.
Una revista para todo cristiano · Nº 36 · Noviembre - Diciembre 2005
PORTADA
...

Preguntas y respuestas

¿Cuál es el milagro más importante del Antiguo Testamento?
¿A qué señala este milagro?

El milagro más importante del Antiguo Testamento es el que se refiere a Jonás, y este milagro señala la resurrección del Señor Jesús de entre los muertos.

Algunos aplican un énfasis equivocado sobre este milagro. Consideran que el que Jonás estuviera en el vientre del pez durante tres días y tres noches es un milagro que tipifica los tres días y tres noches que nuestro Señor pasó en el seno de la tierra.

Dejemos bien claro que el estar enterrado durante tres días y tres noches en la tierra después de la muerte es precisamente la ocurrencia común. El que una persona se lance al mar y que sea tragado por un gran pez se halla también dentro del reino de lo posible. No sólo no es un milagro el estar en el vientre de un gran pez durante tres días y tres noches, ni aun el estar cincuenta días y cincuenta noches es un milagro. Lo que es milagroso es salir del vientre del pez después de tres días y tres noches. El que Cristo estuviera en la tumba tres días y tres noches no es nada extraordinario, pero el que saliera de la tumba después de tres días y tres noches, esto es lo extraordinario y, por tanto, un milagro.

La muerte, pues, no es un milagro; lo que es un milagro es la resurrección.

Jonás había hecho su decisión, y no quería ir a Nínive hasta que hubo sufrido; tan lleno estaba de prejuicio racial. Dios le había ordenado que fuera a Nínive, pero él decidió ir a Tarsis. Por tanto, desobedeció a Dios, y Dios no estaba dispuesto a dejarlo pasar por alto. Así que Dios levantó una gran tempestad en el mar de modo que el barco estaba a punto de naufragar. Jonás comprendió en su corazón que él era la causa de aquel desastre.

Finalmente se vio forzado a pedir a los marineros que lo echaran al mar, con lo cual amainó la tempestad. Dios ordenó entonces a un gran pez que lo tragara, y Jonás permaneció en el vientre del pez durante tres días y tres noches. Después, Dios ordenó al pez que vomitara a Jonás, y lo hizo en tierra seca. Sólo entonces obedeció Jonás la orden de Dios de ir a Nínive y predicar el evangelio. Si buscas calma interior, por tanto, el viejo hombre que llevas dentro –o sea, este Jonás– tiene que ser echado al mar.

Jonás era una persona que se había rebelado y procuraba escabullirse de hacer la voluntad de Dios. Le echaron al mar a causa de su propio pecado. No fue así con nuestro Señor, sin embargo, porque él fue crucificado por causa de los pecados de los demás. Después que Jonás fue echado al mar, la tormenta amainó. Pero también es verdad que una vez que el Señor Jesús murió, quedamos reconciliados con Dios. Siempre que aceptamos la posición que nos da el Señor Jesús, conseguimos la paz. Jonás tuvo que ser echado al mar; nuestro Señor tuvo que morir. Y nosotros también hemos de morir, esto es, hemos de participar de su muerte.

El que Jonás fuera echado al mar y tragado y llevado dentro del vientre del pez tipifica la sepultura. El significado exclusivo de la sepultura es éste: que nosotros no podemos contemplar a los muertos. Después que Sara hubo muerto, Abraham habló con los hijos de Het y les dijo: «Dadme propiedad para sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí» (Gn. 23:4). En el bautismo reconocemos que la muerte del Señor Jesús es real y que es también real el que nosotros hayamos muerto con él. Hemos muerto con él, y así, hemos sido también sepultados con él. Por otra parte, Jonás fue vomitado por el pez sobre tierra seca, lo cual es tipo de la resurrección. El Señor Jesús resucitó de la tumba; pero nosotros también hemos resucitado con él.

La resurrección del Señor Jesús es el corazón de todos los milagros. La resurrección es más que un hecho objetivo, es también una experiencia subjetiva. Antes que Jonás fuera echado al mar, prefería la muerte a ir a Nínive; pero después que fue vomitado por el pez en tierra seca, fue sin resistencia a Nínive. El brusco cambio obrado en él fue debido a la obra de la resurrección. Después que hayamos sido salvados y experimentado la resurrección, estaremos dispuestos a hacer todo aquello que antes preferíamos morir antes que hacerlo. Antes sufríamos derrotas en muchas cosas y simplemente no podíamos vencer; pero ahora, después de haber recibido su vida de resurrección, hemos cambiado de modo radical.

(«Preguntas vitales sobre el Evangelio», W. Nee).

***