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Una revista para todo cristiano · Nº 38 · Marzo - Abril 2006
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Preguntas y respuestas

Según la Biblia, ¿son los hombres los que se han de reconciliar con Dios
o es Dios el que es reconciliado con los hombres?

«...Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (2 Co. 5:18-20). Estos versículos nos muestran que la Biblia nunca apoya la idea equivocada y común de que tenemos que pedir a Dios que cambie nuestra actitud mental para que podamos ser salvados. Dios no siente odio hacia el hombre. Porque, por su parte, no hay problema alguno. Con frecuencia nos imaginamos que como el corazón de Dios es, al parecer, muy duro, se necesitan millares de ruegos para inclinarlo a que tenga piedad y nos perdone. Es necesario saber que la Biblia no da enseñanza alguna de este tipo.

«Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo». Dios nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo. Esto demuestra lo falsa que es la idea de que Dios nos aborrece y que, por tanto, son necesarias innumerables súplicas, confesiones, llantos y hacer mucha penitencia para que nos perdone. El hecho es que Dios está, en realidad, reconciliándonos consigo por medio de Cristo. Cuando Cristo estaba en la tierra, representaba a Dios. Todo lo que hizo por los hombres, en cada caso estaba haciéndolo en nombre de Dios, como si Dios lo hiciera. El amor de Cristo hacia los hombres manifestaba el amor de Dios en el cielo. Luego, finalmente, en su muerte en la cruz como el Salvador enviado por Dios para ser un sustituto, se nos muestra que Dios nos reconciliaba consigo mismo por medio de Cristo. El corazón de Dios hacia los hombres es de paz, no tiene absolutamente nada en reserva contra nosotros. De modo que la forma en que trata a los hombres es totalmente diferente de lo que los hombres piensan de él.

«Y nos dio el ministerio de la reconciliación»: el ministerio de los apóstoles es persuadir a los hombres a que se reconcilien con Dios Las personas piensan que han de suplicar a Dios que tenga piedad de ellos y los ame, sin darse cuenta de que él ya los ama hasta lo sumo. ¡Cuánto desea Dios reconciliarse con ellos! De ahí que en su predicación del evangelio los apóstoles ruegan a los hombres que se reconcilien con Dios; nunca piden a Dios que se reconcilie con ellos.

¿En qué forma se reconcilia Dios con los hombres? «No tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados». Ésta es la manera. Dios en Cristo nos reconcilia consigo mismo, no tomando en cuenta nuestros pecados.

«Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (v. 20). No le piden a Dios que se reconcilie con ellos. Algunos pueden pensar que Dios no quiere reconciliarse con ellos, pero en realidad él ha encargado a los apóstoles la tarea de rogarles que se reconcilien con él. La orden que recibimos de Dios es rogar a las personas, en Su nombre, que se reconcilien con él; no es pedir a Dios que se reconcilie con ellos. Así que nadie tiene que suplicar penosamente; lo que tiene que hacer es creer y aceptar lo que Cristo ha realizado.

No obstante, ¿no aborrece Dios el pecado? Sin duda, Dios aborrece el pecado. Pero si uno recibe al Señor Jesucristo, sus pecados son perdonados por Dios. Por tanto, hemos de tener cuidado en no dar la impresión equivocada a los demás de que el corazón de Dios siente aversión hacia ellos».

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(«Preguntas vitales sobre el Evangelio», W. Nee).