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Desde el griego... La verdad y el corazón Rubén Chacón V. En
el estudio anterior, titulado Verdad y Revelación, dijimos que
sin revelación no hay conocimiento de la verdad. Esta vez abordaremos
la relación que existe entre la verdad y el corazón. En
otras palabras, nos preguntaremos por el órgano que
percibe la verdad revelada. El
apóstol Pablo, orando por los efesios, dijo: Para que...el
Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de
revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos
de vuestro entendimiento, para que sepáis..." (1:17-18).
La palabra entendimiento usada aquí es corazón
en griego (kardia). Esto significa que es a los ojos del corazón
que la verdad es revelada. Este texto, además, confirma quizá
como ningún otro la necesidad de la revelación. En
efecto, si bien el corazón tiene ojos, no obstante,
estos necesitan ser alumbrados para ver. Pues bien, el espíritu
de sabiduría y de revelación provee la luz necesaria. Cuando
Jesús, citando al profeta Isaías, dijo: De oído
oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis...
el problema de esta gente no estaba en sus órganos externos o sentidos,
sino en sus corazones: Porque el corazón de este pueblo
se ha engrosado (Mt. 13:14-15). Sólo cuando el corazón
está sanado, la mente puede entender, los oídos oír
y los ojos ver. Todo esto, por supuesto, dicho con respecto a la verdad.
Por
eso, continúa el profeta: De lo contrario esto
es, si el corazón de este pueblo no hubiese estado engrosado- verían
con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con
el corazón y se convertirían, y yo los sanaría.
Lo mismo afirma Pablo cuando, después de decir que los gentiles
andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido...
concluye en la causa última del problema: La dureza del corazón
(Ef. 4:17-18). En otro lugar, Pablo dice de los judíos: El
entendimiento de ellos se embotó porque el velo
está puesto sobre el corazón de ellos (2 Cor.
3:14-15). Para que los ojos del corazón puedan ver la verdad, el
velo debe ser descubierto, esto es, quitar el velo (revelación). Ahora bien, el velo del corazón es quitado cuando las personas se convierten al Señor (2 Cor. 3:16). Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Cor. 4:6). Nuevamente son mencionadas aquí las palabras claves: Tinieblas, luz, resplandor, iluminación y corazón. También el apóstol Pedro entiende que es a los ojos del corazón que se revela la verdad: Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones (2 Pe. 1:19). Este lucero de la mañana no es otro que nuestro bendito Señor Jesucristo ¡Aleluya! *** |