.Una revista para todo cristiano · Nº 18 · Noviembre - Diciembre 2002
PORTADA

Filadelfia y Laodicea son dos iglesias representativas de dos sectores de la cristiandad. Aunque son dos sectores claramente diferenciables, uno surge del otro, y es la deformación de él.

Watchman Nee

Filadelfia y Laodicea

FILADELFIA (Apocalipsis 3:7-13)

"Fileo” significa “amar”, y “adelfos” significa “hermano”. Filadelfia es “amor fraternal”.

De las siete iglesias (de Apocalipsis capítulos 2 y 3), sólo dos iglesias escapan la reprensión, y de éstas, sólo una, Filadelfia, es totalmente aprobada y alabada.

¿Cuál es la característica de Filadelfia? “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Ap.3:8). Lo que caracteriza a Sardis es una lucha con la muerte. Porque, la iglesia de Sardis estaba mezclada con el mundo, y necesitaba luchar para vivir y empezar de nuevo cada vez. Pero Filafelfia es el amor fraternal. Aquí hay un retorno al amor de los hermanos. Ya no es el mundo, porque cada uno es un hermano. No tiene necesidad de luchar para librarse de la muerte y las cosas de la muerte que tienden a adherirse. Filadelfia es simplemente una restauración a la posición original de los hermanos delante de Dios, en que todo es amor.

Como Sardis salió de Tiatira, lo mismo Filadelfia sale de Sardis. La iglesia Protestante sale de la Iglesia Catolicorromana. No podemos señalar qué grupo es el llamado Filadelfia, pero es bien evidente que es un nuevo movimiento del Espíritu Santo. Este nuevo movimiento levanta la gente de la muerte de Sardis y los coloca en la posición del amor de los hermanos; en otras palabras, en la posición del cuerpo en que sólo se reconoce la comunión que es del amor. Esto es Filadelfia.

Guarda la Palabra

Filadelfia posee dos características especiales: una, que ha guardado la Palabra del Señor. Aquí hay un grupo de personas que han sido llevadas por Dios para aprender la manera de conservar la Palabra del Señor. Dios abre su Palabra a ellos de modo que puedan entenderla. No hay ningún credo en medio de ellos, sólo la Palabra de Dios. No hay doctrina, sólo la Palabra. No hay tradición, sólo la Palabra. No hay oportunidad para la opinión del hombre, sólo la Palabra de Dios. Después de los apóstoles, ésta es la primera iglesia a la cual alaba el Señor, porque ahora un grupo de personas ha regresado por completo a la Palabra del Señor. Para ellos no hay otra autoridad que la del Señor, no hay enseñanza, ni credo que sea de ningún valor.

Es posible que haya personas que puedan predicar y entender la doctrina y con todo no conozcan la Biblia. Es posible aprender un credo y aceptarlo sin conocer la Palabra de Dios. ¿Suena extraño esto? Si la iglesia necesitara un credo, el Señor se lo habría dado. Hoy, la gente analiza la Biblia y de ella sacan un credo. La Biblia es infinita en su naturaleza, pero el credo es definido. La Biblia es compleja, pero el credo es simple. Un credo puede ser entendido por una persona sencilla, pero las complejidades de la Biblia sólo son inteligibles para cierto número de personas, porque se requiere cierta condición para entenderla. La Biblia no puede ser comprendida a menos que el lector tenga vida y singularidad de ojo delante del Señor, pero un credo puede ser entendido por cualquiera que tenga una mente clara tan pronto como lo lee.

Las personas pueden pensar que el camino es demasiado estrecho; así que procuran ensancharlo con miras a que entre más gente. Pero, los de Filadelfia rechazan los credos; simplemente regresan a la Palabra de Dios. “Has guardado mi Palabra”, dice el Señor. En toda la historia de la iglesia, sólo en la era de Filadelfia la Palabra de Dios ha sido tan bien entendida. Sólo en Filadelfia la Palabra de Dios tiene el lugar justo. En otros tiempos, la gente aceptaba credos y tradiciones, pero la iglesia de Filadelfia no acepta nada más que la Palabra de Dios. Andan conforme a la Palabra de Dios. A lo largo de la historia de la iglesia nunca ha habido tantos ministros de la Palabra de Dios como en Filadelfia.

No niega Su nombre

“No has negado mi nombre”, dice el Señor. Esto también es un rasgo especial de Filadelfia. En el curso de una historia tan larga, en la iglesia, el nombre del Señor Jesús ha pasado a ser el último nombre usado. La gente presta más atención al nombre de los hombres – quizá al de Pedro o de otro de los apóstoles. O los cristianos pueden tener alguna otra preferencia suya como doctrina o nacionalidad para su nombre. Estos muchos nombres dividen completamente a los hijos de Dios. Parece como si el único nombre, el nombre del Señor Jesús, no fuera suficiente para separarnos del mundo.

Si alguno te pregunta, “¿quién eres?” y tú contestas, “soy un cristiano”, el que interroga no va a quedar satisfecho. Insistirá en conocer qué clase de cristiano eres. Recuerdo que, cuando estaba en el extranjero una vez me preguntaron qué era. “Soy cristiano”. La persona replicó: “Esto no basta”.

El mismo Señor considera que su nombre es más que suficiente para sus hijos. Pero, sólo en Filadelfia es considerado suficiente su nombre. No hay necesidad de muchos nombres, porque los nombres separan. ¡Su nombre basta! Recuerda, el Señor se considera muy afectado por esta cuestión.

Los vencedores de Filadelfia

Muchos hermanos me preguntan: “¿Qué es lo que vencen los vencedores de Filadelfia?” ¿Te das cuenta de la dificultad aquí? Los vencedores de Efeso, naturalmente, han vencido la tendencia a olvidarse del primer amor; los vencedores de Esmirna han vencido la amenaza externa de muerte; los vencedores de Pérgamo han vencido la servidumbre y tentación del mundo; los vencedores de Tiatira han vencido las enseñanzas de la mujer; los vencedores de Sardis han vencido la muerte espiritual; y los vencedores de Laodicea han de vencer la condición de tibieza y el engaño del orgullo.

Pero, ¿qué es lo que han de vencer los vencedores de Filadelfia? Como el Señor está complicado con todo lo que han hecho (de las siete cartas, ésta es la única que muestra la aceptación completa del Señor), ¿qué otra cosa necesitan vencer? Todo ha sido aceptado, todo está bien. Filadelfia es una iglesia según el mismo corazón del Señor. Con todo, a esta iglesia el Señor todavía les da la promesa al que venza. ¿Qué es lo que ha de vencer? Parece que no hay nada que necesite ser vencido de modo especial, porque parece que no hay ningún problema.

Sin embargo, el Señor da su advertencia aquí: “Mira que vengo pronto, retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (3:11). Esta es la única advertencia en la carta a los de Filadelfia. Los de Filadelfia tienen que ser cuidadosos en retener de modo firme lo que tienen. En esto tienen que vencer. En otras palabras, no deben perder aquello que ya tienen. No cambiarlo o alterarlo. Guardar lo que tienen y no dejarlo caer. Este es el único aviso a Filadelfia. El Señor tiene un requerimiento: sólo guardar lo que tienen. No tienes que hacer nada más, pero has de seguir haciendo lo que ya has venido haciendo. Has visto la bendición de Dios en lo que has hecho. Ahora has de seguir de la misma manera.


LAODICEA (Apocalipsis 3:14-22)

De las siete iglesias, cinco son reprendidas, hay una a la que no se reprocha nada, y una sola es aprobada por completo. La iglesia que es completamente aprobada es Filadelfia. La iglesia Catolicorromana, la iglesia Protestante y Filadelfia, todas ellas continúan hasta la segunda venida del Señor. Si Sardis salió de Tiatira, y Filadelfia salió de Sardis, luego, Laodicea salió de Filadelfia. ¿No ves cómo la una engendra a la otra?

El problema que tenemos ahora es: si Filadelfia falla, pasará a ser Laodicea. No creas que Laodicea es la iglesia Protestante, porque ésta está representada por Sardis. La iglesia Protestante hoy sólo puede ser Sardis; nunca puede ser Laodicea. Se requiere la caída de Filadelfia para pasar a ser Laodicea. Sardis es una mejoría sobre Tiatira. Sale de Tiatira y es un avance. Filadelfia sale de Sardis y es también un avance. Laodicea viene de Filadelfia y es un retroceso. Todas estas cuatro iglesias siguen hasta la segunda venida del Señor Jesús.

La pérdida del amor fraternal

Laodicea es una Filadelfia mutilada o deformada. Una vez se ha perdido el amor fraternal, inmediatamente toman la dirección los derechos y opiniones de las personas. Este es el significado de la palabra “Laodicea”. Era el nombre de una ciudad, que fue llamada según el nombre (Laodios) de la esposa de un príncipe romano. El príncipe cambió el nombre de Laodicea, que en griego significa “las opiniones o derechos de la gente”.

Cuando falla Filadelfia, el énfasis pasa a ser más sobre las “personas” que sobre los “hermanos”, más sobre los “derechos de las personas” que sobre el “amor fraternal”. El amor se transforma en derechos u opiniones. Cuando el amor fraternal es una cosa viva, los derechos de las personas son una cosa muerta; pero cuando el amor fraternal desaparece (y la religión del cuerpo con su comunidad de vida también desaparecerá), las opiniones de las personas empiezan a prevalecer. La mentalidad del Señor no interesa a nadie; las cosas son resueltas por la opinión de la mayoría. Filadelfia ha caído en Laodicea.

Orgullo espiritual

“Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!” (3:15). Este es el carácter de Laodicea. “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (3:17). Esto es lo que es Laodicea. Aunque no es frío ni caliente, está lleno de orgullo espiritual delante del Señor. El decir: “Soy rica”, debería ser bastante; pero Laodicea hace énfasis sobre ello con “me he enriquecido”; luego, aún esto es reforzado con “y de ninguna cosa tengo necesidad”. Pero, el Señor ve la cosa de modo diferente, porque replica: “Tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. ¿De dónde le viene este orgullo espiritual? Indudablemente está basado en su historia pasada. En un tiempo, los de Laodicea eran ricos; de modo que ahora se imaginan que todavía lo son. Un tiempo, el Señor les mostraba misericordia; ahora ellos recuerdan su historia pasada, aunque ya no están en contacto con la realidad de ella.

En la iglesia Protestante de hoy, uno raramente encuentra a nadie que se jacte de sus riquezas espirituales. He conocido a muchos líderes de la iglesia Protestante, tanto en China como en el extranjero. Su opinión en general era: “Nos quedamos cortos, no somos lo que deberíamos ser”. No he encontrado aún a un hombre que fuera orgulloso en Sardis. Pero, los que eran antes de Filadelfia, los que en un tiempo guardaban la Palabra de Dios y no negaban su nombre, pero que ahora han perdido la vida abundante, estos son los que se jactan. Recuerdan su historia pasada, aunque ahora hayan perdido su vida pasada. Recuerdan cómo se enriquecieron y no les faltaba nada; pero ahora son pobres y ciegos. De veras os digo que sólo la Filadelfia caída, la Filadelfia que ha perdido su vida y poder puede enorgullecerse de sus riquezas.

Aprender a ser humildes

Por tanto, hermanos y hermanas, si deseamos continuar en el curso de Filadelfia, hemos de aprender a ser humildes ante el Señor. Algunas veces he oído a hermanos que decían: “La bendición del Señor está en medio de nosotros”. Reconozco la verdad de ello, pero con todo siento que necesitamos ejercer una precaución extrema para decir esto, para que, sin darnos cuenta, no exudemos un aroma laodiceano. Si un día nos inclinamos a decir que somos ricos y que nos hemos enriquecido y no nos falta nada, estamos muy cerca de Laodicea.

Recuerda, no hay nada que no sea recibido. Incluso si las personas que te rodean son todas pobres, todavía no necesitas saber que eres rico. Los que viven delante del Señor no son conscientes de su riqueza. Los que vienen de la presencia del Señor son ricos, pero, a pesar de ello, no se dan cuenta de sus riquezas. Que Dios tenga misericordia de nosotros para que podamos aprender a vivir de tal modo delante del Señor que, siendo ricos, no sepamos nada de nuestras riquezas. Es mejor que Moisés no sepa que su rostro resplandece, porque, si lo sabe, puede convertirse en Laodicea. Si lo sabe, puede terminar en la tibieza. Los de Laodicea lo saben todo, pero nada de ellos es real delante de Dios. Si profesamos tenerlo todo, pero nada puede inducirnos a renunciar a nuestra vida; si recordamos nuestra gloria pasada, pero olvidamos nuestra condición presente delante de Dios; entonces el pasado era ciertamente Filadelfia, pero ¡ay! El presente es sin duda Laodicea.

Cuidado con el orgullo

Deberíamos aprender a mantenernos en la posición de Filadelfia. Guardar la Palabra del Señor y no negar su nombre. Permanecer en el terreno de la hermandad, no de los nombres. No ser orgullosos. En el momento en que eres orgulloso, pasas a ser Laodicea. Ya no eres Filadelfia. Hermanos y hermanas, ¿por qué camino estáis andando? Que Dios dé gracia a sus hijos para que puedan andar por el camino derecho de la iglesia.

El curso a seguir por la iglesia que ha sido designado por el Señor es Filadelfia. El camino del Señor para nosotros es sólo uno: Filadelfia. Anda en él. Ten cuidado de no caer en el orgullo. La mayor de las tentaciones para los de Filadelfia es el orgullo: “¡Soy mejor que tú! ¡Mi verdad es más clara y más amplia que la tuya! Sólo yo tengo el nombre del Señor. ¡No soy como tú que tienes otros nombres!”. El orgullo nos hundirá en Laodicea. Los que siguen al Señor no tienen nada de qué puedan estar orgullosos. El Señor escupirá de su boca a los orgullosos. ¡Que el Señor tenga misericordia! ¡Os advierto que no pronunciéis palabras arrogantes! Vivid en la presencia de Dios y absteneos de decir palabras jactanciosas. Viviendo constantemente en la presencia de Dios, no veremos nuestras riquezas. Por tanto no seremos orgullosos.

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* Este es un extracto del capítulo “El curso a seguir por la iglesia”, del libro Consejos sobre la vida cristiana, CLIE.