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La
voluntad de Dios: Rodrigo Calderón U. Podemos encontrarnos con personas que se consideran cristianas, que no creen (o no quieren creer) en la pureza sexual. Consideran que tal enseñanza es anticuada. Pero aunque parezca anticuada, es completamente bíblica. Para responder a estas personas, la Biblia dice: Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios (1 Tesalonicenses 4:3-5). Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo (1 Tesalonicenses. 4:7-8). Este pasaje se basa en Levítico 19:2: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. Un mandamiento dado en un contexto de advertencias sobre los extravíos sexuales. También, es necesario recalcar, que en 1ª de Tesalonicenses se nos llama a evitar la inmoralidad sexual y tres veces se nos pide ser santos. Desechar esto es pecar contra el Espíritu Santo. En otras palabras, si un cristiano rechaza esta enseñanza, rechaza a Dios mismo, y esto puede indicar una falsa fe. ¿Montes muy altos? Rolly Hermosilla Alzaré mis ojos a los montes; ¿dé dónde vendrá mi socorro?. Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra (Salmos 121:1-2). El problema del creyente, es bajar la mirada, o quitar la vista de Dios. Entonces nos vemos rodeados de montes altos, es decir, de problemas que quizá siempre estuvieron ahí, pero que al bajar la vista de Dios, se nos agrandan y se nos hacen más evidentes. Así comienzan las quejas, discordias, cansancio, etc., y ya no encontramos solución a las situaciones que estamos viviendo. De
lo anterior pasamos al estancamiento. Son tantos mis problemas.
Pero mira como es tal hermano. Aquel no me saludó.
El profesor me tiene mala. Mi jefe es un ogro.
Mis padres no me entienden. Nadie me comprende.
Y el broche final es: Mejor me quedo, antes tenía menos problemas.
¡Qué fácil solución! Pero qué camino
más errado para un cristiano. En
Apocalipsis 4:1 dice: Después de esto miré, y he aquí
una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de
trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré
las cosas que sucederán después de éstas. ¡Qué
dulce es la voz del Señor! ¡Qué gran amor el del Señor
Jesús para con los suyos! En primer lugar, una puerta abierta en el cielo. No sólo una puerta, sino que está abierta para que entremos en cualquier momento. Además, el mismo Jesús, la primera voz que oí, como de trompeta (Apocalipsis 1:10-11), nos invita a subir a su santuario, a recostar nuestra cabeza en su pecho, a descansar en Él. Y no sólo esto, sino que, además, dice que nos mostrará las cosas que sucederán más allá de lo que vivimos hoy. Nos mostrará su voluntad, lo que tiene en su corazón, y la gloria venidera que minimiza todo monte que nos rodea. ¡Cuán bueno es Jesús!. Ahora hermanos, sólo nos queda aceptar la invitación, y poner nuestra mirada y nuestros pensamientos en el Señor Jesucristo. La motivación para servir P.F.C Todo
lo que hacemos en nuestra vida requiere de motivación. Necesitamos
de algo que nos aliente a conseguir lo que queremos. Es por eso que cada
uno siente afinidad por algunas cosas y por otras no. En cuanto a nuestro
servicio al Señor, también existen motivaciones. ¿Cuál
es la tuya?. En
Salmos 111:10 vemos que el principio de la sabiduría es el
temor de Jehová. Y en Job 28:28, He aquí el
temor del Señor es la sabiduría. Aquí se habla
del temor de Jehová y del Señor, indicándolo como
algo bueno y relacionado con la sabiduría. Por lo tanto, hemos
de tener siempre un temor hacia nuestro Dios, porque esto es bueno delante
de sus ojos. También
existe una forma más drástica de temor. Como aparece en
Salmos 119:120. Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de
tus juicios tengo miedo. Podemos sentir esta clase de temor cuando
el Señor nos disciplina. Cuando somos alcanzados por el juicio
de Dios, al haber manchado su santidad con algún pecado. Debemos
sentir temor de la santidad de Dios, para que no pequemos deliberadamente. Sin
embargo, existe en medio de la cristiandad una forma de temor que no viene
de Dios. Y que, probablemente, nos ha tenido asustados y atados por algún
tiempo. Este temor se produce cuando pensamos que si no servimos a Dios,
Él se enfadará y sufriremos desgracias. Entonces, servimos
a Dios y a los hermanos para no ser castigados. Muchos
que ven muy cercana la venida del Señor sirven a Dios para no quedarse
en la Tribulación. Otros entregan su diezmo para no sufrir la pérdida
de su trabajo o una escasez monetaria, lo mismo en las ofrendas. Otros
oran para no ser castigados. ¿Hemos de buscar y servir a nuestro
Dios en esta condición? ¿Será ésta la motivación
que nos impulsa a ser cristianos? Permita el Señor que no sea así.
Dios no nos quiere ver oprimidos. Él quiere que nos apropiemos
de su herencia y que disfrutemos su salvación. Hay
un camino más excelente para servir. En el cual no hay lugar para
la fatiga o el cansancio. El AMOR. Como dice 1ª Juan 4:18-19, En
el amor no hay temor sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque
el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido
perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque Él
nos amó primero. Cuando
el amor es nuestra motivación, todo cambia. Tenemos nuevas fuerzas,
disfrutamos y nos gozamos en buscar y servir a quien amamos, a Dios. Si
practicamos el amor en nuestro servicio, diezmo, ofrenda, oración,
y en toda nuestra vida cristiana, gustaremos y viviremos el gozo del Señor. Te invito a cambiar el miedo por el amor. Sin dejar de lado el temor reverente a nuestro amado Señor. Dios quiere traer bendición a tu vida y llenarte. Mi Buen Pastor Diego
Bustamante R., 13 años. Cuando
leo en tu Palabra Porque
yo también como muchos, Por
eso me siento seguro, Quiero
ser guiado por tu vara, |
Había un rey... Colaboración de David Contreras P. Había
un rey que tenía una persona de su absoluta confianza, que llevaba
siempre con él a cualquier lado, y ante cualquier duda le preguntaba.
Esta persona siempre le decía lo mismo. «Mi señor,
todo lo que pase es para tu bien». La mente de Cristo Andrew Webb «Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto». (Ro. 12:2, La Biblia de las Américas). Una lección importante de la carta a los Efesios es nuestra posición en Cristo. Estamos sentados juntamente con Él en los lugares celestiales. Aunque vivimos en la tierra. Es nuestro contacto con el Padre en los cielos lo que nos sostendrá en medio de un mundo seco y árido. Sin embargo, cuando estamos rodeados con amigos no creyentes, ambientes hostiles o tentación en el mundo, tendemos a olvidarnos rápidamente de Cristo. Esto nos deja a menudo sintiéndonos cargados y con una fuerte sensación de culpa o aun vergüenza. ¿Qué podemos hacer frente a esto? Nuestra ciudadanía está en los cielos. Hay varios ejercicios prácticos que podemos realizar para permanecer en esa posición de victoria, como vivir con sencillez, ayunar, orar, meditar o estudiar. Practicar estas técnicas, a menudo llamadas disciplinas espirituales, no es contraria a la Escritura. Pablo exhortó a Timoteo Ejercítate para la piedad (1 Timoteo 4:7). Sin embargo, siempre debemos recordar que estos sólo son una ayuda para llevarnos a la presencia de Cristo. Ellas no deben convertirse en legalismo o nuestra justificación: solamente Cristo es nuestra santidad. Una disciplina que nos ayudará diariamente, entonces, es llevar nuestros pensamientos a Cristo, o como Colosenses 3:2 nos dice, Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Por eso la comunión es tan saludable; el juntarnos con los hermanos lleva nuestros pensamientos a Cristo. Sin embargo, como individuos debemos ejercitarnos en todo momento en esto: Acuérdate de Jesucristo. Frank Laubach, un cristiano norteamericano prominente, llevó esta disciplina a un extremo. Programó su reloj para que sonara un segundo cada minuto del día para someter sus pensamientos a Cristo. ¡Él cuenta que transformó su sumisión a la voluntad de Dios aun en las áreas más pequeñas de su vida! Éste es claramente un llamamiento personal, pero muestra los beneficios de esta disciplina espiritual. La vida de Jesús en la tierra y Su comunicación con el Padre es, por supuesto, el ejemplo mejor de esto. Podríamos pensar que es injusto esperar lo mismo de nosotros, pero la Palabra nos dice: Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Col 2: 16). ¡Qué declaración! Así como el Señor dijo a los israelitas que él pondría sus leyes en sus mentes (Hebreos 8:10), nosotros también tenemos la capacidad de acercarnos al Padre porque él nos ha dado la mente de Cristo. En otras palabras, nosotros tenemos el Espíritu Santo que nos da el discernimiento de verdades espirituales, y quien nos guía hacia su presencia. Que
seamos transformados por medio de la renovación de nuestras mentes;
pensando en Cristo para que seamos santos y no alejados de su presencia
por causa de circunstancias externas. Dondequiera que estemos, cualquier
cosa que podríamos estar haciendo, nosotros tenemos acceso a nuestro
Padre Celestial y podemos vivir el cielo en la tierra. Reflejando a Cristo Alvaro Soto V. ¿Qué
es lo que mostramos a los que nos rodean? ¿Qué es lo que
más les impresiona de nosotros?.¿Qué dicen de nosotros
en nuestra casa, en la escuela, en la universidad o en el trabajo? ¿Se
nota que somos cristianos? O mejor dicho, ¿se nota que Cristo vive
en nosotros? |
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EQUIPO
DE REDACCIÓN:
Alvaro Soto V. · Andrew Webb · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón
U. |
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