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Parábolas
Una
fogata bajo la lluvia
El inculcar normas cristianas (en los hijos) es como mantener viva una
fogata bajo la lluvia. Requiere una fuerte voluntad contra viento y marea
para hacer lo que parece imposible. Requiere conocimiento, destreza, para
entender la naturaleza del niño y la de un mundo hostil. Requiere
gran perseverancia para abanicar la débil llama y proteger los
tizones calientes. Una vida joven encendida para Cristo es lo que más
se necesita en medio del frío glacial del mundo de hoy.
Howard
G.Hendricks, en "¿Problemas en el hogar? El cielo puede ayudar"
Un
automóvil sin combustible
La voluntad propia se asemeja a un automóvil sin combustible. Debe
ser empujado o remolcado. Solo, se detiene. Por ende, confiar en la voluntad
humana para lograr propósitos espirituales nos lleva a una derrota
segura. El poder espiritual no proviene de la voluntad humana sino de
la nueva vida en Cristo. Esta vida contiene otro poder más profundo
que va mucho más allá de nuestra volición, y por
ese poder nos encontramos gloriosamente conducidos en la victoria de nuestro
Señor.
Watchman
Nee, en "Aguas refrescantes"
La
lámpara y el aceite
Dios hizo al hombre de tal manera que su presencia en el hombre es un
imperativo para su humanidad. Una lámpara de aceite fue concebida
de tal suerte que sólo produce luz en virtud del hecho de que haya
aceite en su interior para sustentar la luz. Supongamos que pregunto:
¿Por qué necesita un candil aceite para dar luz?.
Sin buscar complicaciones, la respuesta sería simplemente: Porque
lo hicieron así. Puede separar la lámpara del aceite,
y sigue teniendo una lámpara, pero no sirve como tal. No hay vida
en la lámpara. ¿Cuál sería el remedio? Volver
a ponerle aceite a la lámpara.
Ahora bien, si puede imaginar una lámpara capaz de pensar, diciendo:
sin aceite no puedo hacer nada, no soy nada. Esto no sería
intraversión malsana; sería simplemente una lámpara
enfrentándose con los hechos básicos de su misma existencia.
Me hicieron así. Fui concebida para contener aceite, que
es lo único que puede mantener la luz encendida. De modo que fui
creada para adoptar una actitud de dependencia, de forma que tenga que
recibir para poder cumplir la función para la que fui creada.
Ian
Thomas, en "Entre dos fuegos", de Ole Anthony
El
águila en la tormenta
¿Sabías que un águila sabe cuando una tormenta se
acerca mucho antes de que empiece? El águila volará a un
sitio alto para esperar los vientos que vendrán. Cuando azota
la tormenta, coloca sus alas para que el viento las agarre y la lleve
por sobre la tormenta. Mientras que la tormenta está destrozando
abajo, el águila vuela por encima de ella.
El águila no se escapa de la tormenta. Simplemente la usa para
levantarse más alto. Se levanta por los vientos que trae la tormenta. Cuando
las tormentas de vida nos vienen todos nosotros vamos a pasar por
ello podemos levantarnos por encima, poniendo nuestras mentes y
nuestra fe hacia Dios.
Anónimo
El
canto perdido
Un señor que tenía un canario que cantaba muy bien, cuando
llegó la primavera pensó que el pobre pajarito necesitaba
más aire y sol, así que lo sacó al jardín,
colgando la jaula en un árbol. Pronto rodearon la jaula bandadas
de gorriones, y el canario comenzó a imitar el poco musical chirrido
de sus nuevas amistades. El dueño del pájaro se dio cuenta
y llevó de nuevo a la casa al canario. Pero era demasiado tarde.
El pajarito había perdido su canto para siempre.
Todos conocemos a cristianos que, hace años, tenían un hermoso
testimonio, pero que lo han perdido, y ahora todo lo que hacen es hablar,
hablar y hablar. ¿Por qué? porque han perdido la comunión
con Dios, y han perdido su testimonio.
D.L.
Moody
La
belleza de una joya
Las joyas, en sí mismas, no tienen valor a menos que sean traídas
a la luz. Colocadas en ciertas posiciones, reflejarán la belleza
del sol. De otra forma, en ellas no hay belleza alguna. El diamante que
es llevado a la oscura galería o a la profunda mina subterránea
no muestra ninguna belleza. ¿Qué es ella sino un pedazo
de carbón, un poco de carbono común, a menos que ella se
convierta en un medio para reflejar la luz? Así sucede también
con las otras piedras preciosas. Sus variados tonos no son nada sin la
luz. Cuantos más lados tengan, reflejan más luz y exhiben
más belleza. Si cogemos un diamante en bruto, veremos que no hay
brillo en él. En su estado natural él no refleja luz alguna.
Así somos nosotros en un estado natural, de ninguna utilidad, hasta
que Dios comienza a brillar sobre nosotros. La luz que existe en un diamante
no es su propia posesión: es la belleza del sol. ¿Qué
belleza existe en un hijo de Dios? Solamente la belleza de Jesús.
Nosotros somos su pueblo especial, escogido para manifestar las virtudes
de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Que
podamos reflejar, hoy, Su luz y Su amor.
À
Maturidade, Nº 27, 1995
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