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Una revista para todo cristiano · Nº 29 · Septiembre - Octubre 2004
PORTADA
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El propósito de Dios es que seamos conformados a imagen de su Hijo. ¿Y cuál es la imagen del Hijo? Necesitamos de los cuatro evangelios para obtener una respuesta.

La imagen de Cristo

Christian Chen

Lectura: Filipenses 2:5-11 y Romanos 8:28-29.

En Romanos 8:28 se nos dice que nosotros fuimos llamados según su propósito, esto es, según el propósito de Dios. ¿Qué es el propósito de Dios? ¿Cuál es el deseo eterno de Dios? En Romanos 8:29, el Espíritu Santo explica cuál es su propósito: ser conformados a imagen de su Hijo. El propósito de Dios es que seamos conformados a imagen de su Hijo. En este texto de Romanos vemos claramente la voluntad de Dios.

¿Cuál es el propósito de Dios? Ese propósito es que seamos conformados a imagen de su Hijo. ¿Y cuál es la imagen del Hijo? Necesitamos de la palabra de Dios para que nos dé una respuesta: no su palabra ni la mía, sino la Palabra de Dios nos debe explicar eso. Si leemos cuidadosamente Fili-penses 2:5-11, seremos capaces de entender cuál es la imagen del Hijo.

En Filipenses 2:9 leemos: «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un hombre que es sobre todo nombre». Aquí vemos a nuestro Señor a semejanza de un rey. En Filipenses 2:7 dice: «tomando forma de siervo...». Aquí vemos que el Señor asumió la forma de siervo. Vemos, entonces, al Hijo a semejanza de un siervo. En Filipenses 2:7 nuevamente leemos: «hecho semejante a los hombres». Aquí vemos al Hijo a semejanza de hombre, en forma humana. En Filipenses 2:6: «siendo en forma de Dios». Aquí tenemos al Hijo en forma de Dios. Él es igual a Dios. Él subsiste en forma de Dios. En este texto, tenemos, entonces, la imagen de Su Hijo a semejanza de Dios.

En los versículos 5 al 11 de Filipenses 2 encontramos la imagen del Hijo a semejanza de rey, a semejanza de siervo, a semejanza de hombre y a semejanza de, o en forma de Dios. La imagen del Hijo a semejanza de rey nos es mostrada en el evangelio de Mateo; en el evangelio de Marcos, el Señor nos es mostrado a semejanza de siervo; en el evangelio de Lucas nos revela al Señor a semejanza de hombre; y la imagen de Su Hijo en forma de Dios nos es mostrada en el evangelio de Juan. De esa forma, si queremos saber cuál es la imagen del Hijo y lo que significa ser conformados a esa imagen, tenemos la respuesta correcta a través de los cuatro Evangelios, o sea, necesitamos de los cuatro evangelios para darnos esa respuesta.

Eso es muy importante porque necesitamos de algo bastante sólido de parte del Señor. Nosotros queremos algo práctico de la Palabra de Dios. Queremos aprender cómo ser conformados a imagen del Señor; deseamos que el Espíritu Santo nos explique detalladamente lo que significa ser transformados a Su imagen. Gracias a Dios porque tenemos los cuatro evangelios y porque son ellos los que nos van a decir cuál es la «imagen de Su Hijo». Esos cuatro evangelios no sirven solamente para que conozcamos a nuestro Señor, sirven también para mostrarnos cómo seremos transformados a Su imagen. Veamos esa cuestión más detalladamente.

Dos pactos cumplidos en Cristo

En Mateo 1:1 se nos dice que Jesucristo es el hijo de David y el hijo de Abraham. Sabemos que el hijo de David fue Salomón y que el hijo de Abraham fue Isaac.

En los capítulos 1 al 25 de Mateo se nos muestra al hijo de David; de los capítulos 26 al 28 tenemos al hijo de Abraham Los capítulos 1 al 25 hablan de Salomón, pues en esos capítulos vamos a descubrir la sabiduría de Salomón. En Mateo 12:42 el Señor afirma: «He aquí más que Salomón en este lugar». Aquí entonces se nos muestra a Jesús, el hijo de David.

En los últimos capítulos de Mateo vemos a Isaac, el hijo de Abraham. Al estudiar la vida de Isaac, veremos que la característica principal de su vida fue haber sido ofrecido en el altar. Abraham, su padre, lo ofreció sobre el altar; ese es Isaac. Si estudiamos los últimos capítulos de Mateo, descubriremos cómo nuestro Señor se ofreció en la cruz. Salomón e Isaac tipifican a nuestro Señor. Sin embargo, nuestro Señor es mayor que Salomón y mayor que Isaac. De esa forma podemos ver que el libro de Mateo nos habla cómo nuestro Señor es un rey.

Al estudiar la Biblia, descubrimos allí un pacto llamado ‘el pacto de David’. Existe el Antiguo y el Nuevo Testamento, es decir, el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto. Existe también un pacto llamado el ‘pacto de Abraham’, el cual es un pacto eterno. Hay, todavía, otro pacto eterno que es el ‘pacto de David’. Dios hizo un pacto con David, prometiéndole que su hijo lo sucedería en el trono. Salomón sucedió a David y se sentó en el trono. Pero, si usted estudia la Biblia, descubre que después de 17 reyes en la línea de sucesión al trono, no hay más reyes en ese trono. ¿Usted encuentra algún rey en Israel hoy sentado en el trono de David? ¡No!

El pacto de David dice que habrá alguien sentado en el trono de David, y su reino será sempiterno. ¿Podemos considerar el reino de Salomón un reino sempiterno? Es claro que no. Eso significa que el pacto que Dios hizo con David fue cumplido en Salomón de manera parcial. Pero lo más importante es que el pacto deberá cumplirse en alguien mayor que Salomón. Salomón es el hijo de David, pero en Mateo 1:1 leemos: «Jesucristo, hijo de David». El Señor Jesús es el verdadero hijo de David. Eso significa que un día él se va a sentar en el trono de David, y su reino será para siempre.

El rey según el modelo de David

Al estudiar el capítulo 1 de Mateo, muchas personas intentan dejar de lado los primeros 17 versículos porque no los entienden; pero, en verdad, allí hay oro y perlas escondidas. En estos versículos, descubrimos que de Abraham a David hay 42 generaciones, lo que corresponde a 14+14+14 (Mat. 1:17). Si estudiamos la historia del pueblo de Israel, veremos que 17 reyes se sentaron sobre el trono de David, sin embargo, el Espíritu Santo solamente reconoció 14 de esos reyes; por eso tenemos 14-14-14. ¿Por qué así? Porque, si sumamos todas las letras de la palabra David en hebreo, tenemos el resultado exacto de 14. ¿Qué significa el número 14? En la Biblia, el número 14 siempre habla de la cruz; nuestro Señor murió en la cruz un día 14. Si usted calcula el inicio del año de acuerdo al calendario judío, 1,2,3,4 ... si cuenta hasta el 14, en ese día nuestro Señor murió por nosotros. El número 14 siempre habla de la cruz.

Hoy el Señor Jesús es el rey en nuestros corazones, Él es el rey en el reino de los cielos. Él es el rey en la Iglesia según el modelo de David. ¿Y cuál es el modelo de David? ¿Cómo David de convirtió en rey? Él pasó primero por los sufrimientos y después alcanzó la gloria; él pasó primero por la humillación y después, fue exaltado. En el lenguaje del Nuevo Testamento, David pasó primero por la cruz, después ganó la corona. Nuestro Señor es el rey, pero ¿cómo Él llegó a ser rey? Él primeramente murió en la cruz por nosotros y después Él se sentó en el trono.

Agradecemos a Dios porque descubrimos que nuestro rey es diferente de todos los otros reyes; podemos reconocerlo sin ningún problema. Si visitáramos Inglaterra, veremos que la reina inglesa usa una linda corona de diamantes; es una corona gloriosa. De la misma forma, si visitáramos cualquier otro reino y estudiamos la historia de esos reinos, veremos cómo esos reyes llegaron al trono.

Incluso, si estudiamos el evangelio de Mateo, veremos que nuestro rey fue coronado con espinas. Nosotros nunca cometeremos un error al intentar identificar a nuestro rey: si vemos un rey con una corona de espinas, sabremos que Ese es el rey del reino de los cielos, Ese es nuestro rey, Ese es su rey, Ese es mi rey. Es por esa razón que tenemos 14+14+14; esa corona de espinas habla de la cruz, habla de 14+14+14.

Transformados a su imagen

¿Cómo podemos ser transformados? ¿Cómo podemos vivir una vida de realeza? ¿Cómo podemos vivir ese tipo de vida? A través del camino de la cruz. Primero la cruz, después la corona. Si nuestro Señor todavía hoy no es reconocido como rey, no espere que usted sea reconocido. Hoy, a los ojos del mundo, nosotros no somos reyes, aunque hay una vida de rey en nosotros. Por ejemplo, nosotros usamos el dinero, no es él el que nos usa; nuestras riquezas son nuestros siervos, ellas jamás pueden tornarse en nuestro dios, jamás pueden reinar sobre nosotros. ¿Cómo usa usted su dinero? ¿Cómo usted vive su vida? ¿Puede usted dejar la televisión cuando quiere? ¿Puede usted desligarse de la televisión sin problema alguno en medio de un programa?

Hermanos, el hecho de manifestar nosotros esa vida de reyes depende de si estamos siendo transformados a la imagen del Señor. A veces nosotros perdemos la paciencia, pero ¿es eso una vida de reyes? ¿Usted encuentra que estamos llenos de gloria cuando perdemos la paciencia y peleamos con nuestro hermano por mil dólares, por ejemplo? Usted puede argumentar: «Pero mil dólares es mucho dinero, yo puedo usar ese dinero para viajar a Florida. Es claro que yo voy a pelear por eso». Usted puede conseguir los mil dólares que usted desea, en cambio, usted pierde su corona; si usted pierde los mil dólares, usted ganará su corona.

Ahora, entonces, comenzamos a entender lo que el Señor dice en Mateo 10:39: «El que halla su vida, la perderá; pero quien la pierde por causa de mí, la hallará». Esa palabra vida significa en griego, vida del alma. Oh, hermanos, esos mil dólares son suyos, usted sabe eso, sin embargo, porque usted es transformado a Su imagen, usted pierde los mil dólares. Eso cuesta mucho para su vida del alma; usted hace sufrir su alma; usted hasta llora por causa de eso. Su alma sufre. Pero si estuviéremos prontos a perder nuestra vida del alma por el Señor, salvaremos y ganaremos nuestra alma. ¿Cuándo eso va a suceder? En el reino milenial. Durante esos mil años, usted encontrará su alma y descubrirá que su alma está salva. Es por esa razón que en la Biblia encontramos la expresión; la salvación del alma. Si sufrimos con Cristo hoy, seremos glorificados con él en aquel día.

¿Cómo vamos a vivir nuestra vida hoy? ¿Cómo reyes? Para ser promovidos por nuestros hermanos? ¿Para proyectar nuestra imagen como la de un rey? ¿Como un león de la tribu de Judá? ¡No, hermanos! Debemos vivir como un cordero. El cordero es siempre manso y humilde y, finalmente, él va hacia el altar. Hermanos, por esa razón, hoy tenemos que ser muy pacientes. Si nuestro Señor no es reconocido hoy en este mundo, ¿cómo nosotros podemos esperar una vida de gloria? Gracias a Dios, nuestra gloria está en el futuro. Debemos ser pacientes hoy, deje que ellos tengan gloria; nosotros vamos a ser humildes delante del Señor, deje que ellos tengan la prosperidad.

Entre los cristianos, descubrimos muchos que hoy están en la gloria; ellos mismos dicen que son los siervos de Dios. En realidad; ellos están queriendo decir que ellos son reyes. Hermanos, dejen que los otros sean reyes, dejen que los otros estén llenos de gloria. Si nuestro Señor no es reconocido hoy, ¿cómo nosotros nos atrevemos a querer ser reconocidos como reyes? Por esa razón, todo lo que podemos hacer es vivir una vida humilde, siguiendo el camino de la cruz. En realidad, cuando somos humildes, entonces somos exaltados; cuando estamos en la posición más baja, somos elevados a la posición más alta. Estamos sentados en lugares celestiales con Cristo; nosotros estamos sentados en el cielo hoy.

Hermanos, que el Señor tenga misericordia de nosotros; nosotros vamos a ser transformados de acuerdo con su imagen, la imagen de un rey. Por esa razón, hemos de ser pacientes, hemos de estar dispuestos a sufrir la pérdida. No pelee con sus hermanos, usted puede ganar la batalla, pero perderá la corona. Que el Señor tenga misericordia de nosotros. Vamos a recordar una cosa; en aquel día, cuando el Señor sea reconocido, nosotros también seremos reconocidos con él. Hoy nosotros somos simplemente los seguidores de Cristo; estamos satisfechos con nuestra vida, con nuestra vida humilde, con la vida de cruz. Ese es el evangelio de acuerdo con Mateo.

La visión de Jesús según los cuatro evangelios

¿Qué tipo de vida encontramos en el trono de Dios? Nuestro Señor está lleno de vida; al estar sentado al lado del Padre. Él es quien está más cerca de Dios, la vida está en Él. ¿Qué tipo de vida es esa? Podemos usar la Palabra de Dios para describir esa vida.

En el libro de Apocalipsis, encontramos cuatro seres vivientes. En el original griego está escrito «los vivientes», no dice «seres vivientes». Esas criaturas están llenas de vida, son las vidas que están delante del trono, ellas están muy cerca del trono. ¿Qué tipos de expresión tienen esas vidas? Descubrimos que hay cuatro aspectos de expresión de esa vida delante del trono. Cuando estudiamos los cuatro seres vivientes, descubrimos que uno tiene la semejanza de un león, el otro, la semejanza de un buey; otro, la semejanza de un hombre, y el cuarto, la semejanza de un águila.

¿Qué tipo de vida es esa vida delante del trono? ¿Qué tipo de imagen va a proyectar esa vida? Es la imagen de un león, de un buey, de un hombre, y de un águila. Eso explica exactamente los cuatro evangelios. En el evangelio de Mateo, Cristo fue presentado como un león, la vida de Cristo es como la vida de un león. En el evangelio de Marcos, tenemos la vida de un buey trabajando todo el tiempo, arando la tierra. Mientras el buey está en el campo, él está realizando la voluntad del labrador. Cuando llegamos al evangelio de Lucas, tenemos a nuestro Señor a imagen de un hombre, el hombre perfecto. En el evangelio según Juan, descubrimos a nuestro Señor a imagen de un águila; descubrimos que esa vida es una vida trascendente. Él está en los cielos, con todo, él descendió de los cielos.

Él está en la tierra, pero todavía está en el cielo. ¿Puede usted creer eso? Solamente un águila puede hacer eso, ella desciende del cielo, pero en cuestión de segundos, está en el cielo nuevamente. Esa es una vida trascendente, es una vida que está por encima de todo.

¿Vive usted ese tipo de vida? ¿Por qué usted está siempre deprimido? ¿Por qué usted está siempre debajo de alguna cosa? Si usted vive una vida de águila, usted descendió del cielo, pero todavía está en el cielo. Estamos sentados en lugares celestiales, usted está encima de todas sus dificultades y de sus problemas. Usted puede dormir muy bien, se olvida de su problema de presión alta, de su problema del estómago, del problema de la inflación. Su dinero está quedando cada vez más desvalorizado, pero gracias a Dios, usted está viviendo una vida de águila. Nosotros vamos a ser transformados de acuerdo con esa vida, es una vida trascendente. Los ojos del águila fueron creados de tal forma que ella es el único animal que puede mirar directamente al sol. Por esa razón usted descubre que en el evangelio según Juan solamente nuestro Señor puede contemplar al Padre directamente sin ser consumido.

Hoy, si un pecador llegara al lugar Santísimo, él moriría inmediatamente; él no puede permanecer en la presencia del Señor. Hermanos, que el Señor tenga misericordia de nosotros. La vida del Señor es una vida trascendente. El Señor usó la palabra «Yo» 120 veces y la palabra «Padre» también 120 veces. Cuando un hombre dice «Yo, yo, yo...» eso es vergonzoso y feo, sin embargo, cuando nuestro Señor dice «Yo», eso es glorioso, porque él dice: «Mi Padre y yo somos uno». Siempre que él dice «Yo», él también dice «Padre»; cuando él dice «Padre», también dice «Yo». Esa es la vida del águila, una vida con visión. Gracias a Dios, porque Juan estaba en el seno del Hijo, entonces él tiene la visión del Hijo. En todo el evangelio de Juan, la palabra «seno» solamente aparece dos veces. Usted puede conocer todo ese evangelio en dos frases.: «El Hijo en el seno del Padre» y «Juan en el seno del Hijo». Juan nos representa; nosotros estamos en el seno del Hijo, y el Hijo está en el seno del Padre. Esa es la vida del águila. Nosotros debemos ser transformados conforme a esa vida.

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Extractos del capítulo 1 del libro «Transformados a imagen de Cristo, el Siervo de Dios».