.Una revista para todo cristiano · Nº 16 · Julio - Agosto 2002
PORTADA

"Tesoros" · Suplemento Infantil
Para niños que aman a Jesús

Una petición concedida

Ustedes saben que por donde el Señor Jesús iba, siempre le seguía una gran cantidad de gente. Muchos de ellos querían simplemente ver sus sanidades y milagros. Otros le seguían porque le amaban de verdad.

Cierta vez iba el Señor saliendo de la ciudad de Jericó. Junto al camino estaba sentado un mendigo ciego, que se llamaba Bartimeo. Éste se dio cuenta que algo extraordinario ocurría a su alrededor, así que preguntó a quien estuviera cerca de qué se trataba.

La gente no lo tomaba mucho en cuenta porque era sólo un ciego, así que tuvo que preguntar otra vez con insistencia para que alguien le dijera, con algo de molestia:

— Es Jesús, el de Nazaret.

Cuando Bartimeo oyó esto, no lo pensó dos veces: comenzó de inmediato a gritar:

— ¡Jesús! ¡Hijo de David, ten compasión de mí!

El hombre que le había hablado se asustó y lamentó haberle dicho quién era.

Noten ustedes que el ciego no dijo “Jesús de Nazaret”, sino “Hijo de David”. Con esto, él estaba reconociendo que Jesús no era un simple hombre que vivía en Nazaret, sino que era un descendiente del gran rey David, que era el Mesías prometido desde antiguo. La gente lo hacía callar, pero Bartimeo insistía en gritar más fuerte todavía. Él había esperado mucho tiempo esta oportunidad, ¿la desperdiciaría ahora? A Bartimeo no le importaba lo que la gente dijera, porque él creía que Jesús era el Cristo, y quería acercarse a él.

De pronto, cuando ya la gente estaba un poco nerviosa por el alboroto, y todos estaban atentos a ver qué sucedería, el Señor Jesús dijo

— Llámenlo.

Se lo dijeron al ciego, y éste, de tan contento, tiró lejos su capa, y dando un salto, se acercó al Señor. Estaba temblando, su cara anhelante, sus oídos muy abiertos, ¿qué le diría?

Entonces oyó su voz clara y firme:

— ¿Qué quieres que haga por ti?

Bartimeo se desconcertó con la pregunta. Él pensaba que, ya que era ciego, el Señor entendería que quería ver, como los demás. Pero el Señor esperaba que él mismo dijera con su boca qué es lo que quería.

Entonces dijo en una breve frase lo que era el gran sueño de su vida, un sueño que había soñado desde que era niño.

— Maestro, quiero recobrar la vista – dijo, balbuceando. (Le parecía tan increíble poder siquiera decirlo).Entonces ocurrió lo que nadie esperaba. Todos pensaban que Jesús iba a hacer más preguntas, o le iba a poner algunos requisitos
o bien que haría algo espectacular. Sin embargo, todo lo que hizo fue decir:

— Puedes irte; por tu fe has sido sanado.

“¿Eso es todo? ¿Una orden, nada más?” – estaba pensando el ciego, cuando se dio cuenta que de verdad algo había ocurrido. Lo que percibió entonces nunca lo podría olvidar. ¡Oh, maravilla! ¡Oh, luz tan bella! ¡Oh, qué visión deslumbradora! ¡Oh, Jesús precioso!

Lo primero que vio el ciego fue un rostro, una mirada, una sonrisa (la misma que muchos han deseado ver durante siglos). Y lo primero que sintió fue una paz y un gozo que lo envolvió entero. ¡Estaba feliz!

En tanto, Jesús siguió su camino. No le dijo que lo siguiera, ni que contara lo que había sucedido. Tan sólo lo miró con ojos de amor.

Pero durante mucho rato, Bartimeo se fue detrás de Jesús por el camino, riendo y llorando, llorando y riendo, y aunque incomodaba un poco a la gente, él iba diciendo que Jesús era de verdad el Hijo de David.

(Marcos 10:46-52)

Veamos si aprendiste:

1. ¿Quién era Bartimeo?
2. ¿De qué ciudad iba saliendo nuestro Señor Jesús cuando se encontró con Bartimeo?
3. ¿Cómo nombró Bartimeo a nuestro Señor Jesús?
4. ¿Qué le pidió Bartimeo al Señor?


No olvides nunca que el Señor nos ama tal como somos,
Él no hace distinción entre razas, color de piel, edad, estatura
o algún problema físico que tengamos.
Él nos va a amar siempre porque dio su vida por nosotros.
Cuando tú estés triste, recuerda siempre que Jesucristo es nuestro Señor y proclámalo.
Esto le devolverá la alegría a tu corazón.


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