.
Una revista para todo cristiano · Nº 26 · Marzo - Abril 2004
PORTADA
.
"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

El joven cristiano y el mundo

En este número hemos querido abordar la relación entre el joven cristiano y el mundo. A veces como jóvenes nos vamos a los extremos. Por un lado, probar todo lo que ofrece el mundo, su cultura, su diversión, también sus pecados, pensando que no afecta tanto la vida cristiana. Por otro, hay jóvenes que caminan como santurrones, que no comparten con sus compañeros de trabajo o estudio, que se encierran tanto en la iglesia que parecen ermitaños.

Creemos necesario hacer la diferencia entre el mundo como sistema y las personas que están en el mundo.

El juicio que el Señor hace sobre el mundo es lapidario. “No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1ª Juan 2:15). “El mundo entero está bajo el maligno” (1ª Juan 5:19). El mundo como sistema está corrompido completamente, porque está gobernado por Satanás. No sólo lo feo del mundo sino también lo que a simple vista parece aceptable, la política, la ciencia, la religión.

Por otro lado, el Señor ama a los pecadores, así como nos amó a nosotros, tanto como para morir en la cruz para salvarnos. El Señor Jesucristo dijo: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo” (Juan 17:9). “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16).

Como creyentes, debemos rechazar la influencia negativa del mundo, pero tenemos que mostrar una actitud de amor y servicio para con los que nos rodean. Así, con nuestras palabras y acciones daremos un buen testimonio del Señor Jesús.

Alvaro Soto


La influencia del mundo

¿Cuánta televisión debería ver? ¿Está bien ir al cine? ¿Hacen mal los videojuegos violentos? Éstas son preguntas muy frecuentes de los jóvenes cristianos. Y muy importantes también, ya que los niños y adolescentes gastan de 3 a 6 horas diarias en estas formas de entretención. ¿Qué dice la Biblia?

La Biblia es muy clara en diversos asuntos como las relaciones sexuales antes del matrimonio, el beber en exceso, el homicidio, etc. pero no se refiere abiertamente al entretenimiento. La Biblia no dice “no debes ver televisión o están prohibidos los videojuegos”, pero con la ayuda del Espíritu Santo podemos obtener principios que respondan a nuestras preguntas. Veamos dos principios que nos serán de mucha ayuda.

1. La basura produce basura
Lo que ponemos en nuestra mente afecta lo que pensamos y lo que hacemos. La Biblia dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). O como alguien escribió: “El hombre se convierte en lo que piensa todo el día”. Si te alimentas de basura, el resultado final no puede ser otro que basura. Si te llenas la cabeza de cosas impías, contrarias a la fe de Jesucristo, a través de la televisión, películas o Internet, sólo cosecharás pecado y se afectará tu relación con Dios.

2. Pensar en lo bueno
El apóstol Pablo nos aconseja sobre cuales deberían ser los pensamientos de un creyente. En Filipenses 4:8, él escribe: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Podemos encontrar algo bueno o interesante en la televisión o en las películas, pero será insuficiente para mantener la pureza de nuestra mente.

Como jóvenes creyentes, necesitamos llenarnos del Señor siempre. Alimentarnos de su Palabra. Pedir en oración el discernimiento que sólo proviene del Espíritu Santo, para decidir hasta dónde conviene ver televisión, qué películas podemos ver, qué páginas de Internet podemos visitar. En resumen, una comunión diaria con el Señor Jesucristo.

Alvaro Soto

 

Aprendiendo a testificar

Después que fui salvado, comencé a amar a los pecadores de forma espontánea, y deseaba que ellos se salvaran. Con ese fin empecé a predicar y a dar testimonio entre mis condiscípulos. Sin embargo, tras un año de trabajo, nadie se había salvado. Pensé que el problema estaba en mi manera de explicarles el evangelio. Aunque yo tenía mucho que hablar acerca del Señor, a mis palabras les faltaba el poder para mover a los oyentes.

En este tiempo, me encontré con una misionera occidental, la Srta. Groves, quien me preguntó el número de personas que yo había traído al Señor tras mi salvación. Con vergüenza admití que, aunque había predicado a mis condiscípulos, no quisieron oír, y cuando escuchaban, no creían.

Cuando rehusaban oír, yo creía que había cumplido mi trabajo, y ellos tenían que asumir las consecuencias. Ella me habló con franqueza: «Eres incapaz de llevar a las personas al Señor porque hay algo sin solucionar entre Dios y tú. Pueden ser pecados sin confesar, o asuntos pendientes con alguien».

También me preguntó acerca de la manera en que yo testificaba. Yo escogía a las personas al azar y les hablaba, sin tener en cuenta si estaban oyendo o no. Ella me dijo: «Esa no es la manera correcta. Tienes que hablar primero con Dios, antes de hablar a las personas. Haz una lista de nombres y pregúntale a él por quién debes orar. Ora diariamente, mencionándolos por sus nombre. Entonces él te dará la oportunidad, y tú les hablarás».

Después de esa conversación, empecé a tratar con mis pecados haciendo restitución inmediata y pagando mis deudas, reconciliándome con mis condiscípulos, y confesando mis ofensas. Anoté en mi cuaderno los nombres de aproximadamente setenta compañeros y empecé a orar diariamente por ellos, mencionando sus nombres. Oraba a toda hora e incluso en clase, silenciosamente.

Cuando la oportunidad surgía, yo les daba testimonio e intentaba persuadirlos a creer en el Señor Jesús. Mis compañeros a menudo hacían chistes cuando me veían venir: «Ahí viene Don Predicador. Vamos a escuchar su predicación», aunque en verdad no tenían intención de escuchar.

Llamé de nuevo a la Srta. Groves y le dije: «He seguido sus instrucciones totalmente, pero todavía no ha habido resultado». Contestó: «No te desanimes. Sigue orando hasta que algunos se salven». Seguí orando. Cuando la oportunidad se presentó, compartí mi testimonio y les prediqué el evangelio. Gracias al Señor, después de varios meses, se salvaron todos menos uno de las setenta personas cuyos nombres estaban en mi cuaderno.

Extracto de “El Testimonio de Watchman Nee”


¿Qué quiere Dios para mi vida?

Rolly Hermosilla

Es natural querer conocer cuál es la voluntad de Dios en algunos asuntos específicos, como: qué quiere Dios que yo estudie, o en qué quiere que yo trabaje, si él quiere que me case y con quién, o en qué quiere que le sirva, etc. No resulta fácil tomar decisiones sobre temas tan importantes.
Hay decisiones en que –si conocemos la palabra de Dios– no necesitamos consultar sobre ellas, como por ejemplo: obedecer o no a nuestros padres, casarme o no con una persona inconversa, etc. La Biblia es muy clara en estos temas.

Quizás pensamos que Dios no está preocupado por nosotros. «Soy tan insignificante ... Él tiene tantas cosas más importantes en que ocuparse». Pero no, él siempre nos tiene presentes, nos ama tanto que quiere participar en todas nuestras decisiones.

Una vez que sabemos que Dios quiere participar en nuestra vida, y que tiene una voluntad perfecta para nosotros, debemos permitirle que actúe, y estar dispuestos a aceptar su voluntad.

¿Cómo saber si lo que hago es la voluntad de Dios? Él no nos va a hablar directamente, no va a enviar un ángel o una paloma con un mensaje. Él nos da recursos que podemos utilizar para tomar una decisión correcta, o para confirmar si lo que hacemos es o no su voluntad. Uno de ellos es la oración. Jesús siempre oró para conocer la voluntad del Padre, y nos dejó un ejemplo de oración en la cual se pide que ésta sea hecha (Mateo 6:8-13).

Es muy importante el escudriñar y conocer las Escrituras, ya que nos evitará buscar consejo o tener dudas sobre cosas que Dios deja muy en claro a través de su palabra (Juan 6:68).

Debemos buscar además el consejo sabio de creyentes maduros en la fe (padres, pastores, hermanos de buen testimonio en la iglesia). El consejo es más objetivo, ayuda a superar la falta de experiencia y a no tomar una decisión puramente emocional (Prov.15:22).

Las circunstancias a menudo nos ayudan a saber si lo que queremos hacer es realmente la voluntad de Dios. Él nos permite o nos prohíbe realizar ciertas cosas a través de las circunstancias (Romanos 1:13).

Debemos estar concientes de que la voluntad de Dios es, por lo general, contraria a la nuestra, así es que dispongámonos a aceptarla aunque no nos guste, porque Su voluntad es perfecta.


Cómo enfrentar la crítica

Rodrigo Calderón

Las palabras de crítica inesperadas pueden ser tan dolorosas para el alma como las ofensas físicas lo son para el cuerpo. Una vez que las has recibido, comienzas a experimentar una agitación extraña en tu corazón. Nos quedamos inmóviles, sin pronunciar palabra, mientras la persona que nos hirió se va. ¿Qué podemos hacer? La Palabra de Dios nos muestra una forma de salir victoriosos.

Primero, pidamos la ayuda de Dios, como hizo David: «Jehová Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen y líbrame» (Salmo 7:1). Nuestra primera acción debería ser buscar a Dios. Si la situación no te permite alejarte para tener un momento de oración, simplemente di en silencio: «Señor, ayúdame a reaccionar de la manera que te agrada a ti».

Aprendamos a controlar nuestra boca. Muchas veces, las palabras de autodefensa son las primeras que cruzan por nuestra mente. Sin embargo, el Salmo 34:13 nos advierte: «Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño». Entonces, ¿qué decir? Debemos responder con amor. Jesús dijo: «Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, hacer bien a los que os aborrecen, y orad por lo que os ultrajan y os persiguen» (Mateo 5:43-44).

Escuchemos la suave voz de la guía de Dios, antes de responder una crítica. No busques venganza, a pesar de lo tentador que pueda parecer. Cuando tu carga ha sido comunicada a Dios en oración, debes esperar en él. «Mía es la venganza y la retribución» (Deuteronomio 32:35).

Es necesario perdonar aunque no recibamos una disculpa. «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial» (Mateo 6:14).

Una vez que hemos perdonado, hay un paso final importante. Debes detenerte y preguntarte a ti mismo: ¿Fue cierta alguna de las críticas o acusaciones? A veces son el producto de la ira o de la frustración, pero también pueden ser reales. Dios podría estar usándolas para atraer tu atención hacia un área problemática de tu vida. Como creyentes, siempre debemos estar abiertos a aceptar sugerencias para mejorar. Dios entiende el dolor que puede resultar de la crítica, ya que él está constantemente contigo, y es testigo de todas tus emociones.

Que su presencia de amor sea tu fortaleza cuando te enfrentes a las críticas. En lugar de hacer interno tu dolor, entrégaselo al Señor quien está esperando convertir tu lamento en gozo.


EQUIPO DE REDACCIÓN: Alvaro Soto V. · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón U.
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: Dámaris Apablaza A. · Rocío Soto V. · Andrés Contreras L.

***