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Preguntas y respuestas ¿Por qué Lucas 15 usa tres parábolas? ¿No habría sido suficiente con una? En Lucas 15 hallamos tres parábolas y las tres hacen referencia a algo que se ha perdido. La primera habla de una oveja perdida; la segunda, de una moneda perdida; y la tercera, de un hijo perdido. Muchos, al leer este capítulo, se sorprenden de que se use la palabra «perdido» para indicar a un pecador, y de que nuestro Señor contara tres parábolas en vez de una. Sabemos, sin embargo, que el propósito de estas parábolas no es describir a los perdidos o la caída del hombre, sino que el énfasis está en la forma en que Dios trata al alma perdida. Más específicamente, en la forma como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo actúan para con los perdidos. Estas tres parábolas realmente nos revelan la obra triple del Dios Trino. ¿Se puede cambiar el orden de estas parábolas? No, porque el evangelio sería alterado si cambiáramos este orden; porque en estas tres parábolas se nos da el orden del plan de la redención de Dios. La primera habla del Señor Jesús como el Buen Pastor. Juan 10 nos dice que el buen pastor pone su vida por las ovejas. Luego, el Señor menciona la parábola de la mujer que busca con diligencia la moneda de plata perdida. El Buen Pastor busca la oveja perdida en un lugar diferente del lugar en que la mujer busca la moneda perdida. El Buen Pastor sale fuera de la casa para buscar la oveja. Y esto es lo que hace el Señor Jesús, que deja el hogar de su Padre y viene al mundo para buscarnos a cada uno de nosotros. La mujer, sin embargo, busca la moneda perdida dentro de la casa. Enciende una lámpara, barre la casa y busca la moneda perdida con diligencia. ¿Vemos el orden aquí? Primero viene el Señor Jesús a realizar la redención, luego el Espíritu Santo nos ilumina por dentro para que aceptemos lo que el Señor Jesús ha venido a realizar. La Biblia nos muestra dos dones maravillosos de Dios, no sólo uno. Nos da a su propio Hijo y nos da al Espíritu Santo. Dios no sólo envió al Señor Jesús como el Buen Pastor que vino a buscarnos, sino que ha enviado al Espíritu Santo para iluminarnos. En la primera parábola no hay ninguna lámpara; en la segunda hay una lámpara. La primera parábola nos habla de buscar fuera de la casa; la segunda, de buscar dentro de la casa. El Señor Jesús sale fuera de la casa el mundo para buscar a la oveja perdida; el Espíritu Santo está dentro de la casa dentro de nosotros iluminándonos con la lámpara de la luz y buscando con diligencia la moneda de plata perdida. Pero, finalmente, la última parábola nos habla del padre que espera que su hijo regrese al hogar. Ahora bien, si falta la primera o la segunda parábola, la tercera parábola no se sostiene firme. Porque sin la venida del Buen Pastor para poner su vida por las ovejas, no se habría realizado la redención. Y sin la iluminación del Espíritu Santo nadie sería redargüido de pecado, de justicia y de juicio. Aunque algunos experimenten una convicción de pecado parcial, nadie puede arrepentirse verdaderamente sin la iluminación del Espíritu Santo. Si el Buen Pastor no pone su vida por las ovejas, el Padre no puede recibir al hijo pródigo cuando éste regresa al hogar. La obra del Espíritu Santo está basada en la muerte del Señor. Si el Señor no hubiera muerto, el Padre celestial no podría perdonar los pecados de los hombres, pues si lo hiciera, Dios sería injusto. Pero como el Señor Jesús ha muerto y ha realizado la redención, el Padre celestial ahora está esperando para recibirnos. Notemos que cuando el hijo pródigo regresa al hogar, su padre no pronuncia una palabra de acusación ni de exhortación. Esto es así porque el Salvador ya ha realizado la redención por este pecador, y el Espíritu Santo ya le ha iluminado de modo que sus pecados sean perdonados y lavados con la sangre. Vemos, pues, que las tres parábolas de Lucas 15 no son repeticiones, porque nos muestran el orden en el plan de la redención de Dios. Cristo realizó la redención, el Espíritu Santo nos ilumina, y Dios el Padre nos recibe con su amor. Una comprensión adecuada de estas tres parábolas nos dará una vida cristiana equilibrada. (Preguntas vitales sobre el Evangelio, Watchman Nee). *** |