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Perfiles ¡Qué letra! El conocido escritor
A.J. Gordon solía recibir mucha correspondencia. Muchas de las
cartas planteaban difíciles cuestiones de escatología, que
él respondía de la mejor manera con su letra pequeña
y extraña. A veces, por supuesto, las respuestas eran necesariamente
breves. En una ocasión escribió un mero bosquejo de su posición
frente a lo consultado, agregando que sentía no tener tiempo para
desarrollarlo. Recibió una contestación unos meses después
en que el suscrito decía: Es por cierto una fortuna para
mí, que su tiempo fuera limitado. ¡Ya he gastado nueve semanas
procurando descifrar la letra de su carta, y me falta mucho todavía! Providencia con humor Loren Cunningham,
fundador de Juventud Con Una Misión (JUCUM), cuenta que en el comienzo
de su ministerio, Dios proveyó de manera providencial su necesidad
de ropa, y lo hizo de una manera muy peculiar. Cierta vez, después
de dar un mensaje en una congregación, se acercó a él
una mujer, quien ofreció comprarle un terno. Él se imaginó
que ella emitiría un cheque, o que se encontraría con él
y con su esposa Darlene en algún centro comercial en donde él
pudiese escoger un traje. Pero no fue así. Ella era costurera en
la sección hombres de una multitienda de Sears. Después
de tomar sus medidas, ella buscó un buen modelo, compró
con su descuento, le hizo los arreglos para que le quedara bien, y se
lo envió por correo. Unidos en la fe En una ocasión
Charles Simeon, calvinista, y Juan Wesley, arminiano, se acercaron a un
grupo de seguidores. Simeon dijo: Llevando un registro Margaret Koster era
una mujer de oración. De joven solía orar todos los días
por misioneros de los que oía hablar. Además, llevaba un
diario de sus oraciones con sus respuestas. Un informe lapidario Puedo decir
que, en verdad, he visto pocas personas cuya mente fuera más oscurecida
para las cosas espirituales cuando vino a mi sección en la Escuela
Dominical. No he visto persona que pareciera menos capaz para llegar a
ser cristiano convencido de las verdades evangélicas, claras y
decididas, y aun menos capaz para ocupar ningún puesto de utilidad
pública. (Informe de E. Kimball, su maestro de Escuela Dominical,
respecto del joven Dwight L. Moody). Una lección inolvidable Henry Moorhouse, un
noble evangelista, pasaba cierta vez por circunstancias difíciles.
Él estaba procurando obtener del Señor palabras de ánimo.
Cierto día al llegar a su casa, su hijita que era paralítica
estaba sentada en su silla. Henry traía en sus manos un paquete
para su esposa. Él besó a su hija y le preguntó:
¿Dónde está mamá?. Mamá
está arriba, respondió ella. Bien, tengo aquí
un paquete para ella. Déjame llevárselo,
rogó la pequeña. Pero, Minnie, querida, ¿cómo
podrías llevar tú el paquete? Tú no puedes ni siquiera
llevarte a ti misma. Con una sonrisa en sus labios, Minnie le dijo:
Oh, no papá; tú me das el paquete, yo lo llevo y tú
me llevas. Disciplinado Los padres de Martín
Lutero eran personas muy piadosas, pero también extremadamente severas.
Él mismo dice: “Mi padre me castigó un día de un modo tan
violento, que huí de él, y no quise volver hasta que me
trató con más benignidad. Y mi madre me pegó una
vez por causa tan leve como una nuez, hasta hacer correr la sangre, *** |