|
|
|
Hacia una nueva etapa Cuando
hemos llegado al final de este ciclo, después de dos años
y medio de escribirles acerca de nuestro Señor Jesucristo y lo
que ha sido en nuestras vidas, no nos queda otra cosa que agradecerle
al Señor por su infinita misericordia, fidelidad y paciencia, pero
sobre todo por la gracia de tenerlo en nuestros corazones, y de habernos
permitido servirle en este Suplemento. EDITOR: Alvaro Soto V. «Acuérdate de Jesucristo» En la iglesia primitiva había un hermano llamado Timoteo, discípulo del apóstol Pablo. Timoteo, al ser un joven cristiano, tenía problemas muy parecidos a los nuestros. Probablemente
no era una persona de carácter fuerte y resuelto, ni con mucha
fuerza de voluntad. Por lo cual Pablo, a través de sus cartas,
le daba muchos y valiosos consejos, los cuales eran entregados en forma
de imperativos, por ejemplo: «procura... enseña... huye...
sigue... busca...», etc. Como tú y como yo, Timoteo solía olvidarse. Por eso el apóstol le dice: «Acuérdate». Muchas veces nuestra vida cristiana se basa en los amigos, la música, las canciones, la oración, la palabra, etc., y se nos olvida cual es el centro y el principio de todos nosotros... ¡¡¡CRISTO!!! Al igual que nosotros, si la mirada de Timoteo no estaba puesta en Cristo, sería muy fácil que fuera arrastrado por la corriente del mundo y el pecado. Por eso estas palabras no pasan de moda: son para ti y para mí. Jesús es precioso. Él y sólo Él puede saciar y llenar por completo nuestra vida. «Y de su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia». Andrés Fernández El mejor de los amigos Todos buscamos el amor. Deseamos ser aceptados y apreciados por otros. Si hemos sido criados en un hogar cálido y amoroso, parece fácil para nosotros dar y recibir amor. Sin embargo, el amor es más difícil de dar y obtener cuando hemos sido profundamente heridos. Si hemos decidido seguir a Jesús y le hemos entregado nuestro corazón, y por ende, le hemos pedido a él hacerse cargo de nuestras vidas, sentimos que tenemos a alguien en quien confiar. Cuando oímos su voz que nos susurra: «Yo soy el Príncipe de Paz» (Isaías 9:6), por primera vez entendimos el significado de ese título, dándonos cuenta que la verdadera paz, solamente viene de lo alto. El miedo no retorna. La paz llega al corazón que le busca con sinceridad. Después nos damos cuenta de que tenemos un verdadero amigo en Jesús, quien nunca va a fallar, a quien podemos contarle nuestros más profundos secretos, y él inundará nuestro espíritu con una real convicción de su presencia. Nuestro gran Amigo es un verdadero amigo, que nunca nos dejará o desamparará. «...No te desampararé, ni te dejaré...» (Hebreos 13:5). Jesús está conmigo y cuando el enemigo trata de separarnos, Jesús está orando por nosotros día y noche para que nuestra fe no falte. «...por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7:25) Jesús es la «Roca de los siglos». Él es el único con quien el hombre ha podido contar desde el principio. Él es una Roca, fuerte y segura aún en medio de las tormentas de la vida. Los que han construido sus vidas sobre esta Roca y han aprendido a confiar en este gran Amigo, no decaerán. Rodrigo Calderón |
||
|
«Bástate mi gracia» Cuando comenzamos esta difícil misión de escribir mensajes a jóvenes por medio de este Suplemento, vimos la gran oportunidad de servir al Señor en respuesta a nuestras oraciones. Nos encontrábamos en un momento de confusión. Ya no éramos tan jóvenes, pero aún seguíamos solteros y no nos sentíamos adultos del todo. Fue así que decidimos preguntarle al Señor qué quería de nosotros en ese momento, y junto a otros compañeros de fe nos dedicamos a buscar la voluntad del Señor para ese tiempo. En una de esas ocasiones en que estábamos juntos, nos llegó la invitación a participar del suplemento Bocetos. No sé si era esto lo que esperábamos por respuesta, pero nos habíamos dispuesto a aceptar su voluntad y vimos en esta invitación de los hermanos, una invitación del Señor a participar en su obra. Nos entusiasmamos tanto, que nos creíamos guerreros invencibles como el rey David. Pelearíamos esta batalla y ganaríamos en nombre de nuestro Dios. Surgieron rápidamente ideas revolucionarias, temas a tratar, formatos, etc. Lo que no sabíamos era el trato que nos tocaría vivir junto con el servicio. No ha sido fácil. Los temas se agotaban, las críticas aparecían, la colaboración escaseaba, y así nos fuimos dando cuenta que no éramos tan capaces como pensábamos. En un momento, a muy poco andar, pensamos en renunciar, pero el Señor nos socorrió, y nos sacó adelante. El clamor fue escuchado, vino respuesta del cielo y aparecieron algunos colaboradores. Pasado un año y medio aproximadamente nos dimos cuenta que cada mensaje que habíamos escrito, se nos devolvía. Venían las pruebas, las tentaciones, el Señor estaba probando en nosotros nuestros propios mensajes. Los invencibles guerreros pasamos a ser cual paralítico a orillas del estanque (Juan 5). Atados, inmóviles, queriendo hacer pero no pudiendo. Es aquí cuando vemos cumplirse uno de los propósitos que el Señor tenía con nosotros: somos incapaces de servirle con nuestras fuerzas, nuestros conocimientos y nuestras buenas intenciones. Ahí nos encontrábamos, en nuestra mayor debilidad, con mucho conocimiento, pero sin poder hacer nada. Pero gracias damos al Padre por Jesucristo, quien en su infinita misericordia nos dice: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.»(2ª Corintios 12:9a). ¡Gracias Señor por el privilegio de poder servirte, aún en nuestra debilidad! Rolly Hermosilla |
Si me dicen que.... Oh
amado mío, dulce mío, Si
me dicen que ellos son poderosos, Si
me dicen que ellos tienen conocimiento, Si
me dicen que ellos sanan, Si
me dicen que ellos hacen Y
si me dicen que la vida Clara Hermosilla · Santiago de Chile.
EQUIPO
DE REDACCIÓN DISEÑO
Y DIAGRAMACIÓN *** |
|