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Preguntas y respuestas ¿Por
qué los creyentes no están bajo la ley? (Rm. 6:14) Los creyentes no están bajo la ley porque: 1) ya han muerto, y 2) también han resucitado. Esto lo demuestra Romanos 7:1-6. Pablo presenta para ilustrarlo la parábola de una mujer con su marido. Al principio, determinaremos quién es el «marido» en este pasaje. Algunos dicen que el marido es la ley, en tanto que otros dicen que el marido es nuestra carne. Estas dos corrientes de opinión tienen sus respectivas razones. Al leer el pasaje cuidadosamente podemos ver que en realidad los dos pensamientos están incluidos. En el versículo 2 se nos muestra primero que el marido es la ley, pero luego también nos muestra que el marido es diferente de la ley. Así que el marido en este pasaje significa o bien la ley o la carne. Si el marido representa meramente la ley, entonces la cláusula «si el marido muere» significaría «si la ley muere». Pero, ¿cómo puede morir la ley? Por esta razón concluimos que el marido, aquí, puede o bien ser la carne o la ley. Antes que uno crea en el Señor está bajo la obligación de la ley. ¿Cómo puede ser librado? Sólo por medio de la muerte. Si muere es libre. Una vez muerto, está libre de la ley. Dios ya ha condenado el pecado en la carne de Cristo. Como nosotros hemos muerto en Cristo, estamos libres de la ley. Eres como una mujer, y tu carne es como el marido. Si mueres eres libre de la carne. Lo máximo que puede exigir la ley es la muerte. No importa cuántos crímenes haya cometido un reo; la ley, a lo más, puede condenarle a muerte sólo una vez. Una vez muerto, el caso queda concluido. Cuando morimos somos hechos libres de la ley. Por otra parte, se dice que «si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido». Somos exonerados de la ley por medio de la muerte. La primera mitad de la frase pone énfasis sobre la muerte, en tanto que la segunda mitad, enfatiza sobre la liberación. El mismo pasaje nos muestra también dos cuadros: el uno indica que por medio del cuerpo de Cristo yo he muerto para la ley, quedando totalmente libre de la ley. En el día en que Cristo murió, yo morí también. Así, puedo decir a la ley: No estoy bajo la ley. El otro cuadro indica que ahora puedo volverme a casar. Antes la ley era mi marido, pero ahora estoy de nuevo casada con Cristo, el cual ha resucitado de los muertos de modo que yo pueda llevar fruto para Dios. Por tanto, que ningún cristiano está bajo la ley. Si alguno dice: «Has de guardar la ley, has de guardar el sábado», debes hacerte cargo que si intentas guardar un solo punto del libro de la ley, sin pensarlo estás declarando que Cristo no ha muerto por ti, y por tanto estás rechazando la obra de Cristo. Comparemos las palabras de Romanos 6:14 con 3:19: «El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia». Esto indica que los creyentes no están bajo la ley. Pero ¿a quién hablan las cosas de la ley? «Porque sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios». Las cosas de la ley hablan a los que están bajo la ley. Como nosotros los cristianos no estamos bajo la ley, estas cosas de la ley no hablan para nosotros. ¿Por qué escribe Pablo la carta a los Gálatas además de la carta a los Romanos? Romanos nos informa que ningún pecador puede ser justificado guardando la ley; Gálatas nos dice que ningún santo puede ser santificado por las obras de la ley. Las obras no sólo no pueden salvar al pecador; tampoco pueden santificar a un santo. Tal como uno empieza en la gracia, debe ser perfeccionado por medio de la gracia. ¿Cómo puede imaginarse el que ha sido justificado por la fe que puede ser santificado guardando la ley? Si la justificación es por el Espíritu Santo, la santificación tiene que ser también por el Espíritu Santo. El camino del perfeccionamiento es el camino por el que entramos, porque Dios sólo tiene un principio de actividad. ¿Por qué se prohíbe tejer lana y lino? (Dt.22:11). Porque la lana se obtiene mediante el derramamiento de sangre, en tanto que el lino viene de una planta. Todo lo que es hecho por Dios es obra de Dios; todo lo que es hecho por el hombre es obra del hombre. Dios no quiere que se mezcle su obra con la obra del hombre. ¿Por qué es Cristo el fin de la ley? Lo es porque Cristo ha satisfecho todas las exigencias que la ley presentaba a los hombres. Primero, hemos de declarar que Cristo en su vida resume la ley. Dejando totalmente aparte el aspecto del Señor Jesús como Dios, detengámonos por un momento en el aspecto de que es hombre. Sólo hay un ser humano en todo el mundo que haya guardado la ley completamente, y esta persona es el Señor Jesús. No hay otro alguno antes de él ni después de él. Sólo él posee los méritos o calificaciones. Por lo tanto, él es la suma de la ley. En segundo lugar, la muerte de Cristo pone término a la ley. La exigencia más elevada y final es la muerte. Por ejemplo, supongamos que una persona ha infringido la ley de un país y se le ha condenado a muerte. Después de que se le ha dado muerte, la ley del país ya no puede hacerle nada más. La ley sólo puede exigir la muerte, y en la muerte todo queda resuelto. La ley dice que todo el que no guarda la ley debe morir. Pero el Señor Jesús ya murió, y por su muerte él da cumplimiento a la ley. «Fin» significa lo mismo que «final». ¿Qué se puede añadir después que se ha alcanzado lo final? ¿Qué más se puede hacer después? En consecuencia, que todo cristiano dé alabanzas a Dios, sabiendo que Cristo ya ha puesto fin a la ley. *** «Preguntas vitales sobre el Evangelio», Watchman Nee |