). Deberíais haber llegado a la madurez, pero todavía estáis en el estado lamentable de niños mayores. Deberíais poder tomar alimento sólido de la palabra de justicia, pero, triste es decirlo, todavía necesitáis leche.

Luego, el capítulo 6 se dirige a los que enseñan. En su enseñanza deberían haber progresado en vez de confinarse meramente a las seis doctrinas elementales sobre el arrepentimiento de las obras muertas, la fe en Dios, la enseñanza del bautismo, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Así que podemos ver claramente que Hebreos 6:1-8 no trata del problema de la salvación inicial, sino del asunto del progreso.

El objetivo de esta epístola a los Hebreos es señalar hacia el progreso, no hacia la salvación. Nos equivocaremos gravemente si confundimos el tema.

El pasaje que tenemos delante puede divirse en tres secciones: a) versículos 1-3: «no ... otra vez»; b) versículos 4-6: «imposible»; c) versículos 7-8, que pueden ser titulados «no debe».

a) No ... otra vez. Esto se refiere a seis cosas, las que aparecen en los versículos 1 y 2, que hemos mencionado más arriba. Se nos dice que no «echemos otra vez el fundamento». Como el fundamento ya ha sido puesto, no es necesario echarlo otra vez. ¿Quién va a construir una casa en tanto que va poniendo el fundamento constantemente?

b) Imposible. «Una vez» del versículo 4, se refiere a un hecho histórico. «De nuevo» en el v.6 se refiere al «otra vez» del v. 1. La conjunción coordinativa «y» en esta sección une cuatro cosas: una vez iluminados, habiendo gustado el don celestial, hechos participantes del Espíritu Santo, y habiendo gustado la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero.

Por lo que, cuanto se ha dicho aquí es que si una persona ya ha experimentado estas cuatro cosas, es imposible que sea renovada otra vez para arrepentimiento si cae de nuevo. Porque esta persona sólo ha caído, no ha abandonado el curso que seguía. Como la dirección que lleva es todavía correcta, no puede ser renovado su arrepentimiento, crucificando de nuevo al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

El autor de Hebreos dice enfáticamente que no hay necesidad de poner de nuevo los fundamentos. Alguien puede objetar: ¿Pero qué ocurre si alguien encaja con el tipo de personas descritas en los versículos 4 al 6? ¿Acaso no es preciso que si esta persona cae establezca de nuevo los fundamentos? La respuesta es: Aunque uno se halle en aquella condición, y haya pecado realmente, resulta imposible que sea otra vez renovado para arrepentimiento.

¿Podemos nacer de nuevo y luego dejar de haber nacido? ¿Podemos ser renovados para arrepentimiento y nacer de nuevo una vez más? El arrepentimiento del v. 6 es el mismo del v. 1, de modo que es arrepeintimiento como un fundamento. Esto no sugiere que uno no deba arrepentirse de nuevo; sólo afirma que no puede volver a su posición inicial del fundamento y ser renovado para arrepentirse. Esta es, pues, la gran diferencia. Hay que tener cuidado especial en la palabra «de nuevo»: renovarse otra vez para arrepentimiento, poner del nuevo el fundamento para arrepentimiento. No «de nuevo», porque esto es imposible.

c) No deben. Aunque los versículos 1 al 3 dicen «no ... de nuevo», y los versículos 4 al 6 nos dicen «imposible», los versículos 7 y 8 nos dicen que «no debemos» seguir pecando para que no parezca que estamos crucificando al Hijo de Dios de nuevo y exponiéndole a vituperio. Vamos a ser disciplinados si lo hacemos. Por tanto, no debemos hacerlo.

Algunas personas consideran que si una persona peca después de haber sido salvada, deja de ser salva. Otras personas creen que después de haber sido salvas no serán castigadas, sea cual sea el pecado que cometan. Los dos puntos de vista son incorrectos. Dios espera que una persona salvada crezca y progrese. Tal como nadie puede volver a la matriz de su madre y nacer de nuevo, del mismo modo no podemos volver espiritualmente a poner el fundamento si volvemos a caer. Pero, ¿qué pasa si seguimos haciendo malas obras? Entonces vienen las tres consecuencias: 1) ser reprobados, 2) estar próximos a ser maldecidos, y 3) ser quemados.

1) Reprobado. Esta es la misma palabra que hallamos en 1ª Corintios 9:27. Naturalmente, todo cristiano sabe que Pablo no estaba en peligro de dejar de ser salvo, sino que temía perder la corona y el reino.

¿Qué significa, pues, ser desechado o reprobado por Dios? Por ejemplo, si tú tienes una bicicleta que antes estaba en buenas condiciones y podía ser usada, pero ahora está rota y llena de herrumbe y no puede ser usada. No significa que la bicicleta haya desaparecido, sólo que ha sido rechazada, dejado de lado por inútil. Así, el ser rechazado por Dios no significa que una persona deje de ser salva; sólo significa que ha sido puesta a un lado por Dios, y ha pasado a ser inútil. A los creyentes que siguen en sus pecados, Dios los disciplina poniéndoles fuera de la gloria –en las tinieblas de afuera– sin tener parte en el reino. Esto es lo que significa Mateo 25:30.

2) Está próximo a ser maldecido. Aquí dice próximo a ser maldecido, pero no maldecido. Lo que se afirma aquí no es la cuestión del grado de castigo, sino el hecho del castigo en sí. No sólo los no creyentes serán castigados; los creyentes también van a ser castigados en algunos casos.

3) Ser quemado. Esto concuerda con lo que dice 1ª Corintios 3:15 acerca de que el fuego de Dios va a quemar la obra de la persona. Esta persona es como un cubo de basura vivo, en que se guarda toda clase de cosas que serán purificadas por medio del fuego.

Deberíamos regocijarnos por un lado, y por otro ser amonestados. Nuestra salvación es segura por un lado, pero por otro vamos a recibir castigo si no obramos como debemos. Aunque este castigo no es permanente, no tendremos parte en el reino milenial.

(Preguntas vitales sobre el Evangelio, Watchman Nee).

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