|
|
|
Desde el griego... Psiqué y Zoé Rubén Chacón V. "Psiqué
y Zoé son dos palabras griegas que, aunque no son sinónimos,
se traducen comúnmente como vida. Psiqué y zoé
designan dos niveles o tipos distintos de vida. Psiqué es vida
psíquica o anímica y zoé es vida espiritual. Psiqué
está relacionada principalmente con el alma, y zoé con el
espíritu. En efecto, psiqué se traduce habitualmente también
como alma. Por lo tanto, psiqué es la vida del alma o inventando
un término es vida almática. El hombre fue creado
con vida psíquica o alma: Fue hecho el primer hombre Adán
alma (psiqué) viviente (1Cor. 15:45). Adán era un
ser animado por su alma. Era un ser viviente con vida natural. Zoé,
por su parte, es la clase de vida espiritual, divina, eterna. 43 veces
zoé es mencionada como vida eterna. Adán no
fue creado con esta clase de vida, pero fue creado para participar de
ella. Zoé, la clase de vida divina, estaba para Adán en
el árbol de la Vida (gr. Zoé). Este árbol representaba
al Señor Jesucristo. Por eso, el apóstol Juan declara que
en él estaba la vida (zoé), y la vida (zoé)
era la luz de los hombres (Jn. 1:4). Psiqué
y zoé representaban, en definitiva, dos formas de vida distintas
por medio de las cuales Adán podría vivir. Si comía
del árbol de la vida viviría entonces a través de
un tipo de vida increada, eterna, espiritual; esto es, viviría
por medio de la misma vida de Dios. Por el contrario, si no llegaba a
comer del árbol de la vida, viviría en ese caso sólo
por medio de su vida humana, creada y natural. Ahora bien, todos sabemos
que Adán, por su desobediencia, no participó del árbol
de la vida y, en consecuencia, quedó a medio camino en el propósito
de Dios. En lugar de llegar a ser un hombre espiritual, se convirtió
en un hombre natural (psíquico) (1Cor. 2:14; 15:44, 46; Jud. 19)
y carnal (sárkikos) (1Cor. 3:1,3; Rm. 7:14), ajeno de la vida (zoé)
de Dios (Ef. 4:18). Pero
llegó el bendito día en que la vida eterna (zoé),
la cual estaba con el Padre, se nos manifestó. ¡Aleluya!
El Verbo de vida (zoé) se hizo carne, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (zoé).
A los que creen en el Hijo la vida de Dios les es impartida en su espíritu,
de manera que si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad
está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive (zoé)
a causa de la justicia (Rm. 8:10). Y este es el testimonio:
Que Dios nos ha dado vida eterna (zoé); y esta vida está
en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida (zoé) (1Jn. 5:11-12). La vida
espiritual está, pues, ahora, dentro de nosotros. No obstante,
eso no significa que esté operando automáticamente en nosotros.
Es un gran paso que la vida divina, que estaba en el huerto fuera de Adán,
se encuentre ahora morando en nosotros. Pero todavía tenemos que
aprender a vivir por medio de ella. Es tan
así, que cuando Pablo escribió a los corintios, aunque ellos
ya habían recibido vida espiritual, los trata, sin embargo, aún
de carnales (sárkikos) (1Cor.3:3). Para aprender a vivir por medio
de la vida divina necesitamos aprender dos cosas: En lo negativo, necesitamos
perder nuestra vida natural y, en lo positivo, aprender a andar en el
Espíritu. Es un intercambio: Por una parte, ya no vivo yo, y por
otra, vive Cristo en mí (Gál. 2:20). Una cosa no es posible
sin la otra. Por eso enseñó Jesús que todo
el que quiera salvar su vida (psiqué), la perderá; y todo
el que pierda su vida (psiqué) por causa de mí, la hallará
(Mt. 16:25). Perder significa renunciar, dejar, negarse a
vivir por medio de la vida psiqué. En definitiva, hay que morir
a ella. De ahí la necesidad de tomar la cruz cada día. Por otra
parte, debemos andar en el Espíritu, porque él es el Espíritu
de vida (zoé). El que siembra para el Espíritu, del
Espíritu segará vida (zoé) eterna (Gál.
6:8). Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse
del Espíritu es vida (zoé) y paz (Rm. 8:6). Finalmente,
el Señor Jesucristo, en el evangelio de Juan, unió de manera
magistral estas dos verdades. El dijo: El que ama su vida (psiqué),
la perderá; y el que aborrece su vida (psiqué) en este mundo,
para vida (zoé) eterna la guardará (12:25). *** |