|
Un
llamado a vencer
R.
E. Neighbour
¡Demasiado
tarde!
Ya
no aspira mi corazón
a las alegrías del Reino:
Arrojé de mí esa esperanza.
Viví para el ego, el tiempo,
y la ostentación vana;
y ahora, ¡ay de mí!,
pagar debo mi error:
«¡Apenas salvo,
salvo como por fuego!»
Sabía
que así habría de ser.
Sabía que los que sufren
y Sus dolores llevan,
reinarían con Él
en Su reino terrenal;
que sólo los fieles
ganarían el Reino
donde las alegrías
fluyen sin parar.
Cómo
mi espíritu gime,
al ver a los santos marchando, coronados,
en medio de ese grupo
debería yo estar,
entre querubines,
con los santos victoriosos.
Mas ahora, lloro y lamento.
Es demasiado tarde, me imagino.
Cristo ya va a sentarse
en el trono de David;
junto a Él todos
los que son dignos están,
en tanto, sin corona y excluido,
yo estoy aquí.
¡Escoge
ahora!
¡Haz
ahora tu elección, cristiano!
Para que no pierdas tu corona,
para que no falles
en alcanzar el premio,
mira al mundo cual basura,
sufre la pérdida,
si buscas en los cielos recompensa.
Sal
del campamento, fuera,
carga el oprobio y la vergüenza
que sobre el fiel y verdadero vienen;
Corre bien tu carrera,
diciendo adiós a todo impedimento.
Si
sufres la vergüenza,
la herida y la culpa,
con tu Señor reinarás en breve;
mas si el sufrimiento desprecias,
y a Cristo niegas,
Él también te negará en aquel día.
***
|