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Perfiles
Un
incidente vergonzoso
En su juventud, el evangelista Brownlow North había vivido una
vida turbulenta. Un domingo, antes de subir al púlpito, le entregaron
una carta. Su autor relataba un incidente vergonzoso en la vida de North
antes de su conversión, y decía que si North se atrevía
a predicar, él se levantaría en medio de la congregación
y proclamaría públicamente lo que aquél había
hecho una vez. North llevó la carta consigo al púlpito y
la leyó a la congregación. Les dijo que todo eso era cierto.
Les dijo cómo había sido perdonado por Cristo, cómo
había recibido poder para vencerse a sí mismo y dejar atrás
el pasado, y cómo, por Cristo era una nueva criatura.
Usó su propia vergüenza para atraer a otros a Cristo.
William
Barclay en Marcos
Sabiduría
pastoral
Un joven predicador fue a la iglesia de un anciano pastor, y durante todo
el sermón no hizo más que reprender a la congregación.
Cuando terminó, le preguntó al anciano qué tal le
había parecido la predicación. Éste le dijo: «En
casa tengo una vaca. Cuando quiero leche, le doy de comer. Ni le grito
ni la insulto.»
Citado
por D. L. Moody
Una
refutación magistral
Después de la revolución bolchevique, en Rusia, el dirigente
comunista local había sido enviado a hablar de las virtudes del
comunismo y apartar a la gente de la fe cristiana. Terminada su larga
arenga, el comunista, dirigiéndose al sacerdote del lugar, le dijo
con cierto aire de superioridad: «Le voy a dar cinco minutos para
rebatir». El sacerdote replicó: «No necesito cinco
minutos, sólo cinco segundos.» Subió a la plataforma
y pronunció la salutación de Pascua: «¡El Señor
ha resucitado!». Como un solo hombre, los aldeanos respondieron
atronadoramente: «¡Sí, ha resucitado!»
Billy
Graham en El mundo en llamas
Gozo
en medio del dolor
En 1897, el misionero Samuel Zwemer, su esposa y sus dos hijas navegaron
al Golfo Pérsico para trabajar entre los musulmanes de Bahrein.
Las temperaturas alcanzaban de forma regular los 42 grados en la parte
más fresca de la terraza. En julio de 1904, sus dos hijas, de cuatro
y siete años, murieron en el plazo de una semana. No obstante,
50 años más tarde, Zwemer miraba atrás a aquel período
y escribía: «Recuerdo el profundo gozo en medio de todo aquello.
Con alegría volvería a pasar por eso.»
John
Piper, en Sed de Dios
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