.Una revista para todo cristiano ·
Nº 25 · Enero - Febrero 2004
PORTADA
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"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

La voluntad de Dios para los creyentes jóvenes

Al comenzar un nuevo año, presentamos Bocetos con un nuevo formato y una nueva orientación. Esperamos con la gracia de Dios, atender a las inquietudes de los jóvenes cristianos de 15 a 20 años. Declaramos que necesitamos del Señor Jesús para poder servir en este propósito, y también de ustedes, jóvenes que nos leen. Les invitamos para que se comuniquen con nosotros a través del correo electrónico*, a través de cartas, o personalmente, para conocer sus inquietudes.

Los años de la adolescencia y juventud constituyen la etapa en que la mayoría tiene que enfrentar las tres decisiones más importantes de su vida: la decisión sobre su salvación, la decisión sobre su matrimonio y la decisión sobre su vocación.

En este número hemos querido hablar acerca de la voluntad de Dios, en general para los jóvenes y en particular, para cada joven; acerca de cómo elegir una carrera, y también hemos pedido a un pastor que nos aconseje respecto a los jóvenes que sienten fuertemente un llamado para servir al Señor a tiempo completo. Esperamos que este material les sea útil para tomar decisiones en Cristo.

Alvaro Soto


La voluntad de Dios para todos los hombres

Rodrigo Calderón

Cuando los jóvenes llegamos a ser creyentes, tenemos que aceptar la voluntad de Dios y ser gobernados por ella. Si le obedecemos humildemente, nos evitaremos muchos problemas.

Muchos de los jóvenes no nos hemos percatado de que la parte principal de la voluntad de Dios ya ha sido revelada. No tenemos que orar sobre ella, ni buscarla.

Si nos damos cuenta, veremos que los puntos principales de la voluntad de Dios son:

1. Que todos los hombres y mujeres “sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Tim. 2:4).

2. Que cada creyente joven obedezca a sus padres. “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (Ef. 6:1).

3. Que los jóvenes cristianos compartamos nuestra fe con los demás. En nuestras oraciones no debemos preguntar: «¿Debo testificarle a mi amigo?» o «¿Debo compartir mi fe con mis familiares?». Es su voluntad que compartamos nuestra fe con “todas las naciones” (Mateo 28:19-20).

4. Los jóvenes cristianos debemos mantener la pureza sexual. “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Tes. 4:3).

5. Finalmente, los jóvenes cristianos hemos de ser llenos del Espíritu Santo. El Espíritu entra en la vida de cada creyente en el mismo instante en que es salvo. “ Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cual es la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución antes bien, sed llenos del Espíritu” (Ef. 5:17-18).

Que cada persona que se entrega a Cristo se consagre a él, someta su vida, su futuro y su propia voluntad a Cristo. Este es el próximo paso en la voluntad revelada de Dios para todos (Rom. 12:1-2).

 

Cómo elegir una carrera

Alvaro Soto

Desde los cuatro o cinco años nos enfrentamos a la pregunta: “¿Qué vas a ser cuando grande?”. Es una ironía que los niños parecen tener una idea más concreta que después, cuando tienen 18 ó 20 años y ya están al umbral de una carrera.

La mayoría elige su carrera en los últimos años de su adolescencia, hacia el final de la enseñanza secundaria. De allí pasan a la universidad o a un trabajo. Pero muchos inician estudios superiores sin saber realmente a dónde quieren llegar. Algunos cambian de carrera varias veces; otros van de un trabajo a otro. Muchos toman decisiones apuradas que los dejan atrapados y lamentándose para toda la vida.

Problemas al elegir una carrera

En la elección de una carrera influyen diversos factores: presiones familiares, presiones sociales, las circunstancias y su actuación en el pasado. Los padres a menudo empujan a sus hijos para que tomen decisiones rápidas, que pueden impedir una planificación bien pensada, resultando en una elección desacertada.

Hay presiones de los amigos, de la escuela, o incluso de la iglesia. Pueden ser circunstancias familiares: enfermedad, ambiente familiar tenso, o de índole financiero, incluso un embarazo no planeado. El éxito o fracaso en la escuela también determina qué tipo de carrera se elige. Estos aspectos comúnmente caracterizan a la decisión apurada y desacertada.

Una elección correcta

Dios tiene una voluntad para cada uno de nosotros, que incluye la decisión de trabajar o de seguir estudiando. Al elegir una carrera entran en juego varios factores: la voluntad de Dios, nuestra personalidad, intereses y habilidades, y los valores.

La voluntad de Dios: Ya vimos en el artículo anterior lo importante que es para un joven buscar la voluntad de Dios. Recibimos claridad a través de la Palabra, de la oración y del consejo de los hermanos.

Personalidad: Un joven muy sociable tenderá a trabajar mejor con personas, a diferencia de alguien más tímido, que se sentiría más a gusto frente a un computador.

Intereses y habilidades: Una persona rinde más en una ocupación que coincide con sus intereses, aptitudes y habilidades. Por ejemplo, si un joven no es bueno para las matemáticas no debería estudiar ingeniería.

Valores: Los valores que motivan al mundo son: ganar dinero, lograr una posición social o económica y desarrollar la creatividad. Como creyentes, nuestros valores son mucho más altos. Tenemos un solo valor: Cristo. Un hermano aconsejaba: “Debes escoger una carrera (y una profesión) que te permita servir al Señor, que te entregue algunas herramientas para hacerlo, que te permita tener tiempo libre, que no te esclavice, en la cual tus principios no vayan a ser permanentemente atacados o vulnerados, y donde tú no encuentres ningún riesgo de alejarte del Señor”.

Una elección desacertada
Quien toma una decisión equivocada sentirá los efectos de muchas maneras: insatisfacción, inestabilidad, dificultades emocionales, baja autoestima y consecuencias espirituales.
En resumen, elegir una carrera no es una cosa fácil. No es bueno caer en el extremo de “espiritualizar” esta decisión. Sin embargo, el factor más importante es la voluntad de Dios. También es necesario considerar los intereses y habilidades, buscar información de las carreras y de su campo laboral, para tomar una decisión más sabia.


¿Cansado de esperar respuesta?

Rolly Hermosilla

¿Cuánto tiempo hace que pides por el mismo motivo y aún no tienes la respuesta?. Los jóvenes nos cansamos con facilidad, comenzamos una empresa y cuando no vemos los objetivos cumplidos, desertamos, dejando todo a un lado. Somos impacientes, creyendo que todo se acaba a la hora siguiente. Rápidamente pensamos que Dios no nos escucha o que no le interesan nuestras peticiones. Quizás crees que tu necesidad es demasiado difícil o grande para recibir respuesta.

Quiero alentarte a que continúes con tus oraciones. No desmayes, sigue adelante. No sea por que rendirte, pierdas la bendición. Tenemos muchos ejemplos de creyentes que no se rindieron y fueron bendecidos grandemente. Cuando la matriz de Sara estaba vieja, Dios le permitió concebir un hijo (Génesis 21:1-7). Cuando el pecado de David parecía exceder a la gracia, fue perdonado (Salmos 32:5). Cuando el camino era más triste y el futuro más desalentador, el Salvador resucitado consoló a sus discípulos (Lucas 24:13-35).

No te detengas, no te rindas, la respuesta viene en camino. Dios sigue siendo el mismo de aquellos años. Su poder no ha cambiado. Él aún envía ángeles, aún nos escucha, aún nos visita y nos responde. Que el Señor renueve nuestras fuerzas para continuar esperando la respuesta. Amén.


La vocación del ministerio

Eliseo Apablaza

Muchos jóvenes cristianos desean servir al Señor. ¿Qué deben hacer para prepararse?

1. La opción de un Seminario. Algunos optan por estudiar en un Seminario teológico. Muchos fieles siervos de Dios han estudiado en Seminarios y han obtenido allí beneficio espiritual.

Sin embargo, no siempre es así.

Los estudios teológicos suelen despertar más dudas que afirmar el corazón en la fe. Richard Wurmbrand dice haber visto en Seminarios negar la veracidad de las Escrituras referente a la creación, al nacimiento virginal y la resurrección de Jesucristo, a la autenticidad de las epístolas, etc. David Wilkerson ha denunciado a “los teólogos impíos que aborrecen a Cristo” y a los “libros de alta crítica que se deleitan en destruir y robar la fe”.

Los estudios teológicos formales no son imprescindibles en la preparación de un siervo de Dios, aunque en algunos ambientes cristianos se exige que los pastores y ministros posean esta clase de estudios.
Amós, el profeta, no los tenía. Spurgeon o Watchman Nee tampoco los tuvieron, aunque ellos fueron autodidactas magistrales.

2. Preparación en el ámbito secular. El Espíritu Santo es el mejor maestro en la formación de un siervo de Dios. Y para ello él utiliza no sólo experiencias académico-teológicas, sino también seculares, estudiantiles, laborales, familiares, etc. Allí aprenderá lecciones acerca de la vida que difícilmente podría obtener de otra manera. El Espíritu Santo está más interesado en formar un carácter que en llenar de conocimiento religioso la mente de un hombre. El estudio de carreras universitarias o técnicas puede ser muy útil para un servicio espiritual posterior.

3. No voluntarios, sino llamados. Lo que más importa, para dedicarse al ministerio, es tener un verdadero llamado. El servicio al Señor no es el camino cuando otros se han cerrado, sino un privilegio para el cual no hay voluntarios, sino escogidos. Debido a que los jóvenes son muy idealistas, necesitan someterse al examen de otros. Para verificar si el llamado existe, ellos deberían escuchar el testimonio de los hermanos mayores en la iglesia local.

Vivir intensamente la vida de iglesia y acompañar a los siervos de Dios cuando hacen la obra, les ayudará a aprender las lecciones espirituales básicas. Allí tendrán que darse los primeros frutos que permitan confirmar un verdadero llamamiento.


EQUIPO DE REDACCIÓN: Alvaro Soto V. · Andrew Webb · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón U.
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: Dámaris Apablaza A. · Rocío Soto V. · Andrés Contreras L.

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