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Una revista para todo cristiano · Nº 39 · Mayo - Junio 2006
PORTADA
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Estudiando los Salmos con C. H. Spurgeon.

El tesoro de David (IV)

C. H. Spurgeon

Salmo 65

Éste es un Salmo encantador. Viniendo después de los anteriores que son tan tristes, parece la aparición de la mañana después de las tinieblas de la noche. Hay la frescura del rocío en él, y desde el versículo 9 hasta el final hay una sucesión dulce de cuadros o paisajes que nos recuerdan la hermosura de la primavera; y verdaderamente es una descripción, en imágenes naturales, del estado feliz de la mente de los hombres que resulta del «Día de la Primavera que nos visita desde lo alto» (Lucas 1:78). (O. Prescott Hiller).

Salmo 66

Tiene que haber sido un hombre de gran destreza el que cantó este Salmo: la mejor música del mundo se sentiría honrada de poderse unir a expresiones semejantes. No sabemos quién fue su autor, pero no vemos razón alguna para dudar de que fue David el que lo escribió.

Salmo 67

No se da nombre de autor, pero sería muy atrevido el que intentara negar que fue escrito por David. A pesar de las tristes nociones de algunos, seguimos adheridos a la creencia de que el reino de Cristo abarcará todo el globo habitable y que toda carne verá la salvación de Dios; y por esta gloriosa consumación agonizamos en la oración. Las naciones nunca estarán contentas mientras no sigan la guía del gran Pastor. Algunos cantan por costumbre, otros para exhibirse, otros por deber, otros por diversión; pero el cantar del corazón que rebosa de gozo y necesita hallar salida, esto es verdaderamente cantar. Naciones enteras harán lo mismo cuando Jesús reine sobre ellas en el poder de su gracia. 

Salmo 68

Es un cántico estimulante y enardecedor. Todo el Salmo presenta en cuadros aptos el camino del Señor Jesús entre sus santos y su ascenso a la gloria. El Salmo es a la vez sumamente excelente y difícil de interpretar. Su oscuridad en algunas estrofas es del todo impenetrable. Algún crítico alemán habla de él como de un titán, muy difícil de dominar. «Para muchos críticos ésta es la efusión más elevada de la musa lírica de David» (William Binnie). «A juzgar por la antigüedad de su lenguaje, su descripción concisa, las expresiones frescas, potentes y, algunas veces, irónicas de su poesía, lo podemos considerar como uno de los monumentos más antiguos de la poesía hebrea». (Boettucher).

Salmo 69

En el Salmo cuarenta y uno había lirios dorados que desprendían mirra olorosa y suave, y florecían en hermosos jardines al borde de palacios de marfil; en éste tenemos el lirio entre espinas, el lirio del valle hermoso, floreciendo en el Jardín de Getsemaní. Si alguno inquiere: «¿De quién dice esto el Salmista? ¿De sí mismo o de otro?», contestaremos: «De sí mismo y de algún otro». Quién es este otro no tardaremos mucho en descubrirlo; sólo del crucificado se puede decir: «En mi sed me dieron vinagre para que lo bebiera». Sus pisadas a o largo de este cántico lastimero han sido indicadas por el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, y por tanto creemos y estamos seguros que se trata del Hijo del Hombre aquí. Con todo, parece que la intención del Espíritu, si bien da tipos personales y con ello muestra la semejanza al primogénito que existía en los herederos de salvación, es hacer resaltar también las diferencias entre el mejor de los hijos de los hombres y el Hijo de Dios, porque hay versículos aquí que no se pueden aplicar a nuestro Señor; casi nos estremecemos cuando vemos a algunos hermanos que intentan hacerlo, como, por ejemplo, el 5. «Este Salmo ha sido en general considerado como mesiánico. No hay porción de las Escrituras del Antiguo Testamento que sea mencionada con mayor frecuencia en el Nuevo, con la excepción del Salmo 22». (J. J. Stewart Perowne).

Salmo 70

En cuanto al título, se corresponde con el Salmo 40, del cual es una copia con variaciones. David, al parecer, escribió el Salmo completo, y también hizo un extracto del mismo y lo alteró para adaptarlo a la ocasión. Hace juego con el Salmo 69 y es un prefacio apropiado para el Salmo 71.

Salmo 71

Tenemos aquí «La oración del creyente anciano», que en santa confianza de la fe, fortalecido por una larga y notable experiencia, apela contra sus enemigos y pide bendiciones para sí. Dando por segura una respuesta misericordiosa, promete enaltecer al Señor en gran manera. (C. H. S). 

Se puede preguntar cómo pudo usar Cristo versículos como el 9 y el 18, puesto que dan la impresión de referirse a la fragilidad de la edad. La respuesta de esta dificultad es que estas expresiones son usadas por él en simpatía con sus miembros, y en su propio caso denotan el estado equivalente a la edad. Su ancianidad fue alcanzada a los treinta y tres años, según Juan 8:57 parece implicar; porque «los hombres muy activos viven rápidamente». (Andrew A. Bonar).

Salmo 72

Es casi cierto que el título declara que Salomón es el autor de este Salmo, y, aun así, a partir del versículo 20 da la impresión de que David está pronunciándolo como una oración suya antes de morir. Jesús está aquí, sin la menor duda, en la gloria de su reino, tanto en su figura presente como en la forma en que será revelado en su gloria final. (C. H. S). 
Tan claro es el rastro de la pluma de Salomón, que Calvino, cuya sagacidad en esta clase de criticismo nunca ha sido superada, por más que se veía obligado por la nota al final del Salmo a atribuir la sustancia del mismo a David, pensaba que había en él los rasgos de la mano de Salomón y presentó la conjetura de que la oración era del padre, pero que después el hijo le dio forma lírica. (William Binnie).

Salmo 73

Es curioso que este Salmo 73 se corresponda en el tema con el 37; ayudará a la memoria de los jóvenes el notar que los guarismos son invertidos. El tema es la piedra de tropiezo de los hombres buenos, que los amigos de Job no pudieron pasar; a saber: la prosperidad de los inicuos y las aflicciones de los piadosos en el tiempo presente. Los filósofos paganos se han quedado perplejos ante ella, en tanto que para los creyentes ha sido con mucha frecuencia una tentación. (C. H. S). 

El Salmo 73 es un testimonio notable de la lucha mental que un judío eminente y piadoso sufrió al contemplar las condiciones respectivas de los justos y de los malvados. Cuenta que el peor sobresalto para su fe fue el contrastar la prosperidad de los inicuos, que, aunque con orgullo, menospreciaban a Dios y al hombre, prosperaban en el mundo e incrementaban sus riquezas con sus esfuerzos, en tanto que el que había purificado su corazón y lavado sus manos en la inocencia se veía «plagado todo el día y disciplinado cada mañana». (Thomas Thomason Perowne).

En el Salmo 73 el alma busca y razona en lo que ve; es decir, una maldad que triunfa y una justicia que sufre. ,¿A qué conclusión llegamos? «He purificado mi corazón en vano». Este es el resultado de la búsqueda. 

En el Salmo 73 el alma busca y razona en lo que encuentra. ¿Cuál es la conclusión? «¿Ha olvidado Dios su misericordia?». Esto es lo que resulta de mirar adentro. ¿Dónde, pues, hemos de mirar? Mira directamente hacia arriba y di lo que ves. ¿Cuál será la conclusión? Vas a entender el «fin» del hombre y seguir el «camino» de Dios.

Salmo 74

Un Salmo instructivo por Asaf. La historia de los sufrimientos de la iglesia ha sido siempre edificante; cuando vemos en qué forma los fieles confiaron y forcejearon con su Dios en períodos de extrema dificultad, aprendemos la forma en que hemos de comportarnos nosotros bajo circunstancias similares; aprendemos, además, que cuando la prueba cae sobre nosotros no nos pasan cosas extrañas, sino que seguimos las huellas de las huestes de Dios. (C. H. S). 

Hay un punto singular en este Salmo que nos recuerda el Salmo 44: no hay mención de ningún pecado nacional o personal, no hay súplica de perdón; y, sin embargo, apenas puede haber duda que el escritor del Salmo, sea quien sea, tiene que haber sentido de modo tan vivo como Jeremías, Ezequiel, Daniel, o cualquier otro de los profetas de la cautividad, los pecados e iniquidades que habían traído aquel mal lamentable sobre ellos. 

Pero, no obstante, a pesar de que haya reconvención, no hay queja; aunque haya lamento, no hay murmuración; hay mucho más que el grito del niño herido, que se pregunta por qué y está apenado de que el rostro de su padre se aparte de él con desagrado, y la mano del padre sea tan pesada sobre él. 

O podríamos casi decir que es como el grito de uno de los mártires que se hallan debajo del altar preguntando por qué este continuo sufrimiento para los suyos, pisoteados por los merodeadores y opresores, y exclamando: «¿Hasta cuándo, oh Señor, hasta cuándo?». Y, sin embargo, es la apelación de uno que estaba todavía sufriendo y gimiendo bajo la presión de las calamidades: «¿Por qué nos has echado para siempre? No entendemos las señales; ya no hay profetas entre nosotros». (Barton Bouchier).

Salmo 75

La destrucción del ejército de Sena-querib es una ilustración notable de este canto sagrado. Un himno a Dios y un cántico para sus santos. Feliz el pueblo que, habiendo hallado un gran poeta en David, tenía un cantor casi igual en Asaf; más feliz aún, porque estos poetas no se inspiraron en la fuente de Castalia, sino que bebieron de la «fuente de toda bendición». 

Salmo 76

Aquí canta la fe los triunfos conseguidos. El Salmo presente es un canto de guerra jubiloso, un trofeo para el Rey de reyes, el himno de una nación teocrática a su divino Soberano. No tenemos necesidad de marcar divisiones en un cántico en que la unidad está tan bien preservada. 

Salmo 77

«Salmo de Asaf». Asaf era un músico y poeta que cantaba con frecuencia en tono menor; era reflexivo, contemplativo, creyente, pero, pese a todo, había un punto de tristeza en su persona, y esto impartía un sabor especial a sus cánticos. 

Salmo 78

La mente del poeta-profeta estaba llena de historias antiguas que él presentaba en una serie copiosa de cantos, y entre el torrente de palabras había perlas y gemas de verdad espiritual capaces de enriquecer a los que podían buscarlas entre la profundidad de la corriente y sacarlas a la superficie. 

La letra de este cántico es preciosa, pero su sentido interior es inapreciable. El hombre más agradecido es el que atesora las misericordias de Dios en su mente, y puede alimentar su fe con lo que Dios ha hecho por él, de modo que sea corroborado con ellas en sus apuros presentes. (William Gurnall).

Salmo 79

Un Salmo de lamentación que podría haber sido escrito por Jeremías entre las ruinas de la ciudad amada. Evidentemente trata de los tiempos de la invasión, opresión y derrocamiento nacional. 

Salmo 80
Título: «Al músico principal; sobre Lirios». Ésta es la cuarta vez que vemos este título; los demás Salmos son el 45, el 60 y el 69. ¿Por qué se da este título? Es difícil decirlo en cada caso, pero la forma delicadamente poética del Salmo presente justifica muy bien el titulo encantador. El Salmo es un testimonio de la iglesia como un «lirio entre espinos». (C. H. S). (Continuará).

Extractado de El Tesoro de David, de C. H. Spurgeon.

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