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Preguntas y respuestas ¿Es
la salvación una cuestión que depende enteramente de la
voluntad humana Los teólogos dan respuestas de carácter opuesto a esta persistente pregunta. Algunos dicen que nuestra salvación es puramente cuestión de la voluntad humana, otros insisten, sin embargo, que la verdad de Dios con frecuencia tiene dos lados. Si no andamos con cuidado, fácilmente podemos perder el equilibrio. La gente suele ir a los extremos. En realidad las dos cosas están implicadas. Si no fuera por la voluntad de Dios, nadie habría podido ser salvo. Pero, al mismo tiempo, la voluntad de Dios no sirve de nada si el hombre mismo no está dispuesto. Dios quiere, pero el hombre ha de querer también. ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos», dijo el Señor Jesús, «como la gallina sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste» (Lc. 13:34). Estos son los dos lados de la verdad. Los dos lados han de querer; si sólo uno quiere, las cosas no van adelante. Si deseamos conocer la verdad, no hemos de limitarnos sólo a un lado. Al tentar al Señor Jesús, Satanás le dijo: «Porque está escrito»; pero el Señor le contestó: «También está escrito» (Mt. 4:6-7). Es verdad, está escrito, pero hay que prestar atención al hecho de este «también está escrito». No es adecuado echar mano de un versículo o de unos pocos versículos y tratar de demostrar un lado de la verdad, porque hay muchos otros versículos que van a demostrar el otro lado de la verdad. Por ejemplo, el decir que un cristiano, una vez salvado, es salvo para siempre, es declarar sólo un lado de la verdad. Porque al mismo tiempo, si un cristiano, después de ser salvado, persiste en pecar, sin arrepentirse de ello, sin duda va a ser castigado. Aunque no va a ser castigado con la segunda muerte en sí, sin embargo, como dicen las Escrituras, va a «sufrir daño de la segunda muerte» (Ap. 2:11). Reconozcamos que esto también es la verdad. Alguien va a preguntar por qué, por un lado, la Biblia dice: «el que quiera, tome del agua de vida gratuitamente», y «todo el que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna», y, por otro, dice que la salvación de uno es predestinada por Dios. Alguien ha contestado esta pregunta muy bien. La respuesta de esta persona es básicamente esto: Fuera de las puertas del cielo están escritas las palabras «todo el que quiera, venga» (Ap. 22:17), y por ello todo el que quiera puede entrar. Pero esta persona, al entrar por la puerta del cielo, mira hacia atrás y ve escrito en el interior de la puerta: «Escogido desde la fundación del mundo» (Ef. 1:4). Esta respuesta muestra los dos lados de la verdad de Dios. Y nuestra propia experiencia realmente apoya esto. En el momento de creer, el creer es todo lo que se requiere. Con todo, una vez hemos creído, recordamos por qué hemos sido salvados, en tanto que otros que son mucho mejores que nosotros, no son salvos. Reconocemos que somos ignorantes y que no podemos explicarlo. Sólo podemos decir que nuestra salvación ha sido predestinada por Dios. Todo el que crea será salvo. Esta es la palabra a los no creyentes. Pero la elección de Dios la predestinación de Dios es la palabra para los creyentes. Sería poco juicioso, si no fuera un grave error, decir esta palabra para los creyentes a los no creyentes. Nótese bien, por ejemplo, que fue a los discípulos que el Señor afirmó: «Vosotros no me elegisteis a mí, sino que yo os elegí a vosotros» (Jn. 15:16). Estas palabras, por tanto, no deberían ser dichas a los no creyentes. Una vez, un estudiante de teología fue a ver a un siervo de Dios y le preguntó: «Hallo que la Biblia dice que la salvación del hombre ha sido predestinada por Dios. Mientras estoy predicando, miro el rostro de alguno y llego a la conclusión de que Dios no le ha predestinado para ser salvado. ¿Qué pasa, pues, si yo persuado a éste para que se salve?». El siervo de Dios, con mucho entendimiento, contestó: «Ve y predica. Y si tú persuades a alguno para que se salve, entonces, sin la menor duda, había sido predestinado por Dios». Deberíamos comprender que la razón por la cual Dios dice a los creyentes que están predestinados para ser salvados, es el propósito de impulsarles a ser agradecidos en su corazón, tal como podría expresarse de la siguiente manera: «Muchos no son salvados todavía; y yo, aquí donde estoy, soy salvo. Sólo puedo decir que Dios me ha escogido entre las decenas de millares. ¡Aleluya! Soy salvo, no por mis méritos, sino por causa del mismo Dios. ¡No puedo hacer otra cosa que estar agradecido y alabarle! De aquí que las palabras de Apocalipsis 22:17 sean dichas a todos los no creyentes. Y ésta es la manera en que la verdad es equilibrada. *** «Preguntas vitales sobre el Evangelio», Watchman Nee |