.Una revista para todo cristiano · Nº 21 · Mayo - Junio 2003
PORTADA

Reportajes


La familia y amigos de Jessica Lynch son un real testimonio de que donde hay oración hay esperanza. Y de la esperanza nace la alabanza.

JESSICA LYNCH:
SU VERDADERA HISTORIA

–Jessica Lynch, ¡somos soldados de Estados Unidos y estamos aquí para protegerte y llevarte a casa–, gritó un miembro de la Unidad de Fuerzas Especiales.
–Yo soy soldado americano, también–, contestó débilmente Jessica.
Este diálogo entre un pelotón de soldados y una malherida integrante del equipo de mantenimiento del Ejército fue el punto de partida para la historia más conmovedora de la Operación Libertad Iraquí. El drama real que se desplegó allí tiene todos los elementos necesarios para convertirse en un film hollywoodense; pero es el tema subyacente de esperanza y alabanza que permite que esta prueba aguda para Jessica Lynch llene de verdad nuestros corazones.
La historia empieza en Palestina, un sencillo poblado de 1.000 habitantes, en Virginia del Este. Jessica se alistó en el Ejército el mismo día que Greg, su hermano mayor, como un medio para cumplir su sueño de ser profesora de escuela. Sus próximos 21 meses fueron los de un típico soldado recluta: semanas de entrenamiento básico y especializado y luego su destinación a la 507ª Compañía de Mantenimiento, en Fuerte Bliss, Texas.
El día 19 de marzo, Jessica y su compañía fueron enviadas a Irak. Cuatro días después, en las primeras acciones, la unidad fue atacada en Nasiriyah, por guerrilleros iraquíes. Jessica vio cómo varios de sus compañeros cayeron en la emboscada. Otros cinco fueron capturados y hechos prisioneros de guerra. A pesar de varias heridas de bala, Jessica continuó disparando su arma contra los soldados iraquíes hasta quedar sin munición. «Estaba luchando a muerte. No quería ser tomada viva», declaró al Washington Post un oficial americano.
Pero fue capturada y llevada a un hospital iraquí donde probablemente fue abandonada para morir. Sin embargo, ahí empieza el milagro de su rescate.
Una comunidad de familia y amigos de Jessica empezó a orar fervorosamente por su rescate. Sus padres, Greg y Dee, sostenían sesiones de oración nocturna en su casa. Muchas iglesias en el área se recogieron para orar.
En esos días de prueba, la madre de la joven habló al Washington Post de la fe de su hija. Tiempo atrás, Jessica había escrito en su diario de vida las siguientes palabras: «Si yo pudiera vivir mi vida de nuevo, probablemente viviría exactamente lo mismo. Creo que todo sucede con un propósito, si Dios paraliza a una persona o si le da un millón de dólares».

Una intervención providencial
Esta esperanza que estaba inundando un pueblo diminuto en Virginia Oriental estaba tocando al mismo tiempo el corazón de un hombre al otro lado del mundo, en Irak. Según los informes publicados, se atribuye a un abogado iraquí sólo conocido como Mohammed ser el instrumento para la salvación de Jessica.
Mohammed había ido al hospital donde estaba Jessica, para visitar a su esposa que trabaja allí como enfermera. Al entrar, notó un nivel elevado de seguridad alrededor del edificio. Cuando le preguntó a un doctor qué sucedía, supo que una mujer americana estaba allí prisionera.
Por curiosidad, buscó a la mujer. A través de una ventana vio a una mujer malherida que estaba siendo golpeada por un oficial iraquí. Se conmovió cuando vio las atrocidades que se cometían con la indefensa joven, y decidió allí hacer todo cuanto estuviese en su poder para intentar salvarla de una muerte segura.
Caminó seis millas hasta un puesto de control de la Marina americana para informar a los soldados de lo que había sido testigo. Fue instruido por los ‘marines’ para volver al hospital y tomar nota del lugar donde Jessica estaba localizada, y las rutinas de sus vigilantes.
Mohammed no sólo volvió al hospital para llevar a cabo esta tarea sino también proporcionó a Jessica una pequeña luz de esperanza hablándole en inglés y diciéndole en un momento dado: «No te preocupes».
Con la información proporcionada, esa noche, las fuerzas especiales pasaron detrás de las líneas enemigas y cumplieron su cometido.¡Jessica Lynch había sido rescatada!

Esperanza y alabanza
Entretanto, la noticia llegó a los padres de Jessica a través de una llamada telefónica. Pensando primeramente ser víctima de una broma de mal gusto, Greg Lynch se convenció después que efectivamente su hija se había salvado en forma milagrosa. La esperanza que había alentado su comunidad durante nueve días se había convertido en milagrosa bendición. A lo largo de Palestina y el área circundante, cientos de personas dieron gracias al Señor por su misericordia.
Dice en Jeremías 29:11: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis».
Chris Carpenter · www.CBN.com


Ha vuelto para compartir el evangelio en Corea del Norte, el país más ateo del mundo.

PREPARADO PARA EL MARTIRIO

Un hombre que escapó de la opresión y el hambre en Corea del Norte ha vuelto a su patria –y a la muerte casi cierta– a compartir el evangelio con otros que están en esclavitud espiritual en el país más ateo del mundo.
La notable historia de fe de Cho Bung-il demuestra cómo la iglesia en Corea del Norte está creciendo a pesar de la brutal persecución.
«Mi oración es que yo no sea ejecutado en el lugar, sino enviado a un campo de concentración. Allí puedo testificar», dijo Cho antes de volver a pie a Corea del Norte desde China, donde huyó hace dos años.
Pese a tener sólo un «uno por ciento de posibilidades de sobrevivencia», Cho decidió regresar porque «en Corea del Norte es virtualmente imposible oír acerca de Jesucristo».
Se cree que 3 millones de personas han muerto de hambre en los últimos años en Norcorea, donde a pesar del rechazo de la religión, el líder Kim Il Sung tiene un status divino. Los cristianos mueren en los campos de exterminio, donde les está prohibido aun mirar al cielo. Sin embargo, se estima que la iglesia subterránea reúne muchos miles de creyentes.
«Siempre pensé que mi país era el mejor de todos mundos posibles», dijo Cho, que en 10 años al servicio de ejército sólo pidió licencia dos veces para ir a casa. Trasladado a un nuevo puesto en 2000, se conmovió al descubrir la magnitud del hambre.
«Por todas partes las personas caían muertas en el camino», dijo. « Hubo casos de padres que comieron a sus abuelos para sobrevivir». Siguiendo órdenes, Cho disparó a varios paisanos que subían a los trenes buscando comida.
Regresando a casa para asistir al funeral de su madre, se impresionó al saber que su esposa y su hijo habían muerto de hambre dos años antes, pero él no había sido informado.
En el funeral de su madre, oyó a su padre susurrar: «Que ella descanse al amparo de Jesús». Sus padres nunca le habían confesado que eran cristianos porque temían que él les traicionara.
Cuando Cho averiguó que las autoridades investigaban a su padre, huyó a la vecina China, como uno de los miles de norcoreanos que han escapado por la frontera. Allí fue ayudado por algunos cristianos.
En una primera instancia, pensó que ellos lo matarían. «Eso es lo que me dijeron que los cristianos hacían.» Pero ellos lo cuidaron y lo sanaron, y Cho entregó su vida a Cristo por ese testimonio. Fue entrenado en una de las iglesias subterráneas por las casas y decidió volver voluntariamente a Corea del Norte.
Cho dijo que su esperanza era que él quizás fuera «la piedra sin cortar,» aludiendo al pasaje de la Biblia en que Daniel describe cómo Dios toma una piedra pequeña y destruye una gran estatua.
«El reino idólatra de Corea del Norte caerá», dijo. «Dios enviará una piedra a quebrar sus pies, y yo haré mi parte. ¿Quién sabe? Quizás el tiempo de quebrarlo ha venido ya.»
Charisma News Service, 2002.


Veterano soldado israelita y ex-militante palestino revelan la verdadera esperanza de paz en el Medio Oriente.

CUANDO ÁRABES Y JUDÍOS
SE ABRAZAN

Taysir Abu Saada («Tass») era un combatiente palestino entrenado para matar judíos. Soñaba envenenar a los judíos que frecuentaban el restaurante donde trabajaba. Moran Rosenblit era un soldado israelí amargado después que un bombardero suicida palestino mató a siete de sus amigos. Sorprendentemente, estos antiguos enemigos ahora comparten una profunda amistad y amor sólo posibles gracias a Jesucristo.

‘Tú debes amar a un judío’
Tass creció en Arabia Saudita bajo las enseñanzas musulmanas. Entrenado como tirador escogido por el movimiento de Al-Fatah, a menudo instruyó a niños para matar israelíes. Llegado a los EE. UU., trabajó en hoteles y restaurantes en Kansas, donde conoció a un americano llamado Charlie Sharpe.
Un día Sharpe le habló de temas espirituales, y Tass experimentó una profunda paz. Durante semanas, él reflexionó sobre este sentimiento, y un día pidió a Sharpe que le diera el secreto
–Tass, para tener esta paz tú debes amar a un judío– le dijo su amigo.
–Odio a esa gente, tú sabes cómo siento acerca de ellos–, dijo Tass.
–¿Qué sabes tú acerca de Cristo?–, preguntó Sharpe.
–Sé que es un profeta.
–Él es más que eso: es el Hijo de Dios. Él es Dios. Permíteme leerte lo que la Palabra de Dios dice acerca de Jesucristo– dijo Sharpe, y comenzó a leer el primer capítulo del evangelio de Juan.
«Cuando empezó a leer», dice Tass, «empecé a agitarme; luego caí de rodi-llas, con mis manos alzadas, invitando a Cristo a ser mi Señor y Salvador. Una alegría y una paz que nunca experimenté antes vinieron a mi corazón».
Al día siguiente, Tass anunció a Benali, su hijo de 18 años, que había aceptado a Jesús como su Señor y Salvador. Benali, gozoso, abrazó a su padre.
–¿Por qué te alegras así?–, preguntó Tass, sabiendo que su hijo era musulmán.
–¡Papá, yo acepté a Cristo hace tres meses, también, y no lo dije a nadie!
Benali le contó cómo él había preguntado a su pastor lo que debía hacer, sabiendo que su padre le mataría si lo averiguaba. El pastor le dijo, «Vuelve a casa de tu padre y ámalo más». En la iglesia hubo una cadena de oración por la familia de Benali. «Meses antes de que yo fuese salvo», dice Tass, «ellos oraron hasta que mi vida fuera tan miserable que tuviese que buscar respuestas».

Encendiendo la luz
Al mismo tiempo, Dios estaba obrando en el corazón de Moran Rosenblit. Su perspectiva acerca de la vida había cambiado dramáticamente después que un bombardero suicida demolió su unidad en Netanya, Israel. «Fue una noche que nunca olvidaría», dice Moran. «Siete amigos míos murieron allí. Éramos como hermanos. Dos semanas después otro amigo murió en Líbano, y no fui al funeral porque había tenido ya tanto dolor», dice Moran.
Su depresión se agudizó, y trataba de ahogar sus penas con alcohol. Alguien lo indujo a salir de Israel. Voló hacia California, alojándose con una familia cristiana. Cuando él los vio ejercitar su fe, sus propias preguntas acerca de Dios comenzaron a bullir. «Les vi enseñar a sus hijos acerca de Dios y me pregunté, ‘Hay un Dios?’»
Cuando invitaron a Moran a la iglesia, el pastor enseñaba en el libro de Hebreos acerca de la ceguera del pueblo judío. Moran estaba enojado, y su amigo le sugirió hablar con el pastor. Éste le explicó que no estaba hablando contra la gente judía, y lo alentó a leer la Biblia.
Una noche, mientras leía, algo excepcional aconteció. «El Espíritu Santo cayó sobre mí, y me llenó», dice Moran. «Se apagó el interruptor y en la oscuridad vi la luz, y acepté a Jesús en mi vida.» Fue bautizado dos meses más tarde.

El camino a la paz
Otro amigo lo invitó a una conferencia para creyentes árabes y judíos. «Tenía amigos árabes, pero siempre miraba a mi espalda para asegurarme que ellos no me apuñalarían por detrás», dice. Él sonrió exteriormente, «pero no había nada detrás de la sonrisa». Un año después, fue invitado a otra reunión, y le pidieron dar su testimonio.
«Era duro para mí compartir delante de gente árabe», dice, «porque algunos de ellos podrían haber sido los que mataron a mis amigos».
Cuando terminó su testimonio, un hombre palestino se le acercó y le dijo: «Yo era un combatiente de Al-Fatah». Era Taysir Abu Saada.
Moran, impactado, dio medio paso hacia atrás y miró fijamente a los ojos de Tass, tratando de leer su corazón. Pero éste hizo algo más drástico. «Me pidió que lo perdonara en el nombre de su pueblo por mis amigos muertos», dice Moran. «La gracia de Dios me permitió perdonarlo. En mi fuerza, jamás podría haberlo hecho».
Entonces Moran también pidió perdón. «Pedí que me perdonara por no ser capaz de amarlo, por desconfiar de él y por mi cólera», dice. «Y él lo hizo».
Pronto se formaron pequeños grupos de creyentes árabes y judíos que oraban juntos. «Yo estaba orando con un ex enemigo en el nombre de Jesús, el Dios único y verdadero», dice Moran.
Desde ese encuentro en marzo de 2001, ambos se comunican casi diariamente. «Jesús tocó nuestros corazones», dice Tass. «El mundo debe saber que hay esperanza en Jesús».
Con el Medio Oriente cogido en un torbellino de violencia, muchos han perdido la esperanza. Pero la asombrosa amistad de Tass y Moran prueba que esa conciliación es posible.
«No creo en una solución política», admite Moran. «Allí se necesita un cambio de corazón para amar. Los pueblos sólo pueden vivir juntos y en paz por Jesucristo, la única vía de paz».

Mark Ellis, Christian Reader, 2002


Algunos dicen que Jesús se les ha aparecido en sueños

MUSULMANES ENCUENTRAN A CRISTO

Aunque Arabia Saudita trabaja duro para impedir que la Biblia cruce sus fronteras, muchos están llegando a conocer a Cristo en el hermético reino musulmán.
Un informe de Charisma News detalla cómo creyentes extranjeros que trabajan allí han tomado contacto con musulmanes que quieren saber más acerca de Jesús.
Entre ellos hay un musulmán celoso que tenía temor aun a tocar una Biblia, a causa de su oposición al cristianismo. En su desesperación, él oró a Jesús pidiendo ayuda para enfrentar graves problemas, y tuvo una pronta respuesta a su situación. Dice que Jesús se le apareció en un sueño, «y yo comencé a desear leer la Biblia». «Después de un año de leerla en una manera sencilla, encontré el camino a Jesucristo el Señor, y comprendí cuánto me ama Dios».
Arabia Saudita lidera la lista de países con legislaciones inflexibles diseñadas para mantener su población musulmana libre de influencias cristianas. Los oficiales de aduana registran minuciosamente las maletas y confiscan desde símbolos de la cruz a tarjetas de Navidad. Los sitios de Internet son bloqueados por las autoridades a causa de su contenido religioso. «Jesús» es una palabra destacada en el sofisticado sistema de vigilancia del país, que controla todos los mensajes de teléfono y correo electrónico.
Aunque casi un millón de los 7 millones de trabajadores extranjeros del país son cristianos, la ley les prohíbe reunirse para el culto público. Se supone que el culto es permitido, pero se sabe que la policía ofrece una recompensa a cualquiera que denuncia a una iglesia en las casas. Muchos creyentes son maltratados severamente. Sin embargo, ellos están en la vanguardia de la obra de Dios allí.
En una reunión de 120 filipinos que dirigen iglesias por las casas en Arabia Saudita, sólo tres reconocieron que ellos habían conocido a Cristo personalmente antes de entrar el país. «Tenían apenas la Biblia, eso es todo», dijo un observador occidental. «Cuando comprendieron el libro de Hechos, asumieron que las mismas cosas les acontecerían a ellos: serían golpeados, quizás sufrirían y quizás morirían, pero habría milagros, y el evangelio daría frutos».
Un profesor universitario que enseñó en Arabia Saudita por varios años, dijo que a pesar de la campaña del gobierno contra la cristiandad, muchos musulmanes anhelaban oír más. «Mis estudiantes me preguntaban casi diariamente acerca de Jesús y el cristianismo», dijo. «Ellos tenían temor de hablar acerca de esto conmigo enfrente de alguien más, pero les asombraba encontrarse con un creyente no musulmán».

© Charisma News Service, 2002

 

«Durante un cuarto de siglo, he sido conocido en el mundo de la música clásica como concertista en guitarra. Sin embargo, hubo un tiempo en mi vida cuando detuve mis giras y grabaciones, e incluso dejé la guitarra completamente. Esta es la historia de por qué decidí retomar mi carrera de nuevo».
(Christopher Parkening, guitarrista clásico).

SÓLO A DIOS LA GLORIA

Creciendo en Los Angeles
Yo crecí en Los Angeles y empecé a tocar la guitarra a los 11 años, inspirado por mi primo, Jack Marshall que era guitarrista en los estudios de MGM. Yo admiraba cómo él tocaba, y le pregunté cómo estudiar el instrumento. Me recomendó que aprendiera técnica clásica primero para establecer habilidades técnicas sólidas. También me sugirió que comprara las grabaciones de Andrés Segovia, el más grande guitarrista en el mundo. Me impresionó la técnica clásica de Segovia, y me la apropié. 
Antes de mi afición por la guitarra, yo tenía un gran amor por la vida al aire libre, en particular, por la pesca de trucha con mosca1 . Mi papá me enseñó ese arte cuando yo tenía seis años. Los tiempos más agradables de mi vida los pasaba en un arroyo de truchas en las Sierras Altas del norte de California. Mi meta en la vida era tener algún día mi propio rancho con mi propio arroyo de truchas privado. 
A medida que crecía, me convencía de que mi objetivo debía ser ganar mucho dinero, retirarme tempranamente y disfrutar de la buena vida. Puesto que mi padre se había retirado a los 47, yo decidí que 30 serían una edad jubilatoria buena por mí. Y cuando adquirí mayor habilidad con la guitarra, me pregunté si mi aptitud musical podría ayudarme de algún modo a lograr esa meta. 

Trabajando en pos de un sueño
Crecí en un hogar que me enseñó el valor de la disciplina y el trabajo duro. Con el estímulo de mi padre, me levantaba a las 5:00 a.m. y practicaba una hora y media antes de la escuela y de nuevo por la tarde. Usted puede imaginar el conflicto que creaba ello para un joven con un gran interés por los deportes.
Sin embargo, con el apoyo de mis padres, el trabajo duro empezó a dar frutos. Cuatro años después, a edad 15, fui invitado a tocar en la primera clase magistral de Andrés Segovia en Estados Unidos, en la Universidad de California. Era un gran honor tocar para el hombre que me había inspirado durante tantos años. Él me dijo que yo tenía el potencial para una carrera maravillosa con la guitarra clásica y me animó a trabajar muy duro. Fue mi buena fortuna continuar estudios privados con Segovia y después estudiar interpretación musical con el renombrado violonchelista Gregor Piatigorsky.
A edad de 19, firmé contrato con Capitol Records para una serie de seis álbumes, y me pidieron crear una sección de guitarra en la Universidad de California del sur. El año siguiente firmé con Columbia Artists Management para una rigurosa agenda de conciertos recorriendo los Estados Unidos, Canadá, Europa, y Asia, realizando más de 90 conciertos en un año.
Cuando yo agregué ese agotador itinerario de conciertos a mis tareas de enseñanza y de grabación, mi vida se volvió más agobiante. Francamente, yo era un miserable en gira. Odié las piezas de hotel, los aviones, la monotonía de un concierto después de otro. Pero pensaba: “Ya vendrá el día cuando estaré contento. Tendré mi propio rancho con mi arroyo de truchas y podré retirarme. Haré lo que yo quiera hacer, iré donde yo quiera ir, y estaré satisfecho”. Y seguía adelante.
A los 30, logré mi meta. Dejé de tocar, encontré un rancho con un hermoso arroyo de truchas en Montana, y me trasladé allí. Llamé a Capitol Records, a la Universidad, y a Columbia Artists Management para agradecerles, y para comunicarles que no tocaría más la guitarra. Había logrado el sueño de mi vida.
Durante los cuatro años siguientes, realicé todo lo que había anhelado. Pescando feliz de la vida, recorriendo cada arroyo de truchas en el área, y remontándome a California del sur por el invierno para escapar de la nieve y el tiempo frío. Yo estaba viviendo la buena vida, o así lo pensaba.

Buscando la Verdad
Hay un viejo proverbio: “Ten cuidado con lo que deseas, podrías conseguirlo”. Bueno, ese fue el caso conmigo. Poco después de la jubilación, me aburrí con mi vida y empecé a sentirme interiormente vacío. Sentía como Salomón dijo en la Biblia, “Vanidad de vanidades; todo es vanidad” (Eclesiastés 1:1). Mi vida “ideal” estaba resultando no ser tan ideal después de todo. Yo necesitaba algo más, algo que me proporcionara la plenitud que mi éxito no estaba dándome.
Durante una de mis visitas de invierno a California del sur, un vecino me invitó a la iglesia. Yo decidí ir. El pastor predicó un sermón titulado “Examínate a sí mismo si tú estás en la Fe”, y leyó este pasaje de la Biblia: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).
Ahora, cuando yo era niño mis padres me llevaban a la escuela dominical todas las semanas e incluso había sido bautizado. Yo había leído la Biblia de vez en cuando durante mi niñez y estaba convencido de que yo era un cristiano, y que por conocer “los hechos” acerca de Jesucristo, yo entraría un día en el cielo. Pero, cuando oí las palabras que el pastor estaba leyendo sentí algo cortando profundamente en mi corazón. “¡Ése soy yo!” Yo pensé: “Yo era uno de aquéllos que dirían, ‘Señor, Señor, yo te conozco. Yo fui a la escuela dominical. Mis padres me han bautizado!’” En mi corazón, supe que Jesús me contestaría: “Tú nunca buscaste para glorificarme con tu vida o con tu música. Toda tu preocupación fueron tus ranchos y tus arroyos de truchas. ¡Apártate de mí, nunca te conocí!”
En ese momento terrible, comprendí súbitamente que yo no era un cristiano. Pensaba que tenía fe, y sin embargo mi estilo de vida se había caracterizado por un total egoísmo y desobediencia. (Yo suponía que había necesitado un Salvador para salvarme del infierno, pero nunca había querido a un Señor de mi vida, a quien seguir, en quien confiar, y a quien obedecer).
Esa noche no dormí, quebrantado por mis pecados. Comprendí que mi vida era un fracaso total. Yo había vivido muy egoístamente y ello no me había hecho feliz. Sabiéndome un pecador ante Dios, oré y le pedí que me perdonara. Fue entonces que yo le pedí a Jesucristo entrar en mi vida, ser mi Señor y Salvador. Por primera vez, recuerdo diciéndole: “Señor, estoy dispuesto a todo lo que tú quieras hacer con mi vida”.

Para la gloria de Dios
Mi nuevo compromiso con Cristo me dio un gran deseo de leer la Biblia y aprender más sobre la Palabra de Dios. Un día leí el pasaje que dice: “Hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Bien, sólo había dos cosas que yo sabía hacer: una era la pesca de trucha con mosca, y la otra, tocar la guitarra. Esta última me pareció la mejor opción a seguir. El gran compositor J.S. Bach dijo, “El objetivo y la razón final de toda la música no es otro que la gloria de Dios.” Bach firmó muchas de sus composiciones con las iniciales S.D.G. que son una sigla para “Soli Deo Gloria” (Sólo a Dios la gloria). Pensé que si Bach pudo usar su gran habilidad para ese fin, eso era lo menos que yo podría hacer con cualquier habilidad o talento que el Señor me había dado. Era evidente que el Señor quería que yo volviera a tocar la guitarra de nuevo, pero esta vez con un propósito diferente: honrar y glorificar a mi Señor y Salvador Jesucristo.
Poco después de tomar mi decisión de volver a tocar, vendí mi rancho en Montana y regresé a California. Inicialmente, tuve un rudo despertar cuando avisé a mi antiguo representante en Nueva York. Él me dijo rotundamente que yo había tirado una carrera muy valiosa y que sería sumamente difícil, si no imposible, retornar al período de conciertos después de una ausencia de cuatro años. Yo supe que todas las cosas suceden según la voluntad de Dios y que sólo por Su gracia yo podría retomar mi carrera de músico profesional. ¡Y así ha sido! ¡Desde mi retorno al mundo artístico, he tocado con las mejores orquestas en la nación, he realizado innumerables giras de concierto por el mundo, e incluso he tocado para el Presidente de los Estados Unidos en la Casa Blanca!
Andrés Segovia fue la inspiración de mi desarrollo musical, y todavía deseo seguir con excelencia la tradición musical él nos dejó. Sin embargo, mi verdadera meta en la vida es ahora ser un buen y fiel siervo del Señor Jesucristo. Mi carrera es sólo un medio para un fin, y ese fin es glorificar al Señor con mi vida y con la música que toco. Seguir esa meta me da gran gozo y satisfacción; he encontrado por fin la plenitud que antes no tuve.

***
Christopher es también campeón mundial de pesca con mosca en el International Gold Cup Tarpon Tournament (el “Wimbledon” de pesca con mosca) en Florida.


Los dalits o hindúes sin casta hallan nueva dignidad en la fe cristiana.

EL CAMINO DE LA LIBERTAD

«Estoy muy feliz de ser cristiano. Me siento liberado, me siento un ser humano», dice A. Sekar. Sus ojos se tornan húmedos y su voz se ahoga con profunda emoción. «He nacido de nuevo».
Sekar (30), es un dalit (paria, sin casta) en Madurai, India. Cuatro de los seis miembros de su familia se han convertido recientemente al cristianismo.
Su vecino Ilaiyaraja, también un dalit, ha estado yendo a la cercana iglesia de Bethel a orar. «El próximo mes seré bautizado», dice. «En el hinduismo, usted ora a varias deidades, mientras en la cristiandad hay sólo un Dios, que yo siento es el Dios original. El sistema hindú de las castas es inhumano y opresivo».
En India sobre 250 millones de dalits son «intocables», relegados por la casta superior de los brahmanes a una posición inferior casi permanente. El sistema de castas, aunque ilegal, permanece vigente socialmente. No se permite a los dalits entrar en las casas, ni en los campos, ni en los templos de la casta superior. Permanecen pobres y sin tierras. No pueden sacar agua de los pozos de una aldea ni usar zapatos mientras transitan por áreas de la casta superior.
Los observadores de derechos humanos denuncian una creciente persecución. En octubre fueron linchados cinco dalits por transportar cueros de vaca. En las semanas subsiguientes, como señal de protesta, más de 80 amigos y familiares de las víctimas se convirtieron al budismo, al islam, y al cristianismo.
En septiembre, la policía y otros funcionarios en Uttar Pradesh trataron de desalojar por la fuerza a una mujer dalit de su tierra. En otro caso, hindúes de la casta superior golpearon a tres dalits hasta matarlos. En el estado de Punjab, los agresores desnudaron a una mujer dalit en un mercado, en pleno día. En Madurai, meses atrás, algunos dalits fueron forzados a beber orina humana.

Llamados a la conversión
Incapaces de reformar el hinduismo, los líderes dalits alientan a sus seguidores a escapar de su miseria cambiando su religión. Más de 50,000 se convirtieron al budismo en una sola ceremonia en Nueva Delhi el año pasado, y muchos otros se han hecho cristianos. John Dayal, secretario general del Consejo Cristiano Indio (AICC), llama al movimiento de conversión de los dalits una «búsqueda personal de la dignidad».
Udit Raj, presidente nacional de “All-India Confederation of Scheduled Caste”, dice: «Todos los dalits deben dejar el hinduismo. El hinduismo promueve el sistema de castas».
Richard Howell, de la “Evangelical Fellowship of India”, dice que los cristianos están evangelizando a los dalits a pesar de los riesgos personales y políticos. «El objetivo de todo cristiano es dar testimonio. Nosotros predicamos el mensaje de Cristo de amor e igualdad. Si usted hace esto, verá conversiones».
Dayal dice que la iglesia está en la mejor posición para extender la mano. «No hay futuro para los dalits en el hinduismo», expresa.
De hecho, dos tercios de los 30 millones de cristianos de India vienen de los dalits. Raj, aunque un converso budista él mismo, dice que él sería feliz si más dalits llegan a ser cristianos.
«Queremos hacer de las conversiones un fenómeno nacional». «Tengo mucho aprecio por los cristianos. Ellos cambiaron la vida de los dalits. Los cristianos fueron los primeros en abrir un sistema de educación para dalits, darnos una oportunidad de ser libres y crecer. La gente se está convirtiendo al cristianismo. Los dalits tienen el derecho de escoger su religión».

La ley anti-conversión
Algunos hindúes están exigiendo ese derecho. En octubre, el gobierno del estado de Tamil Nadu aprobó lo que el AICC llama «una draconiana ordenanza anti-conversión». La ley prohíbe las conversiones por «la fuerza, atractivo, o medios fraudulentos». El AICC dice que las autoridades han usado una terminología semejante para acosar a cristianos en otros estados. Los que son encontrados culpables podrían enfrentar duras multas o hasta tres años de prisión.
Los observadores dicen que la ley fue incitada por la conversión de 250 dalits durante una campaña de predicaciones en Madurai, la segunda ciudad más grande del estado. Tales conversiones colectivas siempre encienden controversias en India a pesar del derecho constitucional para cambiar de religión. Los radicales hindúes dicen que los cristianos usan la fuerza y el soborno para llevar a los Dalits pobres a convertirse.
Raj, el líder dalit rechaza tales argumentos. «Los dalits son estigmatizados, violentados, asesinados, y explotados, no por los cristianos, sino por la casta superior». «¿Deben decir los ‘carroñeros’ e intocables con orgullo: Nosotros somos hindúes? El Vishwa Parishad hindú y otros fundamentalistas piden diálogo con cristianos sobre las conversiones. ¿Por qué no les preguntan a los dalits por qué ellos se están convirtiendo?»
Los líderes cristianos se ríen de los cargos de soborno. Ellos indican que los dalits que llegan a ser cristianos pierden el patrocinio educativo del gobierno y los beneficios del empleo. Dayal dice que los cristianos, una de las comunidades más pobres de India, no están en posición de sobornar a nadie. «Nosotros no podemos inducir, no podemos ofrecer dinero, no podemos forzar», dijo.
Howell recuerda la historia de varios dalits que se acercaron a un obispo local, pidiendo llegar a ser cristianos. Cuando él les dijo que perderían sus beneficios, respondieron, «Cristo nos ha aceptado en su corazón, y no estamos interesados en los beneficios dados por el gobierno.»
Howell prevé muchos signos optimistas. «Los dalits han comprendido que si se organizan pueden tener el poder político», dijo. «Es un movimiento de liberación a través del cambio de fe, que continuará y tendrá buenas consecuencias».
Dayal concuerda. «Todos los dalits saldrían del hinduismo para llevar una vida de dignidad. ¿Por qué debemos negarles nosotros una oportunidad?»
Sekar se complace con su elección. «En el cristianismo, encontré la dignidad y la libertad. No hay otro camino».
Manpreet Singh.
Christianity Today, 2002.


Un sentido de admiración cósmica sostuvo a Johannes Kepler a través del profundo dolor.

MARAVILLA LUMINOSA,
PESADA CRUZ

En una noche inolvidable en 1577, una madre llevó a su hijo de 5 años de edad a la cima de una colina para ver el sendero brillante de un cometa. El chico era Johannes Kepler (1571-1630), y esa noche se decidió el curso de su vida.
La reverente maravilla de esa experiencia brilla en la descripción posterior de Kepler de la Cosmología de Copérnico, que él fue el primero en publicar como libro de texto.
Kepler imaginó el universo helio-céntrico como un reflejo de la Trinidad: El sol en el centro representando a Dios el Padre, la esfera exterior de estrellas representando a Jesucristo, y el espacio intermedio, al Espíritu Santo. Esta visión de las estrellas como una ventana a lo eterno sostuvo al astrónomo luterano a través de una vida de incesante sufrimiento.
Su padre, un soldado mercenario, desapareció en acción cuando Johannes tenía 16 años. La primera esposa de Kepler murió, y él perdió a varios hijos de su primer y segundo matrimonios. Fue perseguido por la Iglesia Católica y excomulgado de la iglesia luterana por ideas sobre la Cena de Señor que se cambiaron más tarde. Soportó la muerte de su patrón y mentor, el astrónomo danés Tycho Brahe, causada por la bebida; el descenso a la locura y la muerte de su patrocinador, el emperador Rodolfo II; y el arresto y amenaza de tortura de su madre (que su intervención evitó) por la acusación de brujería.
Educado no sólo en matemáticas y astronomía, sino también en teología, Kepler pensó inicialmente servir como pastor. Sin embargo, en 1594 las autoridades luteranas le asignaron trabajo como profesor de matemáticas en Graz, Austria.
En 1596, Kepler publicó su Misterio Cosmográfico, sobre el espaciamiento de las órbitas planetarias. En vísperas de su publicación, escribió a su maestro de astronomía en la Universidad de Tubingen: “Dedico mi esfuerzo… para la gloria de Dios, quien quiere ser reconocido en el Libro de la Naturaleza.”
Los esfuerzos de Kepler produjeron su más famoso fruto en sus primeras dos leyes del movimiento planetario, publicadas en su obra maestra, La Nueva Astronomía (1609), y en su tercera ley del movimiento planetario (1618). Estas leyes prepararon el camino para la revolución científica naciente. Cincuenta años después, la investigación de Isaac Newton para una explicación fundamental de las leyes de Kepler lo condujo a formular su propia ley de la gravitación universal.
Kepler murió en Regensburg el 15 de noviembre de 1630. Como si Dios honrara la dedicación de toda la vida del astrónomo a glorificarlo por el estudio de las estrellas, varios testigos informaron que bolas de fuego –ahora conocidos como meteoros– cayeron del cielo ese anochecer.

Joseph L. Spradley. Christian History magazine.