.Una revista para todo cristiano · Nº 18 · Noviembre - Diciembre 2002
PORTADA

"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

Tiempo de amor

Rolly Hermosilla M.

En estos tiempos, vemos como los jóvenes buscan cada vez a más temprana edad ese “amor” que ofrece el mundo. Es así como nos encontramos incluso con niños de 9 o 10 años paseando en pareja, tomados de la mano y besándose en las calles y en las plazas.

La Iglesia no está ajena a este fenómeno, ya que aun nuestros niños y jóvenes están siendo arrastrados por esta corriente del mundo

Pero entonces, ¿cuál es la edad “correcta” para el “amor”?. La Biblia no especifica la edad adecuada, pero sí nos dice que el “amor” (verdadero) tiene su tiempo. “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y... Tiempo de amar...” (Eclesiastés 3:1-8).

El Cantar de los Cantares nos explica claramente que deben ocurrir ciertas cosas antes del “amor” (Cnt. 2:10-13). “Mi amado habló y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído lo voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor.

De esto aprendemos que el “amor” no se busca, sino que se espera. El amor espera que estemos listos para él, a que nuestra vida espiritual esté dando frutos, y que Dios nos envíe a la persona que Él preparó para cada uno de nosotros.

Ejemplo de esto es el caso de Isaac y Rebeca en Génesis capítulo 24. Ninguno de los dos buscaba pareja. Dios preparó todo para la unión de ellos, y fue Rebeca el consuelo para Isaac luego de la muerte de su madre Sara.

En 1ª de Corintios capítulo 13, se describe el verdadero amor, y entre sus características está el que ...”Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera , todo lo soporta.” El amor verdadero todo lo espera, incluso su propio tiempo. No apuremos los tiempos que Dios ha establecido para nuestras vidas. Es preciso que nuestra vista y nuestro corazón estén puestos en el Señor Jesús, para que Él llene todo vacío y supla toda necesidad en nuestras vidas.

Por último, les invito jóvenes seguidores del Señor Jesucristo, a hacer la siguiente oración: “Señor Jesús, no nos permitas despertar, ni hacer velar al amor. Permítenos esperar hasta que tú quieras. Amén.”


Un mensaje de esperanza frente a la homosexualidad

Rodrigo Calderón U.

En Estados Unidos un censo “mostró que el número de gays se ha triplicado desde 1990. El año 2000 se constataron 601.209 parejas homosexuales en dicho país.

En España,”entre un 10 y un 12% de los hombres se declararon homosexuales. Entre el 6 a 8% de las mujeres reconoce esta orientación”.
Por otra parte, organizaciones gays señalan que “el 75% de las mujeres solteras que tienen un hijo por inseminación artificial son homosexuales”.

En Chile, ”según las estimaciones del movimiento de Integración y Liberación homosexuales, un 10% de la población es gay” (La Tercera, Stgo. 13/08/02, pág. 19).

La Biblia dice: “No te echarás con varón como con mujer, es abominación” (Levítico 18:22). “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron, ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre” (20:13 ). En el Antiguo Testamento, los responsables de estas prácticas eran expulsados de la congregación de Israel y ejecutados.

En el Nuevo Testamento, se nos dice que quienes practican la homosexualidad no entrarán en el reino de Dios. “¿No sabéis que los injustos no heredaran el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con hombres” (1ª Corintios 6:9).

Cuando las personas cambian la verdad de Dios por la mentira, y adoran a la criatura en lugar del Creador, son entregados al mal. Si los valores se invierten, y aparece la anarquía moral, los hombres se encienden, “en su lascivia unos con otros”, al igual que las mujeres unas con otras. En sus propios cuerpos recibirán el castigo de sus acciones (Romanos 1:22-27).

Para los jóvenes que sufren estas cosas, hay esperanza. Cuando tú crees en Jesús y confiesas su Nombre, el Señor viene a tu ser y tú entras en su reino y estilo de vida. Entonces se hace realidad en ti esta palabra: “ de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2ª Corintios 5:17). El Señor te dice: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:19,21). Tú puedes ser más que vencedor. El Señor quiere que llegues a vivir Romanos 8 donde “todas las cosas te ayuden a bien”; donde la ley del espíritu de vida te libere de la ley del pecado y de la muerte; donde Dios es nuestro Padre y nosotros herederos de Dios y coherederos con Cristo.

 

La fe en medio de la tormenta

Andrew Webb

En el Suplemento anterior hablamos acerca de construir nuestras casas sobre la roca que es Cristo para resistir la tormenta que viene. A continuación, veremos la importancia de la fe en este tema.

El hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena, fue quien escuchó las palabras de Jesús y no las hizo. Cuando vinieron los ríos fue grande su ruina. El hombre prudente, en contraste, hizo las palabras de Jesús y no cayó su casa por efecto de la tormenta.

Jesús dijo que el ataque espiritual era inevitable. “Descendió lluvia y vinieron ríos” (Mateo 7:25). Sin embargo, las obras, (oír y hacer el consejo del Señor) por sí solas, no sustentarán al creyente cuando enfrente las dificultades. Como dice en Santiago 2:26, “La fe sin obras está muerta”. En otras palabras, necesitamos la fe trabajando en unidad con nuestra conducta y hechos.

¿Qué podemos decir, entonces, del hombre que no tiene fe en Cristo?. Una persona puede estar sirviendo a Cristo. puede ser un cristiano activo que parece firme en la roca. Sin embargo, “cuando viene, como río el Enemigo,” podríamos decir que este hombre sin fe, es como el insensato que abandona su casa y huye para evitar la tormenta. ¡A pesar de edificar sobre la roca, no confió que la casa permanecería firme!. ¿De qué vale edificar una casa sobre la roca si uno la abandona en medio de la tormenta?.

¿Qué significa esto en la vida diaria, en el camino diario con Jesús?. Satanás viene de muchas formas diferentes para “hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10) nuestra relación con Cristo. Este ataque puede venir a través de dudas acerca de Jesús, apatía en nuestra relación con Él, o vergüenza en medio de amigos que no son creyentes. Muchas veces estamos tranquilos dejando pasar días sin acercarnos a Jesús, y antes de darnos cuenta, estamos caminando en el desierto. Las reuniones y nuestra alabanza se convierten en una rutina y declaraciones como “Jesucristo, tú eres el Señor” se transforman en un eco vacío. En suma, Jesús es apartado, no es más nuestro deseo, nuestro anhelo.

Sería incorrecto sugerir que estas cosas sólo ocurren a causa de Satanás. Sería peligroso atribuirle toda la culpa y evadir nuestra responsabilidad. Satanás no dejará de atacarnos sólo por vernos edificando sobre la roca, es decir, oyendo y haciendo el consejo del Señor. La forma de atacarnos, entonces, cambia a hacernos huir de esa casa, es decir, abandonar nuestra fe. Sin embargo, ¡el que tiene fe se queda firme en su casa edificada sobre la roca y no teme la tempestad, aun cuando golpee contra ella!.

¿Qué debemos hacer para permanecer firmes en la casa edificada sobre la roca? Escribiendo a Timoteo, Pablo dijo, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” (2ª Timoteo 4:7). Y Pedro nos instruye, acerca del ataque de Satanás a, “Resistid firmes en la fe.” (1ª Pedro 5:9).

Estas palabras nos exhortan a tratar nuestra fe como un tesoro. A cuidarla, a desarrollarla y luchar por ella. La fe no es algo que se mantiene a sí misma. Necesitamos la comunión con los hermanos. Necesitamos orar para ver cuán fiel es nuestro Dios. Necesitamos la Palabra de vida como nuestro pan diario y para que alumbre nuestros pies. Todas estas cosas nos edifican, nos ayudan a confiar en nuestro Señor, aun cuando vengan tormentas. Por sobre todo, debemos reconocer que la fe es un don de Dios y que Él es nuestro primer socorro.


Veinticinco años

“Pensé que se me iba a pasar. Pensé que a los veintitantos iba a tener la película clara... que dejaría de ser el enemigo de mi hermano chico... Me prometí nunca más meterme con el hombre de otra...Pensé que habría aprendido de mis errores... Pensé que nunca me fijaría en algún adicto...
Pensé que a los veinticinco habría hecho algo importante... que iba a estar más hermosa que nunca, y tranquila. Pensé que no iba a tener miedo a estar sola. Que nunca me iba a asustar la falta de plata... Pensé que iba a ser libre de mis propias ataduras... Pensé también que mis amigas nunca me iban a decepcionar. Pensé que sería fuerte y grande... Pensé que todo estaría claro, y que nunca más tendría tantas ganas de llorar.” (extracto).

Testimonio de una joven.
(El Mercurio 24/05/02).

Esto es un testimonio real escrito por una actriz chilena al cumplir 25 años.

Qué triste llegar a los 25 años con una carga de dolores y ataduras, y sin ver nada positivo en el pasado, como el testimonio anterior nos detalla.

Si estás en Cristo, puedes mirar hacia atrás y agradecer al Señor porque Él cargó con tus dolores, rompió tus ataduras y limpió tus pecados. Si ésta no es tu condición, considera el consejo que Dios envía a los jóvenes en Eclesiastés 12:1.

«Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: no tengo en ellos contentamiento».

Rolly Hermosilla M.


EQUIPO DE REDACCIÓN: Alvaro Soto V. · Andrew Webb · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón U.
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: Dámaris Apablaza A. · Rocío Soto V. · Andrés Contreras L.

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