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Una revista para todo cristiano · Nº 41 · Septiembre - Octubre 2006
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Preguntas y respuestas

En Lucas 16 tenemos la historia de un hombre rico y de Lázaro.
¿Pereció el rico porque había recibido cosas buenas en esta vida,
en tanto que Lázaro fue salvado porque había recibido cosas malas en su vida,
o bien se trata de otra cosa?

Algunos sostienen que el rico pereció porque había gozado de cosas buenas en su vida, en tanto que Lázaro se salvó sólo porque sólo había sufrido males. Basan su conclusión en las palabras dirigidas por Abraham al rico, registradas en Lucas 16:25. ¿Es así?

En verdad, en el verso 25 Abraham estaba meramente comparando las condiciones respectivas del rico y de Lázaro después de la muerte de uno y otro. Es sólo en el versículo 29 que se nos da la razón básica para la perdición y la salvación. Tomemos nota cuidadosa de ello. «Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen, óiganlos». Esto revela que el rico pereció porque no había oído a Moisés y a los profetas, en tanto que Lázaro fue salvado porque había oído a Moisés y a los profetas.

¿Cuáles son las palabras de Moisés y los profetas? Después de su resurrección, el Señor tuvo una conversación con dos discípulos camino de Emaús; y Lucas, en 24:27, hace el siguiente comentario: «Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas», el Señor Jesús «les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían». Y la misma noche apareció a sus discípulos en Jerusalén y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que se cumpliesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día».

Según esto, las palabras de Moisés y los profetas significan todas las palabras dichas con referencia al Señor Jesús. El rico pereció porque no había aceptado al Salvador que había muerto y había resucitado de los muertos por él, en tanto que Lázaro fue salvo porque había aceptado al Salvador.

Dios ya nos ha dado la Biblia. Por tanto, nosotros tenemos las palabras de la Escritura para que las creamos: Él no va a enviar a otro, levantado de los muertos, para que nos predique el evangelio.

Él tiene tanta longanimidad y no castiga al punto al que lo merece, que no manda sus rayos para que destruyan al que le ofende. Los hombres siguen blasfemando a Dios y no reciben el castigo inmediato de él.

Dios no ha dispuesto las estrellas en el cielo de manera que proclamen de modo explícito la verdad de su existencia o el pecado de la humanidad; no hace uso de formas espectaculares para probarse a sí mismo; simplemente quiere que los hombres crean en su palabra.

«Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos» (Lc. 16:31). Aquí se nos da una revelación, que es: que si la gente no cree en Moisés y los profetas, no se persuadirá aunque alguno se levante de los muertos. El que no acepta el testimonio de la Biblia no va a creer aunque alguien se levante de los muertos.

(Preguntas vitales sobre el Evangelio, Watchman Nee).

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