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Queridos
amiguitos:
Les
saludo con mucho cariño, deseando que ninguno de ustedes esté
enfermo. He oído en las noticias que el virus de la influenza (aquí
en Chile) está atacando principalmente a los más chiquititos,
así que les pido que se cuiden, que no se mojen y anden bien abrigaditos
para que no se enfermen.
Ahora, quiero contarles la segunda parte de la historia de Abram.
Una
promesa maravillosa
Tú
ya sabes que Abram era rico, y su sobrino Lot también. Tenían
muchos animales. Los criados de ambos empezaron a pelear, porque querían
llevar el ganado a los mejores pastos y a las mejores fuentes de aguas.
Cuando Abram lo supo, dijo a Lot: Esta tierra es grande, no tenemos
necesidad de vivir tan cerca. Así nuestros criados no pelearán
por el campo y por el agua. Dividiré la tierra contigo. Escoge
tú.
Abram podría haber elegido, puesto que la tierra se la había
dado Dios a él, pero fue generoso con Lot.
Por supuesto, Lot eligió la mejor parte, cerca del río Jordán,
para que no le faltara agua. También decidió vivir en una
ciudad llamada Sodoma, donde vivía gente mala.
Pero Dios, que ve todas las cosas, le hizo a Abram una promesa maravillosa.
Le dijo que le daría toda la tierra que pudieran ver sus ojos,
y que además le daría la tierra que Lot había escogido.
También le dijo que tendría muchísimos hijos, nietos
y bisnietos. Abram tendría tanta descendencia como las estrellas
del cielo, serían una gran nación y los bendeciría.
Abram se fue a Hebrón y allí construyó un altar para
adorar a Dios. Y cada vez que se iba a vivir a otro lugar, construía
nuevos altares.
Queridos
amiguitos, todavía me quedan muchas más historias que contarles
de Abram, así es que nos encontraremos en la próxima revista.
Adiós.
El
Suplemento "TESOROS" contiene enseñanzas, juegos, entretenciones
y manualidades.
Puede obtenerse completo en versión PDF (Acrobat Reader).
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