.Una revista para todo cristiano · Nº 17 · Septiembre - Octubre 2002
PORTADA

"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

Tiempos peligrosos

Alvaro Soto V.

“También debes saber esto; que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. 2ª Timoteo 3:1

Durante los últimos meses, nuestro país ha sido impactado por extraños acontecimientos. Primero, una jovencita de 17 años se paseó desnuda por las calles de Santiago de Chile. Después, se realizó un desnudo masivo, con alrededor de 3000 participantes, también en la capital. Hemos sido remecidos por tristes noticias: violaciones y homicidios por parte del llamado psicópata de La Dehesa y por el descubrimiento de una red de pedófilos que traficaban imágenes pornográficas de niños por Internet.

No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que la maldad del hombre “está llegando al cielo”. Parece que nuestra sociedad se asemeja cada día más a Sodoma y Gomorra, aunque en ciertos aspectos, la corrupción actual supera a la vista en aquellas famosas ciudades.

Por eso las palabras del apóstol Pablo a Timoteo se nos hacen tan familiares. Han llegado los “tiempos peligrosos”: La corrupción, la decadencia moral, el pecado desenfrenado. Es como un auto sin frenos que va derecho a un precipicio.

A pesar de este desolador panorama, los hijos de Dios, somos privilegiados. El mundo está ciego, pero nosotros tenemos la luz de Dios dentro. El mundo no sabe lo que está pasando. Nosotros sabemos que la segunda venida del Señor Jesucristo está muy cerca, mejor dicho, es inminente.
Hay tinieblas, hay confusión. El mundo está convulsionado, así como ese mar embravecido que azotaba la barca en la que navegaban los discípulos de Jesús.

El apóstol Pablo, advirtiendo sobre la llegada de los tiempos peligrosos, nos recuerda que sólo lo que es de Dios es firme y seguro. “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2ª Timoteo 2:19).

Tenemos seguridad en Dios. Él nos conoce. Él ha puesto su Espíritu dentro de nosotros para guiarnos a toda verdad. Pero esto es sólo la primera parte del versículo: Hay algo que nos corresponde hacer a nosotros. Tenemos que apartarnos de la iniquidad, es decir, del pecado, de la maldad. Más aun, debemos aborrecer el pecado así como Dios lo aborrece.

Hay muchos malos ejemplos de jóvenes que han jugado con el pecado, como niños ingenuos que juegan con el fuego hasta que se queman. A veces, el dolor de una quemadura pasa rápido pero la cicatriz queda para siempre. Lo mismo acontece con el pecado. Dios perdona, la iglesia perdona, los padres perdonan, pero las consecuencias pueden quedar para siempre.

Seamos sobrios, amemos al Señor, no juguemos con el pecado y Él nos librará del fuego de prueba que ha de venir sobre el mundo. Vivimos tiempos peligrosos, pero el fundamento de Dios está firme. Todo se desmorona, pero lo que es Dios permanece para siempre.


“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”. (2ª Timoteo 2:22).

Huye de las pasiones juveniles

Rolly Hermosilla M.

Huir, desde siempre, ha sido considerado como un signo de cobardía. Huir de peligros o de situaciones y personas desagradables, es común o normal, y a la vez, relativamente fácil. Pero, huir de personas o situaciones que nos son agradables, tales como: un momento de intimidad con tu pareja, una película con escenas eróticas o páginas pornográficas en Internet, etc., es sumamente difícil para el común de las personas, y además parece como anormal.

Un creyente debe ser VALIENTE para huir de las pasiones juveniles. Pues sólo un valiente nada contra la corriente de este mundo.

En la Biblia, el Señor nos muestra varios ejemplos de siervos que huyeron en vez de “enfrentar” algunas situaciones. Uno de ellos fue José, el hijo de Jacob, quien, estando en Egipto fue tentado sexualmente, en forma continua, por la esposa de Potifar, su amo. José, por amor a Dios, prefirió ser avergonzado antes que pecar: «...entonces él dejó sus ropas en las manos de ella, y huyó y salió» (Génesis 39:12).

El mismo Señor Jesús huía de los judíos cuando “aún no era su tiempo” (Marcos 11:18-19).

No podemos decir, por ningún motivo, que José o que el mismo Jesús eran cobardes, al contrario, fueron más valientes que ninguno.

Esta valentía, no sólo es privilegio de los grandes hombres de la Biblia, sino que también la tiene todo aquel que tiene a Cristo. « Porque no nos ha dado Dios Espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2ª Timoteo 1:7).

¡Tomémonos de esa valentía y huyamos de las pasiones juveniles!


Enfrentando la pérdida de un ser querido

Rodrigo Calderón U.

El tema de la muerte nos toca a todos, de manera cercana o lejana. Nos evoca muchas emociones, que pueden ser muy distintas, variadas y confusas.

Casi todos los servicios que se ofrecen en la sociedad tienden a hacer la vida agradable, cómoda, segura, confortable. Entonces, el aproximarnos a la muerte, es acercarnos a algo que nos es desagradable. Por este motivo es que cuando tenemos que enfrentar el duelo, lo evadimos.

Sin embargo, el duelo es algo tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre. Es la manera como Dios sana un corazón herido.
Dios ha dispuesto una manera de enfrentar las pérdidas a través del duelo, viéndolo como un proceso natural.

El duelo es la reacción de dolor ante cualquier pérdida. Se dice que la vida está llena de grandes y pequeñas pérdidas. El dolor es un proceso y un trabajo, es más que una emoción. Es un proceso porque implica tiempo, y pasa por distintas fases. El duelo requiere de elaboración, no es algo automático.

También es un trabajo porque requiere esfuerzo, es decir, asumir día a día el dolor, especialmente cuando es una pérdida importante, cuando había un vínculo estrecho. En este caso, es más difícil enfrentarlo porque requiere de un trabajo emocional.

El duelo implica posibilidades y riesgos. Riesgo en nuestra salud mental, cuando nos deprimimos, cuando hay crisis en el hogar. Pero también una posibilidad para que Dios haga algo hermoso en nuestra vida. El dolor nos capacita, nos hace crecer, nos prepara para enfrentar otras cosas con más madurez. En lenguaje bíblico, nos impulsa a “ensanchar el sitio de nuestra tienda” (Isaías 54:1-2).

Suele ocurrir que la muerte se asocie con la culpa. Cuando fallece un ser querido, podemos culparnos, pensando que no lo hicimos bien, que algo más pudimos haber hecho por esta persona. Frente a esto, el Señor es poderoso para guardar nuestro corazón.

Enfrentar el duelo, sirve para aceptar la pérdida, para expresar sentimientos, identificarlos, comprenderlos e integrarlos. De esta forma no nos quedamos con culpa, penas ni rabias.

Experimentar la pena y el dolor permite que nuestro corazón sea restaurado, para que después estemos en condiciones de abrirlo y amar tan intensamente como antes, pero más profundamente. Permitamos que nuestro corazón sea sanado por el Espíritu Santo.

A veces, no estamos dispuestos a dejar partir al ser amado. Nos apegamos tanto que no permitimos que el dolor se vaya. Consideremos la vida de José, que fue vendido por sus hermanos. Ellos dijeron a su padre que había muerto. Jacob sufrió mucho esta pérdida y le costó mucho superar su dolor. Por el contrario, José sanó mucho más rápido, se decidió a ser feliz, no permitiendo que el dolor lo apartara del camino que Dios le había preparado. A veces una persona puede pasar muchos años sin permitirse dejar ir al ser querido, y eso, no es parte de un duelo normal.

El aislarse por mucho tiempo, es como decir, “estoy yo y mi dolor”. Es como caer en un estado de ‘victimización’. Hay veces en que las personas tienden a aislarse, especialmente cuando están deprimidas. Pero, si se aíslan por mucho tiempo, y cortan todas sus relaciones, no enfrentan el duelo de una manera sana.

Jesús no es ajeno al dolor. Jesús no sólo es el Hijo de Dios, también fue Hijo del Hombre. Sufrió y conoce perfectamente nuestros dolores y pérdidas. Cuando un joven tiene a Jesús en su corazón, y sufre alguna pérdida, puede decir confiadamente: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmos 23:4).


Tu amor

Tu amor, ancho, alto, profundo, eterno,
Es en verdad inmensurable,
Pues sólo así pudiste bendecir tanto
A un pecador como yo.

Mi Señor pagó un precio cruel
Para comprarme y hacerme suyo.
No puedo sino llevar su cruz con gozo
Y seguirle firmemente hasta el fin.

A todo yo renuncio
Pues Cristo es ahora mi meta.
Vida, muerte, ¿que pueden importarme?
¿Por qué he de lamentar lo pasado?

Satanás, el mundo y la carne
Procuran apartarme.
¡Oh, Señor, fortalece a tu débil criatura,
No sea que traiga deshonra a tu nombre!

Watchman Nee (traducción libre)
«La vida de Nee To-Sheng, Watchman Nee»
A.I.Kinnear, Ed. Portavoz 1995.

 

 

“Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra Salvación. (Salmo 95:1).

Más allá de los fundamentos

Andrew Webb

Este es un mensaje de aliento para todos los jóvenes en la Iglesia: un llamado a gozarnos en las riquezas que tenemos en Cristo Jesús, en la obra que Él está haciendo en nuestras vidas y en la revelación que tenemos a través de su Palabra preciosa. “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4)

Muchos de los hombres de Dios en el Antiguo Testamento recibieron revelación de Dios como nuestra Roca. Moisés, David e Isaías se refirieron directamente a Dios por este nombre, porque supieron de su fidelidad y de estar seguros en Él, no sólo en su fe sino en sus experiencias de cada día.

Sin embargo, había una revelación más grande que se cumpliría en Jesucristo. ¡Una revelación en la que hoy tenemos la honra de participar! No obstante, Jesús primeramente llama nuestra atención al mismo rasgo revelado a Moisés, David e Isaías.

Al terminar su Sermón del Monte, Jesús habla de algo parecido a un cuento de niños: de un hombre construyendo una casa. Sin embargo, encontramos en este “cuento” el contenido principal y más profundo de todo el Sermón del Monte: que si no ponemos en práctica todo lo que Jesús ha dicho, no servirá de nada. “Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena...” (Mateo 7:26).

Pero, éste no es un mensaje para aquellos que están construyendo sobre la arena, sino para el “hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.” Notemos que Jesús no dice una roca, sino la roca. Esta es la misma roca de la que hablaron Moisés, David e Isaías: ¡el eterno e inmutable Dios de Israel!

Si tenemos a Dios como nuestro fundamento, nunca seremos conmovidos por este mundo, ni por el pecado, ni por los ataques de Satanás, que son representados en el pasaje por la lluvia, los ríos, los vientos, y en Lucas 6, por la inundación.

Sin embargo, es importante notar que Jesús no dice si descienden las lluvias y si los ríos vienen, sino descendió la lluvia y vinieron los ríos, porque si fuera de otra manera, podríamos construir sobre la arena. ¡No! Necesitamos poner nuestros fundamentos sobre Dios. Lucas también dice que el hombre prudente,“Cavó y ahondó” (Lucas 6:48) para poner el fundamento. Entonces, también necesitamos tomar las enseñanzas de Cristo, guardarlas en nuestros corazones, y ponerlas en práctica para que podamos resistir el ataque que vendrá.

Jesús no sólo habló de Dios como la Roca, sino que ¡Él mismo era la manifestación y el cumplimiento de esta revelación! Para entender este concepto, tenemos que ir más allá de los fundamentos. En Mateo 7:25, dice, “Descendió lluvia, y vinieron ríos y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó.” Entonces Jesús no sólo está hablando de poner fundamentos, sino de construir casas.

Cuando alguien empieza a construir una casa, para poner los fundamentos, tiene que poner una piedra angular, a fin de que las otras piedras estén alineadas y puestas derecho. Así, todas las otras piedras estarán modeladas y cinceladas hasta que se asemejan a la piedra angular. El Señor habló de esto a través de su profeta Isaías diciendo, “He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa de cimiento estable; el que creyere, no se apresure. Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia.” (Isaías 28:16)

Esta enseñanza contiene una verdad gloriosa, y una aplicación para el individuo y la iglesia, para la construcción de nuestra propia fe y nuestro lugar en el cuerpo, del cual ¡Cristo es el fundamento y la cabeza!. ¡Gloria al Señor!. “Él es la imagen del Dios invisible”, y nosotros “somos transformados, de gloria en gloria, en la misma imagen”. Sin Cristo, sólo habrían fundamentos vacíos, pero por medio de su redención, estamos siendo transformados en una ciudad santa. Tenemos un Dios que es fiel e inmutable por los siglos. Nuestro Señor es la Roca, pero también, ¡estamos siendo transformados en un templo viviente de Dios, individual y colectivamente!

¡Qué maravilloso y hermoso es nuestro Señor Jesucristo! Él es nuestra piedra angular, “desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,” entonces, “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual” (1 Pedro 2:4-5). Gocémonos entonces en el Señor, nuestra Roca, en Él nunca seremos conmovidos, y en la revelación completa de su Hijo, la Piedra Viva, quien ¡está transformándonos a su semejanza!


Testimonios

Queridos hermanos en Cristo:
El motivo de este mensaje es bendecirles e instarlos a que sigamos corriendo esta carrera, con paciencia y esperanza, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, pues es precioso lo que nos espera al lado de nuestro Señor Jesucristo. Sigamos adelante, creciendo cada día más, cimentados en Él, para que cuando venga el viento, no nos deslicemos.
Hermanos, quiero traspasarles este sentir que está en mi corazón. El Señor quiere creyentes comprometidos. No como la espuma que viene y va, sino creyentes firmes, enraizados en Él. A fin de que demos paso a su vida en nosotros, pues «ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí». Así que, despojémonos del viejo hombre y vistámonos con la armadura de Cristo, para ganar esta batalla, y para que el Enemigo no nos encuentre desprevenidos. Esto sólo puede ser posible, si dejamos actuar el poder de la cruz en nosotros.
Creo que el Señor tiene un propósito grande con cada uno. Así pues, anhelemos que este propósito se cumpla en nuestras vidas porque el Señor quiere lo mejor para cada uno de nosotros.
Seamos verdadera luz y verdadera sal en este mundo, y así reflejar la gloria de Dios para atraer a muchos esta bendita realidad.
Que el Señor fortalezca cada corazón y nos socorra en todo tiempo, a fin de guardarnos sin mancha, para la venida de nuestro amado Señor Jesucristo.
Ingrid · Temuco, Chile

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Les saludo en el nombre del Rey que está a las Puertas, ¡Jesucristo el Señor!. Es bendito su nombre.
Doy las gracias al Padre por su hijo Jesús, por habérnoslo dado para nuestra salvación. ¿Cómo no darte gracias? ¿Cómo no ofrecer mi vida entera para tus propósitos, si Tú la diste por mí gratuitamente?. Úsame como instrumento que pregone tus maravillas. Hazme digno, cada día, para estar delante de Ti. Yo quiero hacer de mis pasos los tuyos, caminar en tus caminos, tomarte de la mano y no soltarte. Tuya es la gloria por los siglos. Esta es mi oración.
Claudio · Padre las Casas, Chile

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Estoy muy gozosa en el Señor. Él es tan bueno y tan fiel. Sus misericordias son nuevas cada día. ¡Gracias Señor!
Hoy estuve compartiendo con una hermana en el liceo. Nos gozábamos en el Señor. Veíamos lo hermoso que tenemos, lo hermoso que es Cristo en nuestras vidas y cuán afortunados somos de tener esto tan valioso dentro de nosotros. ¡Gracias Señor!
Digámosle cada día al Señor que nos atraiga. Corramos en pos de Él, pero no solos, sino unidos, de la mano con todos nuestros hermanos, los amados nuestros y de nuestro Señor Jesucristo.
Carla · Temuco, Chile

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Cada vez que leo sus mensajes, le doy muchas gracias al Señor porque lo que piensan, lo que sienten, y cada una de las cosas y las experiencias que viven a diario, son las mismas que yo tengo. Y es que cuando Cristo mora en nuestros corazones, somos un cuerpo, tenemos un mismo sentir, tenemos un mismo lenguaje que es Cristo Jesús. No podría hablar estas cosas libremente con alguien que no tiene a Cristo en el corazón. Ellos no entienden, o no quieren entender, que hay Alguien que puede llenar por completo sus corazones, y que sus vidas cambiarían un cien por ciento si aceptaran a Cristo como su Salvador. Es por esto que hoy, y todos los días, le agradezco a mi Señor, al Amado de mi corazón, al Rey de Reyes, al Señor de Señores, porque nos ha elegido como sus hijitos amados. Porque sus misericordias son nuevas cada día y su gran amor nos inunda, ¡aleluya!.
Hermanos, no nos alejemos de Cristo. Que nuestra fe permanezca. Que cuando tengamos dificultades acudamos a nuestro Señor Jesucristo porque Él es Fiel y Verdadero y no nos dejará solos. Se los digo porque así lo he vivido, ¡gracias Señor!.
Los invito a que sigan escribiendo y contando lo que Cristo ha hecho, y lo que está haciendo en nuestras vidas. Porque así nos animamos los unos a los otros y eso es súper rico.
Muchas bendiciones para cada uno de ustedes.
Andrea · Santiago, Chile

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¡Qué gran sorpresa!. No pensé encontrarme algo como esto. Es una gran bendición.
El Señor hace muchas maravillas, como las que he leído en esta página web. Conmigo hizo una muy grande, y es haberse revelado en mi vida. Una vida que no es mía, sino que Él, por su gracia me regaló. No por 60, 80 ó 100 años, sino que eternamente junto con Él y con ustedes.
Que el Señor les bendiga y les cuide. Den al Señor, lo que de gracia les dio y les sigue dando a cada uno de ustedes. Recuerden que son muchos los que no conocen al Señor Jesucristo, y los obreros son pocos.
Les insto a que participen con los jóvenes de la iglesia y que colaboren en el servicio al Señor por medio de la revista Aguas Vivas. El Señor les bendiga mucho.
David · Temuco, Chile


Más allá

Oh Señor, llévanos más allá.
Más allá del mundo de incredulidad
Más allá de la conformidad.
A tu reino donde nada es imposible.

Llévanos a tu monte santo
Y allí háblanos
Danos tu palabra,
como se la diste a Moisés tu siervo
Llévanos a ese monte alto
para ver nuestros problemas como hormigas.

Queremos llevar tu estandarte más arriba
Más arriba
del lugar donde llegaron nuestros padres
Queremos ver esa Iglesia gloriosa
No sólo la queremos ver,
queremos ser esa Iglesia gloriosa.

Señor, llévanos más allá
Más allá de la religión
Llévanos a la vida en abundancia
Y bautízanos en el fuego de tu Espíritu

Más allá, más allá
Oh Señor, llévanos más allá.

Alvaro Soto V.


"Maté a mi bebé"

«I Killed My Baby!»
Nereida Becerra, Campus Life, Junio/Julio 2002
Adaptado de “Christianity Today”

INOCENCIA PERDIDA

Cuando ingresé a la universidad, aún no sabía de besos, novios y esas cosas. Una noche, durante una fiesta, me gustó mucho un muchacho, y yo también le gusté. Nos quedamos solos, nos besamos. Al ver que todo iba muy rápido, le dije que no quería tener relaciones sexuales, pero él no me quiso oír, y yo, por miedo, vergüenza o no sé por qué, no pude escapar de la situación.

Yo guardaba mi virginidad como un regalo para mi futuro esposo, y la perdí, en una noche que marcó mi vida.

Me sentí sucia, usada, ya que desde esa noche nunca más supe de ese muchacho. Me culpaba a diario por no evitar lo que pasó, y fue tanto el dolor, que creí que mi vida estaría manchada para siempre, y que el pasado no tenía remedio. Lo más fácil fue esconder mis culpas en el fondo de mi ser, y largarme a vivir sin freno la vida.

Comencé a faltar a la universidad, iba de fiesta en fiesta, me embriagaba, tenía sexo con cualquier hombre, sin importarme mis antiguas reglas. Mi vida giraba fuera de control.

Después de un tiempo de desenfreno, conocí a Roberto y comencé una relación semi-estable con él. Realmente él me gustaba. Durante tres meses fue mi única pareja, hasta que en una fiesta en la cual no estaba Roberto, me emborraché y dormí con un tipo que nunca supe quién fue.

Decidí no contarle nada a Roberto, pero a las pocas semanas y luego de unos cuantos tests de embarazo, mi vida se marcaba otra vez. Estaba esperando un bebé sin saber quién era el padre.
Yo no quería un niño y Roberto tampoco, éramos muy jóvenes e irresponsables. Todos me aseguraron que abortar era lo correcto.

EL DIA QUE QUIERO OLVIDAR

Cuando llamé a la clínica, me dieron cita para dos semanas después. Fueron las peores semanas de mi vida. Durante las noches lloraba y le pedía perdón al bebé por lo que haría. Pero sabía que no podía hacerme responsable de un hijo. Mis padres morirían de vergüenza. Finalmente, aborté el 17 de abril de 1998, a las ocho semanas de embarazo.

NECESITO AYUDA

Me costó mucho recuperarme. Todo me recordaba al bebé, lloraba todo el tiempo. Me enojé con Roberto y hasta con el médico por no advertirme del dolor que sentiría después del aborto. Parecía un fantasma, ya no me reconocía. Mi conciencia me recriminaba, ¿en qué me había convertido?. Realmente necesitaba ayuda.

En el directorio telefónico encontré una Consejería Cristiana, no me importaba quiénes eran, ya que era gratis. Mi vida necesitaba urgentemente un cambio.

Durante una sesión, mi consejero me dijo que Jesús me amaba, pero yo no entendía, ¿cómo podía amarme si yo cometí semejante barbaridad?

El consejero me contactó luego con un grupo de apoyo para mujeres que habían abortado. Olga, quien lideraba el grupo, nos contó que estando en la universidad se sometió a un aborto, pero que ahora estaba casada y tenía dos hijos. Ella me contó que Dios cambió su vida, dándole paz y gozo. Yo necesitaba eso para mí.

SORPRENDIDA POR SU GRACIA

Comenzamos a estudiar la Biblia, pero era difícil entenderla. Seguí asistiendo y escuchando que Dios había enviado a su hijo Jesús a la tierra a morir por nuestros pecados, y que nosotros debíamos recibir a Cristo en nuestro corazón y aceptar su perdón.

Lo que más me costó fue perdonarme a mí misma, por eso es que después de un tiempo volví a vivir con Roberto. No estaba lista para entregarle mi vida a Jesús.

Pero esta vez no soporté el vivir en ese ambiente, algo me decía que ese no era mi lugar y que había algo mejor para mí.

Terminé mi relación con Roberto, y decidí que quería el amor de Cristo en mi vida, así es que, le pedí a Jesús que entrara a mi corazón.

Hoy me siento perdonada, y también me perdoné a mí misma. Ahora que estoy en Cristo las cosas viejas pasaron y soy nueva criatura.

Le doy gracias a Dios por perdonarme y por mostrarme su amor a través de tan dura experiencia.


EQUIPO DE REDACCIÓN: Alvaro Soto V. · Andrew Webb · Bernardo Hermosilla M. · Rodrigo Calderón U.
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: Dámaris Apablaza A. · Rocío Soto V. · Andrés Contreras L.

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