.Una revista para todo cristiano · Nº 19 · Enero - Febrero 2003
PORTADA

"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

Buscando el camino correcto

Rodrigo Calderón U.

A veces los jóvenes nos preguntamos muchas cosas. Tenemos dudas y nos apresuramos en hacer cosas y tomar decisiones. ¿Qué carrera voy a seguir en la universidad? ¿Dejo los estudios para servir al Señor tiempo completo?

Pensemos un poco: el Señor Jesús comenzó su ministerio a los 30 años de edad. Cuando él buscó a sus discípulos, éstos estaban trabajando, como Mateo que estaba recibiendo los tributos públicos (Mateo 9:9), o Juan, que estaba remendando sus redes (Mateo 4:21). Otros tenían una profesión, habían estudiado, como Lucas que era médico (Col.4:14) y otros estaban casados como Pedro (Mateo 8:14) El Señor Jesús buscó a hombres que tenían algún camino avanzado, que ya tenían experiencia en la vida.

¿Cómo podemos conocer la voluntad de Dios? Amado hermano, Dios ha establecido al menos tres maneras concretas y prácticas, a través de las cuales podemos conocer su voluntad para nuestras vidas.

Una de ellas es conocer su Palabra. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”(Salmos 119:9). “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (Salmos 119:105). Como ves, todo lo que necesitas saber sobre la voluntad de Dios para tu vida, está en su Palabra. Si llegas a conocer la palabra de Dios y la comprendes, por el Espíritu Santo, puedes conocer la voluntad de Dios.

La oración, es otra manera en que puedes descubrir la voluntad de Dios. Cuando descubres lo que a Dios le agrada, sólo entonces habrá paz en tu corazón, “y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones” (Colosenses 3:15). La paz de Dios es como un regulador, de manera que cuando no haces las cosas dentro de su voluntad, su paz te abandona, experimentas una intranquilidad interior, e inmediatamente descubres que estás haciendo algo que está fuera de su voluntad.

Conocer la palabra de Dios y vivenciar la paz que nace de una íntima relación con Él, es la mejor manera de buscar su voluntad. “Permaneced en Mí, y Yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar frutos por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí” (Juan 15:4).

Sin embargo, Dios nos muestra su voluntad de muchas otras maneras. Lo hace por medio de los pastores, de los hermanos mayores de la iglesia, que nos dan el consejo sabio de Dios. “Escucha el consejo, y recibe la corrección. Para que seas sabio en tu vejez” (Prov. 19:20). “Los pensamientos con el consejo se ordenan” (Prov. 20:18).”Porque con ingenio harás la guerra, y en la multitud de consejeros está la victoria” (Prov. 24:6).

El Señor nos revela su voluntad. Lo importante es estar seguro de haber puesto nuestra vida en sus manos, que tenemos nuestro corazón rendido ante Él, y que estamos listos para hacer lo que nos pida. Si queremos hacer su voluntad, sabremos cuáles son sus planes para nosotros.

Por último, que ésta sea nuestra oración: “Padre, por encima de todo quiero hacer tu voluntad. Ayúdame a no salirme de tu plan y propósito para mi vida. Que la buena obra que un día comenzaste en mi vida, sea perfeccionada hasta el día de Jesucristo. Amén”.


Por qué Dios nos dice que no

Rolly Hermosilla

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?... ¿y qué acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos? (2ª Corintios 6:14,16).

Muchas veces nos parece que los NO de Dios son para prohibirnos cosas que le agradan a nuestra alma y no les encontramos un sentido para nuestra vida espiritual.

En el caso del texto anterior Él nos dice claramente que no nos unamos, mezclemos o hagamos alianza con los incrédulos. Esto implicaría no formar una pareja desigual, no hacer amistad con un incrédulo, y hasta no hacer negocios con el mundo. Podríamos hasta cuestionar el sentido cristiano de este párrafo. “Pero si no me mezclo, o no me junto con los incrédulos, ¿cómo van a conocer al Señor?”. Debemos señalar que Jesús caminó entre los incrédulos y los pecadores, incluso comió con ellos, pero no se unió a ellos.

He escuchado decir a más de algún joven y jovencita que la pareja que buscaron no es creyente. “Pero es muy tranquilo y tan buena persona. Que de seguro si lo invito a la iglesia se convierte al Señor”. Debes saber que el diablo es muy astuto y pondrá delante de tus ojos a alguien que agrade completamente a tu alma.

Jesús dice en Lucas 6:46, “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?. La voluntad de Dios es que no hagamos ningún tipo de alianza con el mundo, y unirse a un incrédulo es desobedecer y apartarse de la voluntad de Dios.

Sabemos que el pecado radica en la desobediencia a Dios, y que ésta nos trae consecuencias, que debe sufrir no sólo el que desobedece, sino que puede verse afectada la Iglesia. En Números 25 vemos cómo Israel sufrió una gran mortandad por causa de los que se mezclaron con los idólatras. Tuvieron que morir todos los que pecaron para que cesara la mortandad. Lo que un miembro hace afecta a todo el cuerpo.

Más de alguien dirá que existen hermanos que se han unido con incrédulos y que éstos han creído en Cristo luego de un tiempo. Alguien podría decir, ¿por qué yo no podría convertir a mi pareja?. La misericordia de Dios es infinita, y nos permite hacer nuestra voluntad, lo cual no significa que esté agradado con lo que hacemos. Pero el que nos permita hacer estas cosas no nos libra de las consecuencias a pagar por desobedecer.

En Josué 23:11-13 Dios nos advierte lo que sufriremos al desobedecer este mandamiento. “Guardad pues con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.”

Jesús fue obediente hasta la muerte y hoy está sentado a la diestra del Padre. Seamos sabios en escuchar el consejo de Dios y en obedecer su mandamiento. Porque “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. (Proverbios 10:9)

 

Yugo desigual

Álvaro Soto V.

No sólo entre el creyente y el incrédulo puede formarse un yugo desigual o yunta dispareja. También en medio del pueblo de Dios.
1ª Juan 1:1-3 dice que lo que hemos oído, visto, contemplado y palpado nos permite tener comunión entre los creyentes, y comunión también con el Padre y su Hijo Jesucristo.

Quisiera reflexionar sobre esto, si oímos, vemos, contemplamos y palpamos lo mismo, entonces tendremos comunión.

Respecto a las relaciones de pareja debemos seguir el mismo principio para que “las cosas resulten”. Si el novio y la novia (y también el esposo y la esposa) no comparten una misma “visión”, un propósito de vida, se producirán roces, peleas y algún tipo de separación.

A veces vemos a un hermano que ama al Señor, que le sirve de corazón pero la que debería ser su “ayuda idónea” no lo acompaña. Él parece un gigante en la fe y ella una enana. También puede darse lo contrario, una hermana muy crecida en Cristo y un esposo carnal e inmaduro. Ambos casos establecen una yunta dispareja que puede producir dos nefastos resultados: la separación, o bien la influencia negativa sobre el creyente más crecido.

Mi deseo es aconsejar a mis hermanos jóvenes a elegir, a su futuro esposo o esposa, en el Señor.
No basta con que los dos sean cristianos, o que asistan a la misma congregación. No, eso puede ser insuficiente. Para que lleguen a ser “una sola carne” deben compartir una visión, un compromiso delante del Señor. Deben ser equivalentes, espiritualmente hablando. Así servirán juntos al Señor, y cosecharán mucho fruto.


Ordenando la casa

Andrew Webb

En varias ocasiones, Jesús habló de una relación directa entre lo interior y exterior nuestro. Él advirtió a los fariseos que sólo lo que está limpio en el interior del cuerpo producirá algo limpio por fuera (Mt. 15:17-20).

En las epístolas, los apóstoles ofrecen muchas instrucciones prácticas para nuestro caminar con Cristo: Andad en el espíritu... estad pues firmes... mire que no caiga... andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados... sed pues imitadores de Dios... poned la mira en las cosas de arriba... vestíos pues como escogidos de Dios... ceñid los lomos de vuestro entendimiento.. andad como él anduvo...

Algunas veces, estas instrucciones pueden parecer aplastantes. Tantas órdenes, tantas barreras que cruzar. Si ponemos nuestros ojos primero en estas reglas de conducta, ciertamente, no las cumpliremos, porque ellas son formas externas de limpieza. Pero Cristo es la única forma de limpieza interior. Sólo él contiene todo lo que necesitamos para una vida de santidad. Sólo él cumplió todas estas instrucciones (2 P.1:3).

Watchman Nee dijo: “La revelación es el primer paso para la santidad, y la consagración es el segundo.” Es decir, necesitamos tener a Cristo revelado en nuestros corazones, incluso antes de pensar sobre una santidad externa. La verdad es que no podemos intentar ser santos.

Nosotros tenemos que permitir a Cristo ser nuestra limpieza interior. ¿Qué significa esto? No es una idea tan pasiva como parece. Efesios 4:7 dice: “...ni deis lugar al diablo.”

Aquí encontramos una instrucción simple y clave. Hay un espacio dentro de nosotros que puede ser ocupado, y sólo hay dos ocupantes posibles, Jesús o Satanás.

Dondequiera que Satanás tenga un espacio, habrá caos. Pero dondequiera que el Señor gobierne, habrá orden. Este hecho espiritual existe desde el principio. La tierra estaba desordenada hasta que Dios habló, y separó las tinieblas de la luz. ¡Él creó el orden! (Gn. 1:2).
Jesús nos pide, por consiguiente, que seamos como sirvientes atentos que esperan a su amo para abrirle la puerta (Lucas 12:36). Quiere que nosotros lo invitemos diariamente y le abramos la puerta, para que él pueda poner todo en orden.

No podemos volvernos interna o externamente limpios o santos, pero podemos dejar que Cristo lo ordene todo. No somos capaces por nosotros mismos, pero en Cristo Jesús, tenemos todo lo que necesitamos.

Abramos la puerta a Jesucristo todas las mañanas, al mediodía y en las tardes. Porque Él nos hace andar en el Espíritu, estar firmes, mirar las cosas de arriba y andar como Él anduvo.

¡Sólo tenemos que mirarlo y confiar en su poder y su victoria!


Encuentro

Chantal Olivares W.

Dibujaba sobre hojas mil historias,
todas las noches
con aquellas lágrimas
que me nacían sin cesar.
Gritaba al silencio
agonías que no entendía.
Todo era ausencia y oscuridad,
todo era silencio y miedo.

Hasta que en ese vacío
divisé a uno que venía a mi encuentro,
desde lejos.
Saltaba por collados
que yo no podía pisar
impedida por las caídas de mi caminar.

Él se acercó a mí,
me miró
con sus ojos rebosantes de amor.
Aquietó mi barca,
silenció los llantos.
Quitó todo aquello
que aguijoneaba a mi alma.
Hizo latir mi corazón.
Me sumergió en el río de su vida.
Hizo desbordar, en mí, aguas vivas.
Sólo me dijo: “Mi vida di por ti”.
Y me miró. Y yo creí.
Me dijo: “Ven”. Y yo le seguí.

Hoy danzo con él.
Hoy no hay lágrimas.
Asomó a mi noche el día.
A mis silencios, nuevas melodías.
A mi prisión, libertad.
A mi ser, su nombre.

¡Jesús, Jesús! ¡Amor de mi alma!.
¡Mi Rey y mi paz!


EQUIPO DE REDACCIÓN: Alvaro Soto V. · Andrew Webb · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón U.
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: Dámaris Apablaza A. · Rocío Soto V. · Andrés Contreras L.

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