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Una revista para todo cristiano · Nº 23 · Septiembre - Octubre 2003
PORTADA
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"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

Tomando de Jesús cada día

Rodrigo Calderón U.

Cuando conocí el desierto –hace unos días atrás– me di cuenta de que no tiene agua ni comida. Mientras los israelitas viajaban por el desierto desde Egipto hasta su patria tuvieron que depender de una provisión de alimento y agua que normalmente no existía. Cada día Dios les enviaba una porción de maná que caía del cielo. El maná duraba sólo un día, ya no era comestible al día siguiente. De esta forma, el pueblo dependía de Dios todos los días (Éxodo 16:13-24).
En la oración que Jesús enseñó a sus discípulos, dice: “el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy“ (Mateo 6:11). No sólo pedimos suficiente comida para alimentarnos físicamente, sino que, también, pedimos ese alimento espiritual que es Jesús, “el pan de vida” (Juan 6:35). El maná tenía que ser recogido y comido ese día, así que cada día necesitamos un toque fresco de Jesús para crecer espiritualmente. Él es “el Verbo de Dios” (Apocalipsis 19:13), con quien tenemos comunión como amigo personal. El maná mantenía la vida física, el Pan del cielo nos da vida eterna. Jesús dijo: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiera de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Juan 6:51).
Jesús es también el “Agua de vida” (Juan 4:10). El agua que él da es “una fuente de agua que salta para vida eterna” (Juan 4:13). El agua del desierto salió de una roca (Éxodo 17:6), y Cristo es esa Roca (1ª Corintios 10:4). ¡Sólo Él puede dar vida eterna!.
Tú y yo somos tan dependientes del maná del cielo y del agua de la roca, como lo fue el pueblo de Israel en el desierto. No podemos cambiar el clima, ni cultivar grano para comer. No podemos crear vida, porque la vida es creada por Jesucristo (Colosenses 1:16). Él es la Palabra viva que crea y mantiene tanto la vida natural como espiritual. Jesucristo es el pan de vida y el agua viva que nos sostiene y alimenta cada día.


¿Primogenitura o lentejas?

Rolly Hermosilla

“Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Génesis 25:33-34).

Caminaba junto a un hermano hacia la reunión, un domingo en la mañana, conversando sobre la facilidad con que algunos jóvenes cristianos se van al mundo, tras algún deseo de la carne, causando gran dolor a la Iglesia. Hablábamos de cómo el Señor, durante todos estos años nos ha guardado y sostenido. El hermano me decía: “Te imaginas, a esta altura del partido, ¿cambiar la primogenitura por un plato de lentejas?”. Me quedé sorprendido por la luz que el Señor le dio al hermano, y como esa luz me alcanzó.
¿Cuántas veces hemos querido dejar todo, porque nos sentimos cansados?. Nadamos contra la corriente de este mundo, somos bichos raros para nuestros compañeros o colegas de trabajo. Nos cuesta tanto correr esta carrera. Nuestra carne nos pide satisfacer sus deseos, y el mundo nos ofrece muchas alternativas.
Ese día me pregunté si cambiaría las bendiciones, la salvación, el amor de Dios, los privilegios de ser un escogido de Dios, la gracia de haber sido perdonado y que mis ropas hayan sido lavadas en la sangre de Jesucristo, todo eso y mucho más, por un plato de lentejas. Llámese mujer mundana, fiestas, dinero, cualquiera de las cosas que le agradan a mi alma. Debo ser sincero y reconocer que muchas veces he querido hacerlo. Pero el Señor en su gracia y su misericordia me ha librado, diciéndome al corazón “Yo no te traje hasta aquí para volver atrás”. “Te he preparado lugar aquí en los cielos.” “ El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. “Mis promesas son verdaderas”.
Quizás en algún momento, sentirás mucho cansancio, sentirás que la sed te quema la garganta, tal como Esaú, y ten por seguro que Satanás estará atento para ofrecerte y tentarte con comida de muerte. ¿Pero sabes?, Jesús dice: “Yo soy verdadera comida y verdadera bebida”. El que come de Cristo nunca tendrá hambre. Te aliento a no poner la vista en las cosas que se ven, si no en las que no se ven. Avancemos como viendo al Invisible, puestos los ojos en Jesús, comiendo y bebiendo de él. No sea que después de haber caminado largo trecho, y recibido muchas bendiciones, nos veamos cambiando nuestra primogenitura por un plato de lentejas.

 

A los necesitados

Mixsy Neira

Cuando estamos pasando por necesidades es bueno orar a nuestro Padre celestial. Pero a veces, tememos que nuestras oraciones no sean escuchadas. ¿No nos hemos dado cuenta quiénes somos para Él? Somos sus hijos (Juan 1:12-13). En Mateo 6:8-9, el Señor Jesús nos enseñó a orar: “Padre nuestro que estás en los cielos”, identificándonos como hijos de Dios.
Nuestro Padre desea una relación íntima con sus hijos. Él desea comunicarse con nosotros. En Mateo 7:7,11 dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”.
Dios nos ama incondicionalmente. Qué alegría es saber que el Señor nos ama sin importar nuestra condición. Él ha prometido suplir todas nuestras necesidades. “Mirad la aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6:26). Pero tenemos que reconocer que debemos ser obedientes para recibir su bendición. Debemos pedir a nuestro Padre con un corazón sincero. Él siempre estará ahí y nunca nos dejará.
Si deseas que Dios bendiga tu vida, debes ser obediente. El Señor nos disciplina como un padre a su hijo. No menosprecies la reprensión, ni desmayes. Soporta la disciplina, porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (Hebreos 12:5-8). Ésta es una acción de amor. Es verdad que la disciplina puede causar tristeza o dolor, pero después se ve el fruto y aparece el gozo.
En Hebreos 12:10 se nos dice que debemos participar de su santidad. Por lo tanto, confesemos nuestros pecados. Pidamos perdón. Despojémonos de todo peso para recibir la bendición de Dios. Pongamos nuestros ojos en Jesús cada día.
El Señor es bueno, misericordioso y amoroso con sus hijos. Arraiguemos esta verdad en nuestro corazón. Confiemos en que nuestras oraciones serán oídas y procuremos ser santos y obedientes para que Dios bendiga nuestras vidas.


No tengo tiempo para Dios

Alvaro Soto

Creo que más de alguna vez, como jóvenes, hemos pensado o dicho lo siguiente: “Estoy muy ocupado, no tengo tiempo para Dios”. “Tengo mucho que estudiar”. “Estoy muy cansado, tuve una semana terrible”. “Ahora no, quizás otro día”. “Primero están mis estudios, mi trabajo, mi familia”. Otros podrán argumentar: “Estoy invirtiendo mi tiempo en lo que es importante para mi futuro”. Éstas pueden ser muy buenas excusas para nosotros mismos o para los que nos rodean, pero no para Dios.
¿Acaso no es importante Dios en tu vida y para tu futuro? La Palabra del Señor nos da un sabio consejo. “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: No encuentro en ellos placer alguno” (Eclesiastés 12:8 NVI). Esta es una invitación a hacer un alto en nuestras actividades para considerar a nuestro Creador. Sí, ahora cuando somos jóvenes. Ahora, cuando tenemos más fuerzas, debemos rendir nuestra vida al Señor Jesucristo y permitir que él nos gobierne.
Quizás el Señor te ha estado hablando, pero tú has seguido tu camino, tus proyectos. No has querido darle lugar. Has pensado que tienes toda la vida por delante. Que es demasiado pronto para rendir tu vida al Señor. Pero en medio de los agitados días que vives, se escucha una voz muy potente que dice: “Acuérdate de Jesucristo” (2ª Timoteo 2:8).
Te invito a reordenar tu vida. A replantear tus prioridades. A darle al Señor Jesús el primer lugar. Él no nos pide grandes esfuerzos, sólo quiere nuestro corazón. No se trata de un asunto de tiempo sino de una actitud de amor hacia Jesús. Él sabe que a veces tenemos mucho que estudiar. Que debemos cumplir responsablemente en el trabajo, y con nuestra familia. Estas son actividades muy necesarias e importantes que nos sirven para dar testimonio del Señor, y para que él reciba toda la gloria.
Amemos al Señor. Digámosle que lo amamos, a cada instante. En la calle, al despertar, antes de dormir. Pensemos constantemente en él. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). Habrá momentos en no puedas pasar mucho tiempo con el Señor, pero el solo hecho de pensar en él te bendecirá. Como ves, ¡siempre hay tiempo para Dios!


Limpiando el camino

Jair Ramos

“¿Con qué limpiará el joven su camino. Con guardar tu palabra?” (Salmos 119:9).

Nosotros los jóvenes, siempre vivimos con incertidumbres acerca del camino a seguir. En lo terrenal y en lo espiritual, surgen muchas dudas y preguntas. Necesitamos tomar las decisiones correctas para que sea despejado nuestro camino.
El salmista hace una pregunta: ¿Con qué limpiará el joven su camino? La respuesta del Espíritu es: “Con guardar tu Palabra”. Gracias a Señor que tenemos esta respuesta, pero, ¿qué es guardar la Palabra?
La respuesta la encontramos en las palabras del Señor Jesucristo en Mateo 7:24-27. “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y nos las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.
Aquí vemos a dos individuos que están oyendo al Maestro. Los dos están oyendo el mismo mensaje. Ambos se empapan de la Palabra revelada, al igual que lo hicieron los discípulos que anduvieron con Jesús. Pero, ¿cuál es la diferencia entre ellos? Que uno la puso por obra y el otro no. ¡Esa es la diferencia! El que practica la Palabra, edifica sobre la Roca; el que no la practica, edifica sobre la arena.
Muchas veces creemos que guardar la Palabra es atesorar los mensajes en nuestro corazón o en nuestro intelecto. Hoy se habla mucho del logos y del rhema. Logos es el conocimiento de la palabra, rhema es la palabra revelada. Pero existe algo más excelente que logos y rhema, es “la Palabra hecha vida”. Por lo tanto podemos afirmar que “guardar la palabra” es nada menos que “oír y hacer”.
Amado joven, tu camino se limpiará si guardas la palabra de Dios. Cuando tengas que escoger, frente a una tentación, o a una duda, cuando el camino no esté despejado, no serás tú quien tome la decisión, no serás tú quien venza la tentación. No serás tú sino la Palabra que está en ti, la Palabra que has guardado. Y, ¿sabes?, ¡la Palabra es Cristo!
Sólo así puede ser limpiado nuestro camino. No hay otra manera. Sólo Cristo puede limpiarlo. Porque cuando está oscuro, él alumbra. Cuando hay mentira, él es la verdad. Cuando hay duda, él es la fe. Cuando hay que escoger, él es el camino. Cuando hay muerte, él es la vida. Cuando hay pecados, él es el perdón. ¡Cristo es la Palabra! ¡Cristo es todo!
Por tanto, ¿con qué limpiará el joven su camino? Con oír a Cristo, con guardar a Cristo, con mostrar a Cristo.


EQUIPO DE REDACCIÓN: Alvaro Soto V. · Andrew Webb · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón U.
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: Dámaris Apablaza A. · Rocío Soto V. · Andrés Contreras L.

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