Sobre
todo deseemos ser uno
(es el Hijo de Dios quien convoca);
sobre todo queramos ser uno:
(es por fe que en su paz nos vincula).
Contra
todo lo adverso emergente,
en el cuerpo de Cristo acudamos
a la opción de Unidad que él prefiere,
sobre toda razón que divide.
Cada
miembro del cuerpo operando
en función de la vida de Cristo,
por la cual el Señor nos anima
hasta el día de gloria en su Reino.
La
unidad es fulgor que tempera
como el sol que renace en el alba;
unidad que no excluye a ninguno
y abre puertas de amor al hermano.
El
espacio de Dios está abierto:
en perfecta unidad acudamos
porque es Cristo el Señor el que acoge
en su alero de gracia gigante.
¡Que
en la iglesia de Dios se consagre
la completa unidad que hay en Cristo:
cada miembro integrado a su Cuerpo,
sin temor, al Señor se congregue!