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Una revista para todo cristiano · Nº 28 · Julio - Agosto 2004
PORTADA
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"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

El consuelo de Dios

Aún recuerdo esa noche. Después de recibir una noticia devastadora, sentía una completa intranquilidad. Me dolía el corazón, tenía revuelto el estómago. Intenté dormir pero sólo fue una hora.

1 A. M. No podía dormir. No sólo había una tormenta de lluvia afuera, también en mi mente. ¿Qué hacer?. Leer un poco hasta que volviera el sueño. Media hora de lectura, y un poco más de sueño.

3 A. M. Una pequeña oración. «¡Ayúdame Señor! ¡Ayuda mi incredulidad!». Más intranquilidad, más pensamientos, más recuerdos. Seguía lloviendo. Vueltas y vueltas en la cama. La angustia me estaba matando.

7 A. M. Se hizo la luz. El Señor me llevó al Salmo 86. A medida que lo leía, me decía: «Es para mí. Sí, es exactamente como me siento». Comencé a repetirlo y a orarlo. Sólo entonces brotaron las lágrimas. Esas lágrimas preciosas que limpian los ojos para ver al Señor, para ver la luz en medio de la oscuridad. El Señor me consoló con su Palabra.

Inclina, oh Señor, tú oído, y escúchame,
Porque estoy afligido y menesteroso.
Guarda mi alma, porque soy piadoso;
Salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía.
Ten misericordia de mí, oh Jehová;
Porque a ti clamo todo el día.
Alegra el alma de tu siervo,
Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma.
Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador,
Y grande en misericordia para con los que te invocan.
Escucha, oh Jehová mi oración,
Y está atento a la voz de mis ruegos.
En el día de mi angustia te llamaré,
Porque tú me respondes.
Salmos 86:1-7

Hoy miro hacia esa noche, y veo la mano de Dios. Verdaderamente el Señor me respondió y alegró mi alma.

EDITOR: Alvaro Soto V.

 

Tocando al Señor

Había en Israel, en los tiempos del Señor Jesús, una mujer que padecía una enfermedad que, aunque no la había conducido a la muerte, la atormentaba desde hacía doce años. También había invertido en médicos todo lo que tenía y no hubo resultados. Esta mujer probablemente estaba desesperada y en un acto de fe, se acercó a Jesús, tocó el borde de su manto y fue sana.

Hermanos, esta no es sólo una historia de la vida del Señor Jesús, no es sólo un milagro que quedó registrado por mera casualidad. Ocurre que este acontecimiento se registra en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas. Esto no es coincidencia; Dios quiere enseñar algo a través de este pasaje. ¿Cuál es la aplicación de esta historia?

Por favor, abre tu Biblia y lee el pasaje de Marcos 5:25-34 y si es posible, las referencias de Mateo y Lucas.
En Marcos 5:27 se explica que el milagro ocurrió cuando la mujer tocó el manto del Señor. El v. 28 muestra claramente la fe de la mujer. Pero la gran enseñanza se encuentra en el versículo 30: «Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él...». En resumen: el versículo 27 habla de tocar; el 28 de la fe y el 30 sobre el poder.

«Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20).
Cuando nos reunimos en el nombre del Señor, él mismo se hace presente en ese lugar. Lo más probable será que no lo veas, pero él está ahí. Puedes hablarle, cantarle, adorarlo, etc., pero también puedes tocarlo. Este contacto no será físico, por lo tanto se necesita fe, igual que aquella mujer.

¡Hermanos, si conseguimos tocar al Señor en nuestro espíritu, el versículo 30 se hará realidad en nosotros! ¡Habrá poder! ¿Cuánto? Lo necesario ¿Necesitas sanidad, inteligencia, trabajo, amigos, una compañera (o)? Sea cual sea tu necesidad, ¡Jesús es suficiente!
¡Oh, Jesús es maravilloso! Él no se niega a que lo toquemos, él quiere que nosotros toquemos su manto, una y otra vez. Su poder nunca se acaba. Luego de tocar a Jesús la vida de esta mujer cambió para siempre. Nuestras vidas también pueden cambiar hoy.

No menosprecies las reuniones de los santos, Jesús está ahí. Puede ser en un cántico, en una oración, a través de la Palabra. Lo importante es tener la convicción (fe) de su presencia. Él dará el poder para suplir la necesidad de tu corazón ¡Bendito es nuestro Señor Jesucristo!

«Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia» (Juan 1:16).

Andrés Fernández

 

Por nada afanosos

Mientras nuestra economía va en espiral hacia abajo y muchos están perdiendo sus empleos, el temor se apodera de nuestros corazones. ¿Qué pasara en el futuro?

El apóstol Pablo, que escribió gran parte del Nuevo Testamento, sabía lo que era el estar metido en problemas. De hecho, sus cartas a las iglesias que había establecido las escribió mientras estaba en la cárcel, encadenado a un soldado romano. Su vida había sido de persecución y dificultad desde el momento en que comenzó a enseñar que Jesús es el Cristo (Hechos 9:22-23). A pesar de los arrestos, apedreamientos, y otras situaciones que lo pusieron al borde de la muerte, pudo mantenerse gozoso en el Espíritu. Él le escribe a la iglesia de Filipos: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con oraciones y ruegos y toda acción de gracias; y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestras mentes y vuestros corazones por medio de Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7)

Un evento reciente en la vida de una amiga mía confirma lo que escribió Pablo. Ella acababa de orar a Dios para que no le permitiera estar tan excesivamente preocupada, cuando encendió el televisor y escuchó a la esposa de un evangelista decir: «Debo interrumpir este programa porque hay alguien viéndonos que acaba de orar para ser libre de la ansiedad. Le diría que lea Filipenses 4:6-7». Mi amiga leyó esos versículos escritos por Pablo que cité más arriba.

La importancia de su oración y de esos versos bíblicos se hizo evidente más tarde ese día, cuando su esposo llegó del trabajo con noticias de que su lugar de trabajo había cerrado y de que ya él no tenía empleo. Mi amiga fue capaz de responder con toda honestidad: «No te preocupes, el Señor proveerá». Su paz continúa, pero lo que más le sorprende a ella es el hecho de que ¡su esposo también tiene paz! Ellos están manejando la situación como dice el verso «dando gracias y orando». No son sus corazones los que están guardando la paz; es Su paz la que está guardando sus corazones. «Él mismo es nuestra Paz» (Ef. 2:14, NVI).

Jesús dijo, «No os preocupéis diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿Qué beberemos?’ o ‘¿Qué vestiremos?’... Porque vuestro Padre Celestial sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mat. 6:31-33).

Mientras los tiempos se vuelven peores, tal como Jesús dijo que sucedería (Mateo 24:6-13), mantengamos nuestros ojos fijos en él, que es nuestra Roca (1 Cor. 10:4). ¡Si lo aceptamos y le obedecemos como Señor de nuestras vidas, entonces su promesa de alimento y ropa adecuada es nuestra!

Rodrigo Calderón


Amando cuando no hay "amor"

El Señor nos sorprende todos los días hablándonos a través de distintas personas o hechos. Esta vez me habló por medio de un texto que estudiaba en un Taller de la Universidad, un diálogo entre el orador de una conferencia y un auditor. El diálogo era más o menos así:

OYENTE: ¿Sabe? Me gusta lo que dice, pero las situaciones difieren. Por ejemplo, mi matrimonio. Estoy realmente preocupado. A mi esposa y a mí ya no nos unen los antiguos sentimientos. Supongo que ya no la amo, y que ella ya no me ama a mí. ¿Qué puedo hacer?
ORADOR: ¿Ya no sienten nada el uno por el otro?
OYENTE: Así es. Y tenemos tres hijos, que realmente nos preocupan. ¿Usted qué sugiere?
ORADOR: Ámela.
OYENTE: No me entiende. El amor ha desaparecido.
ORADOR: Entonces ámela. Si el sentimiento ha desaparecido esa es una buena razón para amarla.
OYENTE: Pero, ¿cómo amar cuando uno no ama?
ORADOR: Amar, querido amigo, es un verbo. El amor –el sentimiento– es el fruto de amar, el verbo. De modo que ámela. Sírvala. Sacrifíquese por ella. Apréciela. Apóyela. ¿Está dispuesto a hacerlo?

Sorprendente respuesta. Pero, ¿qué lección podemos sacar los creyentes de este diálogo?
Ciertamente el orador está en lo correcto: amar es un verbo, una acción. Dios nos ama, no de palabra, sino de hecho. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Jn. 3:16).

Esta conocida cita bíblica nos muestra claramente que Dios nos ha amado con hechos. También Romanos 5:8: «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». El sacrificio de nuestro Señor es el mayor ejemplo de amor. Él nos ama con hechos, no con palabras bonitas.

Ahora veamos 1ª de Juan 3:16. «En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner la vida por los hermanos». El Señor nos insta a amar a nuestros hermanos con acciones. Creo que aquí está la clave de cómo amarnos los unos a los otros.

Muchas veces no es fácil amar a todos los hermanos. Más de una vez nos encontramos con hermanos a quienes nos cuesta amar con el sentimiento. Pero es aquí donde debemos actuar y amar con hechos, sirviéndoles, preocupándonos por ellos, atendiendo sus necesidades, poniendo nuestra vida por ellos.
El Señor nos enseñe a hacer realidad esta palabra en nuestra vida. Sólo Jesucristo puede enseñarnos a amar, con amor verdadero.

Rolly Hermosilla


EQUIPO DE REDACCIÓN: Alvaro Soto V. · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón U.
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: Dámaris Apablaza A. · Andrés Contreras L.

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