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Citas
escogidas
La
mejor manera de mantener fuera al enemigo es mantener a Cristo
en el centro.
A.W.
Tozer.
Los
hombres son el método de Dios. La iglesia está procurando
mejores métodos; ¡Dios está procurando mejores
hombres!
E.M.
Bounds.
Mientras
hablamos de la segunda venida de Cristo, la mitad del mundo nunca
ha escuchado de la primera.
Oswald
J. Smith.
Antes
los cálices eran de madera y los pastores de oro, hoy tenemos
cálices de oro y pastores de madera.
Savonarola.
Nuestro amor para con Dios es probado por esto: ¿lo
buscamos a Él, o buscamos sus dones?
Madame
Guyon.
Dios
no encuentra sitio en nosotros para derramar Su amor, porque estamos
llenos de nosotros mismos.
Agustín
de Hipona.
No
permitas que tu felicidad dependa de algo que puedes perder, sino
del Amado, el que permanece.
C.
S. Lewis.
En
el ejército de Dios no hay soldados desconocidos.
Anónimo.
El
secreto de la victoria y el reposo es rendición y fe. Cristo
en nosotros y Cristo sobre nosotros como Señor absoluto.
Handley
Moule.
Cristo
no envía a nadie vacío, a no ser a los que están
muy llenos de sí mismos.
Anónimo.
Puedes
intentar servir a Dios sin amarle, pero no puedes amar a Dios
sin servirle.
Anónimo.
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Para meditar
Tres
clases de bendiciones
Las bendiciones espirituales en los lugares celestiales que son
nuestras en Cristo pueden dividirse en tres clases:
La primera la componen aquellos que llegan a nosotros inmediatamente
después de que creemos para salvación, tales como
el perdón, la justificación, la regeneración,
el ser hechos hijos de Dios y el ser bautizados en el Cuerpo de
Cristo. ¡En Cristo, poseemos estas cosas aun antes de saber
que son nuestras!
La
segunda clase la componen aquellas riquezas que son nuestras por
herencia, pero que no podemos disfrutar verdaderamente hasta que
el Señor regrese. Esto incluye la perfección mental
y moral, la glorificación de nuestros cuerpos, la completa
restauración de la imagen divina en nuestras personalidades
redimidas y la admisión a la misma presencia de Dios para
experimentar para siempre esta beatífica visión. ¡Estos
tesoros son nuestros con tanta seguridad como si los poseyésemos
ahora!
La
tercera clase consiste en tesoros espirituales que son nuestros
por la expiación de la sangre de Jesús, pero que no
podremos poseer a menos que realicemos un decidido esfuerzo por
poseerlos. Estos son, la liberación de los pecados de la
carne, la victoria sobre el yo, el fluir constante del Espíritu
Santo en nuestra personalidad, los frutos en nuestro servicio cristiano,
la conciencia de la presencia de Dios, el crecimiento en la gracia,
una creciente conciencia de unidad con Dios, y un espíritu
inquebrantable de adoración. Estas cosas son para nosotros
lo que era la tierra prometida para Israel, se pueden conquistar
de acuerdo a nuestra fe y valor.
A.W.
Tozer, en Manantiales de lo alto.
La
complacencia del hombre común
En una cultura declinante, una de sus características es
que la gente común no se da cuenta de lo que está
sucediendo. Solamente los que saben y pueden leer las señales
de decadencia están planteando las preguntas que todavía
no tienen respuesta. Juan Pueblo se siente cómodo en su complacencia
y tan despreocupado en cuanto a los asuntos mundiales, como un pez
de estaño en una caja de revistas atrasadas. No hace preguntas,
porque los beneficios sociales del gobierno le dan un falso sentido
de seguridad. Este es su problema y su tragedia. El hombre moderno
se ha convertido en espectador de los acontecimientos mundiales,
observando en su pantalla de televisión, sin comprometerse.
Mira desfilar ante sus ojos los ominosos acontecimientos de nuestra
época, mientras bebe cerveza cómodamente sentado.
No parece comprender lo que está sucediendo. No entiende
que este mundo está en llamas y que él está
a punto de quemarse también.
Billy
Graham, en El mundo en llamas.
El
valle de sombra de muerte
Es un gran arte aprender a caminar por lugares sombríos.
No te apures. En las sombras se aprenden lecciones que no se pueden
aprender a plena luz. Descubrirás alguno de los ministerios
del Señor que no habías tenido oportunidad de conocer.
Su vara y su cayado te infundirán aliento. Una para guiarte,
la otra para protegerte. La oveja que se encuentre más cerca
de su pastor conocerá de ambos. Cuando entramos al valle
de sombra de muerte, nos acercamos tanto a él que lo miramos
cara a cara y no decimos El está conmigo, sino
Tú estás conmigo, porque lo otro es muy
formal, poco íntimo. La necesidad que tenemos de Cristo y
su utilidad la vemos mejor en las pruebas.
W.Y.
Fullerton, citado en Gethsemaní Nº 32.
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