.Una revista para todo cristiano · Nº 17 · Septiembre - Octubre 2002
PORTADA

El difícil pero importante ministerio de los profetas. Su llamamiento y comisión. Los peligros que acechan. Su mensaje y los destinatarios de ese mensaje. Un desafío para todos los cristianos, sin distinción, porque ellos son los atalayas que Dios tiene hoy.

Eliseo Apablaza F.
(Síntesis de un mensaje oral).

Atalayas

«Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?» (Amós 3:7-8).

Estas palabras nos muestran dos cosas importantes: que el Señor se compromete a sí mismo a no hacer nada sin que lo revele a sus profetas, y que los profetas no son una clase especial de personas. Basta que el Señor hable, y todos profetizarán. Así pues, podemos decir que por cada cristiano hay un profeta.

Es de notar que quien dijo estas palabras es Amós, quien, en sus propias palabras, no era profeta, ni hijo de profeta. Sin embargo, él fue y profetizó. (Amós 7:14-17).

La misión de los profetas

Si nosotros miramos el Antiguo Testamento encontraremos que los profetas tenían como principal misión hacer volver al pueblo a las sendas antiguas, al buen camino. (Jeremías 6:16). Ellos se habían extraviado, así que los profetas tenían que hacerles volver al camino recto.

¿Creen ustedes que hay cristianos que han perdido el buen camino? Si es así, entonces necesitamos la restauración del ministerio profético. No sólo son necesarios hoy los apóstoles, los evangelistas, los pastores y maestros. También necesitamos a los profetas.

Para los judíos, el buen camino y la senda antigua, era volver a la ley. Para nosotros, el buen camino y la senda antigua es Jesucristo. ¡Hay cristianos que han perdido el camino, han perdido a Jesucristo! Qué paradoja: en medio de la cristiandad hay cristianos que perdieron a Cristo. En medio de los cultos, de las alabanzas, de las predicaciones, en medio de los encuentros masivos, ¡hay cristianos que han perdido a Cristo! El Señor restaure, por tanto, el ministerio profético, para que muchos puedan encontrar lo valioso que han perdido, y desechar lo vano que han hallado. Desechar esa paja, ese oropel inútil, para encontrar, o reencon-trarse, con Cristo.

Los peligros que acechan

Los profetas antiguos y los profetas de ahora enfrentan algunos peligros. ¿Su seguridad personal? La mayoría de los profetas fueron trágicamente muertos ... Pero no es eso. El mayor peligro que acecha contra nosotros es, como lo fue para ellos, suavizar el mensaje, por conveniencia o por temor. Como aquellos profetas “que han endulzado sus lenguas”, que han acomodado su mensaje. (Jeremías 23:31).

Muchos profetas no querían ser odiosos ni antipáticos. Entonces ellos le predicaban paz al pueblo, aunque sus caminos fueran torcidos. Ellos no miraban por los intereses de Dios: miraban por sus propios intereses. Ese es un problema que afectaba a muchos profetas en el pasado, y a los de ahora también. La gran mayoría de los profetas ‘oficiales’ profetizaban mentiras, para ganar el favor del rey.

¡Cómo se necesita hoy profetas que no busquen congraciarse con sus auditorios, que no busquen hacer ganancia con la palabra de Dios, sino que sean fieles a lo que el Espíritu Santo está hablando! La profecía oficial en Israel fracasó. Y los pocos profetas verdaderos fueron desoídos. ¿Fracasaremos nosotros también?

Todo profeta es un atalaya

Todo profeta es un atalaya. Un atalaya es un vigía que se ubica sobre los muros de una ciudad. Él tiene una posición privilegiada. Él ve a la distancia a muchos kilómetros, y también ve cómo transcurre la vida cotidiana dentro de los muros. Está puesto allí para que vea cuando viene el peligro, y advierta a los desprevenidos.

Desde el 11 de septiembre de 2001, urge que los profetas de Dios hagan oír la trompeta más fuerte que nunca. El mundo fue conmovido, conmocionado ese día. Desde entonces, el mundo sintió que perdió la frágil seguridad que tenía. Creo que la gente, después del 11, está más dispuesta a escuchar; y aun si no quisieran escuchar, es necesario hacerlos responsables a ellos, porque cada persona tiene sus propias torres gemelas. Toda persona tiene un motivo de orgullo, un motivo de gloria. Y va a llegar un día en que Dios las va a derribar. Los juicios de Dios vienen, porque la humanidad se ha corrompido y porque la cristiandad ha apostatado.

Es necesario que los profetas conozcan las señales de los tiempos. El Señor recriminó a los fariseos, porque ellos sabían cuando iba a llover, o cuando habría buen tiempo, ¡pero no sabían distinguir las señales de los tiempos! (Mt. 16:3). ¿Cuántos cristianos están reconociendo hoy las señales de los tiempos a la luz de la Palabra, mirando alrededor, en las cosas que suceden?

Hay una reprensión del Señor en Isaías 56:10-11 a los atalayas inútiles. Ellos son atalayas ciegos, ignorantes, dormilones, insaciables. No saben tocar la trompeta. Amados hermanos, que el Señor no tenga que decirnos así a nosotros.

Llamamiento y comisión de un atalaya

Revisemos el capítulo 1 y 2 de Ezequiel para ver cómo Dios llama a un profeta. Lo primero que ocurre aquí es que Dios se revela a Ezequiel. Dios le muestra su gloria. Hay aquí querubines, ruedas, movimientos extraños... Pero en el versículo 26 aparece un trono y Alguien sentado en el trono. ¿Te suena familiar eso? Ezequiel vio un trono, y a uno sentado en el trono. Y ese que estaba sentado en el trono tenía –dice– una semejanza que parecía de hombre. ¿Podríamos aventurarnos a decir que era el Señor Jesucristo? Tenía una semejanza de hombre. El Padre no tiene expresión física, pero sí el Señor Jesucristo. Así, pues, el Señor Jesucristo se le revela a Ezequiel. Por tanto, lo primero es la revelación que él hace de sí mismo. ¿Cómo podría ir uno a hablar de parte de Dios si nunca ha visto a Dios? Pero si tú lo has visto, hermano, tú puedes profetizar.

Luego, Dios llama al profeta y lo envía a los hijos de Israel: “Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos”. Dos cosas quedan claras aquí: que ellos son rebeldes, y lo otro, que él debe ir pese a ello, para testimonio. El Señor le advierte tres veces a Ezequiel que tal vez no le escuchen (2:7; 3:11). El Señor estaba preparando a Ezequiel, porque se encontraría con dificultades.

Y luego, Dios instruye a Ezequiel para que reciba la palabra de Dios en sus entrañas y en su corazón (3:3,10). Aquí no se dice que tiene que recibirlo con la mente. Es un grave problema cuando la palabra de Dios es objeto de disección intelectual, o cuando acomodamos los pensamientos de Dios a nuestros propios pensamientos. Si hay algo en lo cual debemos ser fieles es en retener la palabra tal cual ha sido oída. Las entrañas y el corazón son ese lugar íntimo, profundo, donde está el espíritu nuestro unido al Espíritu Santo.

Luego tenemos la encomienda para el atalaya, que es tocar la trompeta cuando viene la espada. Si él no toca cuando viene el peligro, es responsable de los que perezcan.

Mensaje al impío

El mensaje del atalaya no sólo va dirigido al impío (Ezequiel 33:8), sino también al justo (33:13). Esto puede ser novedoso. Podríamos pensar que sólo los impíos necesitan escuchar el evangelio. Pero también el pueblo de Dios necesita oír al Señor.

¿Qué le diremos al impío? Según Ezequiel 33, el impío debe ser notificado de que si no se aparta de su maldad, él morirá. Tenemos que notificar a los hombres que su estado actual es de condenación, que van derecho al infierno. Ustedes se habrán dado cuenta que ya no se predica mucho del infierno. No es un tema agradable. Hoy día se predica el evangelio a gusto del consumidor, un evangelio ‘light’. Sin embargo, ellos deben saber que su destino es el infierno, ¡su destino son las llamas eternas!

Siempre estamos hablando del Dios de gracia, del Dios de misericordia. Pero tenemos que decir que viene el día en que Dios manifestará su ira sobre todos los hombres impíos, sobre todos los que hablaron palabras duras contra él. ¿No dicen así las Escrituras? (Judas 15). Nosotros necesitamos llenarnos de valor para notificarle al impío cuál es el fin de su camino, a la vez que le testificamos de la salvación que hay en Cristo Jesús.

El gran mensaje a los justos

¿Cuál es nuestro mensaje a los justos? Hermanos, el gran mensaje que necesita oír el pueblo cristiano es un mensaje que causa extrañeza con tan sólo mencionarlo. ¿Cuál será el gran mensaje que necesita el pueblo cristiano hoy, el pueblo cristiano, en Temuco, en Chile, en Latinoamérica, y en todo el mundo? Éste, que resumimos en una sola frase, tomada de la carta de Pablo a Timoteo: “¡Acuérdate de Jesucristo!”. (2ª Timoteo 2:8).

¿Pablo diciéndole eso a Timoteo? Parece fuera de lugar. ¿No era Timoteo un hombre de confianza? Sí, lo era. Pero el tiempo en que él estaba viviendo era un tiempo de apostasía. Comenzaban los cristianos a dispersarse detrás del mundo y de sus huecas filosofías. Entonces Pablo tiene que recordarle a su amado hijo en la fe: “¡Acuérdate de Jesucristo!”. Hoy es lo mismo. Muchos lo están olvidando. Hay programas que lo reemplazan, hay corrientes, hay sistemas, hay tradiciones tan metidas dentro de la cristiandad ¡que Cristo está sobrando! ¡Cristo está de más! Un profeta contemporáneo nuestro dijo en una ocasión: “Cristo es el personaje más indeseable, no sólo en el mundo, sino dentro de las catedrales, en los seminarios, en los ambientes más ortodoxos”.

“¡No te olvides de Jesucristo!”. “¡Acuérdate de Jesucristo!”. Ese es el gran mensaje que tenemos que decir al justo. Pero, claro, decirlo así tan torpe y sencillamente, tal vez no baste. Tal vez haya que ir al detalle y empezar a desmenuzar todas las cosas con que los justos se entretienen y que han dejado fuera a Cristo. Si no, tal vez no lo vean.

La gran advertencia

También hay una gran advertencia que tenemos que hacer a los justos en este tiempo.

La Escritura dice que hay dos señales que van a ocurrir antes del tiempo del fin y que tienen que ver con los cristianos. Una, es que la iglesia va a ser restaurada. La restauración de todas las cosas antes que el Señor Jesucristo venga está anunciada en Hechos 3:21. Y la otra señal es la apostasía.(2ª Tesalonicenses 2:3). Por un lado, la restauración, y por otro, la apostasía. Los cristianos de hoy caminan como sobre una cuerda floja, la cuerda floja de la tibieza, del relajamiento. A un lado de esa cuerda floja está el abismo de la apostasía, y al otro lado hay un camino estrecho, hay una puerta angosta: la restauración de la iglesia.

¿Se acuerdan de las palabras del Señor sobre la puerta estrecha y la puerta ancha en Mateo 7:13? Vamos a usar ese símil para explicarlo. Para los cristianos, el camino ancho es la apostasía. En tanto, la puerta estrecha y el camino angosto es la restauración. Por supuesto, el camino ancho es fácil; en cambio, la puerta estrecha cuesta encontrarla. Muchos cristianos hay que no han encontrado la puerta hacia la restauración. Pero cuando uno la encuentra, entonces, el corazón desborda de gozo. Y uno dice: “¿Y cómo es que estuve tanto tiempo esclavizado, sediento?” Ahora ha visto al Señor glorificado y ha visto la iglesia tal como Dios la quiere tener.

Dos opciones para los cristianos

Hay un libro de David Wilkerson que se llama “La visión”. Fue publicado en la década del 70. Voy a citar algunos fragmentos de este libro para ilustrar estos dos caminos, el de la apostasía y el de la restauración.

“Veo la formación –dice Wilkerson– de una súper iglesia mundial que consistirá en una reunión entre los protestantes ecuménicos liberales y la iglesia católica romana, que se unirán políticamente de la mano creando una de las más poderosas fuerzas religiosas en la tierra. Esta súper iglesia mundial será espiritual sólo de nombre, y usará desembarazadamente el nombre de Jesucristo, pero de hecho será anticristo y política en muchas de sus actividades”. En esta súper iglesia –agrega– se admitirán homosexuales y lesbianas, habrá danzas de desnudos, habrá prácticas ocultas, etc, etc. Muchas de esas cosas ya están sucediendo en nuestros días. En Europa especialmente hay ministros homosexuales ordenados, hay ministros divorciados ordenados y hay lesbianas que ocupan altos puestos en la dirigencia de algunas denominaciones internacionales.

Pero también, noten lo que va a ocurrir en forma paralela a eso, y que ya está ocurriendo: “Veo una grande y sobrenatural unión de todos los verdaderos seguidores de Jesucristo, reunidos por el Espíritu Santo y una común confianza en Cristo y su palabra. Esta iglesia sobrenatural de creyentes bíblicos llegará a ser una especie de confraternidad clandestina e incluirá a católicos y protestantes de todas las denominaciones. La misma congregará a jóvenes y viejos, negros y blancos, y a gente de todas las naciones”.

“Al tiempo que la súper iglesia visible adquiere poder político, esta iglesia sobrenatural invisible ...” –(¡invisible a los ojos del mundo, pero visible para Dios!)– “... crecerá tremendamente en poder espiritual. Este poder vendrá de la persecución. La locura de persecución que vendrá sobre esta tierra llevará a estos cristianos a unirse más estrechamente entre ellos mismos y a acercarse más a Jesucristo. Se les dará menos importancia a los conceptos denominacionales y más énfasis al retorno de Jesucristo”.

“Muchos no me creerán –dice Wilkerson– pero yo veo venir el día en que muchos protestantes así como católicos deberán ‘salir de en medio de ellos’. Estos nuevos cristianos no se llamarán a sí mismos ‘protestantes’ o ‘católicos’, sino simplemente ‘cristianos’ ... Su confraternidad no estará basada en la experiencia de hablar en lenguas, sino que estará centrada en el Padre y en su Hijo Jesucristo”.

Y, para terminar... “Sufriendo persecución y consciente de las señales de los tiempos, un ejército de verdaderos seguidores de Jesús seguirá surgiendo como comandos. Serán parte de una iglesia subterránea a la cual veremos predicando el retorno de Cristo y el fin de los tiempos. Serán como una espina en el costado de la iglesia ramera, y producirán remordimiento y comezón en las conciencias de los hombres por su devoción y poder espiritual”.

¿Notan ustedes los dos caminos? Está la apostasía –muy pública–, y está el camino de la restauración –en forma casi anónima, clandestina– . La restauración final de la iglesia no va a tener una gloria a la manera de la iglesia de Jerusalén en Pentecostés. Va a ser una restauración subterránea, secreta, en ambientes pequeños, en cuevas, y en lugares apartados. Cuando venga la persecución, ella será invisible para el mundo. Pero cuando uno asome la cabeza allí, ¡verá la gloria de Dios!

Tres condiciones y tres mensajes

Esta es la gran advertencia, y ahora veremos cuáles son los tres mensajes específicos.

En el Antiguo Testamento, Dios escogió a tres profetas para que llevaran mensajes a tres distintos grupos de judíos en los días en que el reino cayó en manos de Nabucodonosor. Dios envió a Jeremías a Egipto, para que advirtiera como atalaya a los que habían escapado a Egipto. Luego escogió a Ezequiel para que fuera a Babilonia y allí le compartiera a los cautivos deportados, y escogió también a Daniel para que llevara un mensaje profético para el fin de los días, un mensaje dado a un hombre amado por Dios, para que a través de él los amados de Dios lo pudieran conocer.

Hay tres condiciones en que están los cristianos hoy día. Estas tres condiciones están representadas por aquellos tres profetas hebreos y por los destinatarios de sus respectivos mensajes. Son tres condiciones distintas y con tres necesidades diferentes. Y ellos necesitan tres mensajes también adecuados a su necesidad.

Los cristianos secularizados

Hay cristianos que están en Egipto, en el mundo. Ellos se han escapado, ellos han huido. Jeremías tuvo que ir a Egipto por causa de esos a los cuales Dios quería hablarles. Si ustedes leen los capítulos 43 y 44 de Jeremías van a encontrar cuál fue su ministerio allí.

Los cristianos de hoy que están en Egipto también necesitan escuchar un mensaje. ¿Qué les diremos a ellos?

Muchos cristianos piensan que el mundo no es tan malo. Hay cristianos que ignoran que el mundo entero está bajo el maligno; que el sistema del mundo está gobernado por Satanás, y que la política, que la economía, que la educación, están indefectiblemente envenenadas. Los cristianos que ignoran esto se dejan deslumbrar por las atracciones del mundo. Y muchos de ellos van al mundo y se dedican a la política, o bien se transforman en ecologistas, o en economistas, para tratar de mejorar el mundo.

Ellos intentan redimirlo, salvarlo desde adentro. Pero, ¿qué ha ocurrido? En vez de mejorar al mundo, el mundo los ha atrapado. Ellos han dejado al Señor y han adoptado a los nuevos dioses del mundo.

Tenemos que decirles a los cristianos que están en Egipto que ellos tienen que salir de allí. Tenemos que decirles lo que Pedro les dijo a los judíos el día de Pentecostés: “¡Sed salvos de esta perversa generación!”. ¡Tenemos que decirles a los cristianos embaucados por el mundo que ese es un banco que está destinado a la quiebra, que ese es un barco que va a naufragar! ¡Que sobre el mundo caerán los juicios de Dios, que no se inviertan allí, que no le dediquen sus mejores días al mundo! ¡Desencantémosles del mundo! Que no tengan metas tan bajas como construirse una situación en el mundo. ¡Digámosles que ese no es el camino de Dios!

2ª Timoteo nos muestra el tiempo de la apostasía, prefigurando la que había de venir. Allí está un Demas, un Alejandro y otros que han apostatado de la fe, amando el mundo. Wilkerson, en “La Visión”, habla de tres grandes tentaciones que los cristianos van a recibir en los tiempos del fin, y creo que van a afectar principalmente a estos cristianos secularizados: la inmoralidad sexual, la prosperidad, y el relajamiento en las costumbres. ¡Cuántos cristianos hay bebiendo whisky, sentados frente a una pantalla de 50 pulgadas, y riéndose alegremente! ¡Cuántos de ellos se quedarán cuando el Señor venga a buscar su iglesia!

La victoria sobre el mundo

Nosotros tenemos en gran estima la revelación que el Padre nos ha dado acerca del Señor Jesucristo. Hermanos, ¿cómo dice esa revelación? Dice: “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (Mat.16:16). Ahora bien, si tú miras 1ª de Juan capítulo 5, vas a encontrar que todo el que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (v.1), y que todo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios, ¡vence al mundo! (v.5). ¿Te parece oportuna esa fe, hermano, en medio de la avalancha que se nos viene encima? ¡Los que han nacido de Dios, vencen al mundo! Cuando venga el diablo con tentaciones, con sugerencias, dile simplemente eso: ¡Yo creo que Jesús es el Hijo de Dios!

La revelación a Pedro fue bien específica: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y luego que se le reveló esto, el Señor le dijo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”. ¿Cuál roca? ¡Cristo revelado y confesado, esa es la roca! No nos cansaremos de decirlo. Lo seguiremos declarando y confesando, y lo enseñaremos a nuestros hijos: ¡Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente! Y luego el Señor agregó, como para reafirmar más nuestra fe: “Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (la Iglesia)” (Mt. 16:18) ¡Aleluya, gloria al Señor!

Los que están en el cautiverio

Luego, los cristianos que están en el cautiverio. Ezequiel fue enviado a Babilonia como atalaya. Siendo Babilonia la cuna de todas las religiones paganas que hay sobre la tierra, ella representa la confusa maraña religiosa en que se ha convertido el cristianismo tradicional y que ha sofocado la vida y el testimonio de Dios.

No obstante, Dios tiene allí también pueblo. Hay allí también amados hijos de Dios, y hay un mensaje para ellos. Ellos tienen que ser advertidos con amor, pero con claridad. Ellos están más expuestos que nadie al peligro de las tres ‘T’.

El peligro de las tres T

Ustedes saben que el judaísmo, como religión, tenía tres pilares, la Torá (la ley), el templo y el Talmud (la tradición). Estas tres palabras empiezan con T. El judaísmo tenía esos tres pilares, y toda religión que se precie de tal también las tiene. Es decir, tienen un libro sagrado, un lugar sagrado y un sistema de tradiciones. Lo peor del caso es que el cristianismo también ha copiado esto del judaísmo, y se ha apropiado de estas tres T.

El cristianismo tradicional tiene su Torá, es decir, su Biblia. Se celebran días de la Biblia, y se le rinde casi pleitesía al Libro. Pero el Señor les dijo a los judíos: “Ustedes escudriñan las Escrituras porque les parece que en ellas tienen la vida eterna, y no quieren venir a mí para que tengan vida”.(Juan 5:39-40). ¡No es en el libro, sino en Cristo que está la vida! Pero muchos cristianos parecen no saberlo todavía. Ellos tienen en gran estima la Biblia, pero el hecho de que Cristo no esté entre ellos pareciera no preocuparles mayormente.

La otra T es el templo. En el Antiguo Pacto, Dios habitaba en un templo. Sin embargo, ya no habita más en templos. ¿Y por qué, entonces, los cristianos siguen el modelo judío, y todavía levantan templos para que Dios habite ahí? Cuando ellos se van para la casa, dicen: “Señor, acompáñanos”. ¡Como si Dios se quedara en el templo y ellos se fueran vacíos para la casa! ¿No es eso una ignorancia terrible? ¿Cómo te sentirías tú si, después de una reunión de la iglesia, te fueras vacío, sin el Señor, para la casa? ¡Es la mayor desgracia!

Cristo vino a vivir en nosotros, para nunca más irse. Y nosotros, el cuerpo de Cristo, ¡somos el verdadero templo! ¡Dios no habita ya más en templos hechos por manos humanas! ¡Él habita en un templo más cálido, más acogedor, que es la iglesia del Dios vivo, edificada sobre el firme fundamento de los apóstoles y profetas, y cuyas piedras vivas son nuestros corazones!

La tercera T es el Talmud, es decir, la tradición oral, que también ha venido a engrosar nuestro sistema de creencias. Entonces, cuanto más antigua sea la denominación, el talmud de ellos será más grande. Como tienen doscientos o trescientos años de historia y esa historia la tienen metida en libros, a la hora que quieren saber cuál es el próximo paso que tienen que dar, ellos consultan su talmud.

Los cristianos que están en el cautiverio, que están aferrados a su Torá, a su templo y a su talmud, tienen que ser advertidos. Ellos están enclaustrados en sus templos, en sus estudios bíblicos sin revelación, en una tradición religiosa, amparados bajo la sombra de una buena doctrina o de un hombre eminente del pasado. Por eso el Señor no puede moverse entre ellos, no los puede conducir. La organización y la rutina suplantan al Señor.

Pudiera parecer, sin embargo, que nosotros lo estamos haciendo bien, que ese no es nuestro problema, pero nuestra mirada es subjetiva, y de tanto ver nuestras deformidades, nos acostumbramos a ellas. Por eso, necesitamos tener el oído atento, para que el Espíritu nos hable por la Palabra. Y también tener el oído atento a la observación de otros santos de Dios. Para que todo lo que ellos vean, y que es menos que Cristo, nos lo hagan saber. Necesitamos el juicio, necesitamos el escrutinio de otros siervos de Dios. No sea que nos pase como aquel vanaglorioso que se miraba en el agua y se encontraba tan hermoso.

Hermanos, la iglesia no existe para mirarse a sí misma. ¡Es para mirarlo a él! ¡Es para glorificarlo a él! A veces hablamos demasiado de la iglesia. Hay demasiados mensajes sobre la iglesia, hay muchos libros sobre la iglesia. ¿Saben? Nosotros no somos los encargados de hablar tanto de la iglesia. La novia no habla de sí misma, ¡habla de él! ¿Se acuerdan del viaje que hicieron el siervo de Abraham y Rebeca? ¿De qué creen ustedes que hablaban en el camino? ¡Hablaban de Isaac, el novio que esperaba! Lo que hacía el criado era hablar de Isaac y sólo de Isaac. De tal manera que al final de ese trayecto, la novia iba tan enamorada de Isaac que no le costó amarlo ¡apenas lo vio...! Creo que el Espíritu Santo está hablándonos de Cristo para que cuando lo veamos, ¡nos rindamos delante de él!

El mensaje al remanente fiel

Y para terminar, hay un tercer mensaje a los hijos de Dios, a los amados y fieles. Creo que el ministerio de Daniel representa a estos siervos de Dios y el mensaje de Dios para ellos. ¿Saben, hermanos? –y esto lo voy a decir con harto cuidado para que nadie se envanezca–. Hoy, tal como también lo dice Wilkerson, hay un remanente sobre la tierra. Un remanente escogido por gracia. ¡Todos los remanentes a través de la historia son escogidos por gracia!

Ellos son amados de Dios. Ellos, al igual que Enoc, caminan con Dios, y en algún momento van a ser arrebatados. Su comunión con Dios es tan íntima que Dios se los va a llevar. Llegará el día en que los amados de Dios van a ser raptados. Estos santos y amados saben que, sin él, no son nada. Han probado el fracaso, han estado en el polvo de la tierra. Pero son “amados, y escogidos y fieles”.

Pero hay un mensaje también para los amados: ¡Cuidado con la confianza en su propia justicia, como dice Ezequiel 33:13! ¡Cuidado con confiar en que ustedes son Filadelfia! ¡Cuidado con confiarse en que tienen la revelación del Padre acerca de Cristo! Cuidado, que pueden resbalar. “Si alguno piensa estar firme, mire que no caiga”. El mucho conocimiento de los misterios de la palabra, puede hacer que el corazón se llene de presunción y de vanidad. Hay algunos amados de Dios que han caído en esto, y hoy se han transformado en Laodicea, diciendo: “No tenemos necesidad de nada.”

Lo peor que pudiera pasarles es que por tener tanta riqueza pudieran envanecerse. Y porque tienen la justicia de Dios imputada pudieran vivir impíamente, coqueteando con el pecado, pensando que porque son amados, Dios va a tener tratos especiales con ellos. ¡Ay! ¡Cuidado con ese peligro! Pudieras tú cometer un pecado y a lo mejor con temor esperar el juicio de Dios, pero al no llegar el castigo, entonces dices: “Parece que Dios tiene tratos especiales conmigo”. Y te deslizas y pecas de nuevo; y como tampoco vino la mano de Dios, entonces te relajas un poco más. ¡Oh, pero en algún momento, y de pronto, ¡viene el golpe! Y entonces te das cuenta que Dios no tiene tratos especiales contigo. Dios no tiene tratos especiales con ningún hombre. Sus principios son eternos. ¡Él aborrece el pecado, cualquiera sea su forma!

Así que, ¡no te relajes! ¡No te confíes! Que no desaparezca el temor de Dios. Luego que caminamos un poco en la vida cristiana, podemos apreciar lo que es el temor de Dios. Y ahora entendemos mejor que “el principio de la sabiduría es el temor de Dios”.

¿Eres amado? ¡Sí! Pero, ¡cuidado, teme también! ¡Teme, teme a Dios! Tú tienes que decir como el salmista en el salmo 119:120: “Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo”. ¡Señor, de tus juicios tengo miedo! ¡Líbrame! ¡Háblame a tiempo, persuádeme a tiempo! ¡Yo no quiero caer, tengo miedo! ¿Eres un amado, escogido y fiel? ¡Tiembla, tiembla! Mucho se te ha dado, mucho se te va a demandar.

Así, pues, como atalayas tenemos un mensaje para los cristianos secularizados, para los cristianos cautivados en Babilonia y también para los amados y fieles.

¿Qué haremos?

El panorama descrito nos permite visualizar diversos campos de acción para los profetas de Dios que desean tomar parte en su obra. Dios está llevando adelante su propósito, no nos quepa la menor duda. Y para realizarlo, Dios usará a los que estén dispuestos para ser usados (2ª Tim.2:20-21).

En tiempos de crisis y de apostasía, como los que ya estamos viviendo, hay dos actitudes que los hijos de Dios pueden asumir: la de Noé o la de Lot.

Mientras Noé preparaba el arca para salvarse él y su casa, no estuvo callado. Las Escrituras dicen de él que fue “pregonero de justicia” (2ª Pedro 2:5). Un pregonero es uno que da un pregón. Y un pregón es, literalmente, “la publicación que se hace de una cosa en voz alta y en público”. Nadie puede ser un pregonero secreto. Noé no se calló el anuncio que Dios le había dado, sino que lo pregonó en voz alta y a todo el que quisiera oírlo.

La actitud de Lot, sin embargo, fue muy diferente a la de Noé. Lot sufría por la depravada conducta de sus paisanos, y se sentía abrumado (u oprimido) por ella, pero no fue un atalaya para ellos. La debilidad de Lot contrasta con la fortaleza del testimonio de Noé. Lot no fue un vencedor.

¿Cuál será nuestro modelo? He aquí hay dos claramente diferenciados. Pidámosle a nuestro bendito Dios que nos conceda el privilegio de servirle, aunque sea en una pequeñísima parte, en su obra. Para que Su obra sea nuestra obra.

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