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El ser llenos con el Espíritu Santo no es sólo una realidad carismática, sino también – y especialmente – es el vivir la vida de Cristo en el quehacer cotidiano. Embriagados con su Espíritu Marcelo Díaz P. Hoy
por hoy la familia y el matrimonio son blanco de muchas amenazas que perturban
la sana convivencia familiar. Una de ellas, la dependencia alcohólica,
cobra altos índices de quiebres matrimoniales. He sido testigo
de cómo la pasión de proyectar una vida juntos se desmorona
frente a un simple vaso de alcohol. ¡Qué absurdo; qué
trágico! Pensar que un componente químico puede ocasionar
tantos estragos en cientos de matrimonios. ¡Cuántas
mujeres han tenido que asumir la dirección completa del hogar con
los esfuerzos que eso significa porque sus maridos han perdido el
respeto a sí mismos y hacia los demás sucumbiendo bajo el
dominio del trago! De la misma manera, no son pocas las familias donde
la madre está sumida en el alcohol, mientras deja a sus hijos indefensos,
quienes se ven obligados a mendigar para poder subsistir. Nosotros sabemos que el pecado tiene múltiples manifestaciones. Y el alcoholismo es una de ellas. Sed
llenos Pablo,
en la carta a los Efesios, hablándole a la iglesia, aconseja: Por eso Pablo aconseja: No os embriaguéis con vino... Antes bien, o por el contrario, dice: Sed llenos del Espíritu del Santo, o Sed llenos con el Espíritu Santo. Siguiendo el contexto, podríamos parafrasear: Beban del Espíritu Santo; embriáguense con el Espíritu, como si fuese un contenido, una bebida a tomar. ¿Qué es esto? ¿Se refiere a una acción carismática? ¿Es que el Espíritu producirá efectos similares al estar borracho ? Efectos
del ser llenos Si
seguimos leyendo, Pablo explica las consecuencias directas de ser llenos
con el Espíritu: Hablando entre vosotros con salmos, con
himnos y cánticos espirituales..." ( Ef.5:19). Al
contrario de la disolución que se encuentra en el vino, el Espíritu
Santo, que es la vida de Cristo operando en el creyente, provoca un ejercicio
de mutualidad entre los hijos de Dios, que se expresa hablando de aquello
en lo que hemos sido testigos. Esto es, en hablarnos los unos a los otros
de las proezas del Señor en la vida diaria. Proclamar al
igual que los salmistas cómo, en el momento de la angustia,
nos alcanzó su mano. De esta manera se reconoce al Señor
en la debilidad, en la escasez, en la tristeza, en la persecución,
en el gozo y en la victoria. ¡Oh!, qué gozo, qué alegría
saber que la acción del Espíritu Santo en la vida del creyente
le hace hablar así; le hace proclamar las maravillas de Dios para
la edificación de la iglesia. Hablando
entre vosotros... con himnos, es proclamar el desarrollo de
la victoria de Cristo en la cruz y en la resurrección. Nuestros
primeros hermanos tenían por costumbre cantar himnos que contaban
las hazañas del Señor. Como ejemplo, tenemos el capítulo
dos de Filipenses. Allí en lo oculto, en las persecuciones, en
las catacumbas, en la intimidad de las casas, los niños escuchaban
a sus padres contar a la iglesia los padecimientos y la victoria de Cristo
sobre todo principado y potestad. Allí se fortalecía la
fe y el espíritu; la iglesia recibía las fuerzas del Señor
para ser mártir; los hijos eran instruidos en la verdad; las mujeres
recibían consolación; y la iglesia entera era edificada
en el hablar de los hermanos llenos del Espíritu Santo. Son
cantos nacidos del Espíritu, que se gestan allí en lo profundo
de la vida y surgen libres de la contaminación de la carne. Puros
y transparentes. Pues somos hombres y mujeres redimidos del poder de la
carne para ofrecernos a Dios en el servicio del Espíritu. Cantando
y alabando al Señor en vuestros corazones...
En segundo lugar, ser llenos del Espíritu implica una vida interior
activa, saludable, libre de resentimientos, de amarguras. Una vida en
la que bulle la gracia. Toda la vida interior del cristiano es transformada.
Todos los recuerdos y procesos psíquicos son embargados por la
gracia divina, por lo cual el corazón puede cantar libre y espontáneamente. Dando siempre Gracias por todo al Dios y Padre , en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. En tercer lugar la llenura del Espíritu se evidencia en reflejar externamente la plenitud interior con labios agradecidos al Dios y Padre en el nombre de Cristo. El
plato fuerte Al
leer la carta, el consejo del apóstol pereciera llegar hasta aquí.
De hecho, algunas Biblias dividen el párrafo siguiente con un subtítulo
y punto aparte. Pero, al leer detenidamente en el griego, nos damos cuenta
que las consecuencias de ser llenos con el Espíritu Santo continúan
en el texto subsiguiente. Es más, pareciera que lo que viene es
el plato fuerte, pues continúa diciendo: Sometiéndoos
unos a otros en el temor de Dios. 2 Aquí se completa el cuadro, puesto que no sólo afecta nuestro hablar, nuestra actitud interna y su expresión, sino que afecta directamente nuestras relaciones con los demás. La
mujer llena con el Espíritu Esta
vez nos detendremos, a modo de ejemplo, solamente en los primeros versículos
referidos al matrimonio. Las casadas estén sujetas a sus
propios maridos, como al Señor. (Ef 5:22). Y Pablo confirma
esta instrucción para las mujeres, encargándole a Timoteo
y Tito el cuidado de la obra, diciendo: Las ancianas asimismo
sean reverentes en su porte, no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras
del bien, que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus
maridos y a sus hijos..." (Ti2:3); Las mujeres asimismo
sean honestas, no calumniadoras; sino sobrias..." (1Tim3:11).
En
primer lugar, una mujer llena con el Espíritu Santo, es una mujer
que se somete a la cobertura de su esposo. En general, se asocia la acción
del Espíritu solamente con una actividad carismática, como
si fuese independiente del quehacer cotidiano de los creyentes. O, por
decirlo de otra manera, se relega la acción del Espíritu
Santo exclusivamente a los momentos de reunión (cultos). Pero,
lo que intenta decirnos la palabra es que embriagarse con el Espíritu
Santo para las esposas, es tener una vida consecuente con la vida
de Cristo en su iglesia. Así como la iglesia frente a su amado
tiene una actitud de sumisión y respeto, así las mujeres
deben tenerlo con sus maridos. La
palabra griega, estar sujetas, se traduce literalmente como
estar bajo orden; por lo tanto, una mujer que cultiva un espíritu
afable y apacible para con su esposo, es una mujer que vive en el orden
del Señor. Fíjense qué hermosa figura: mientras una
mujer llena de mosto rivaliza, discute, pleitea, descubre y deshonra a
su esposo, una mujer que bebe del buen vino educa su espíritu
en honra hacia su marido. Qué efecto más glorioso que una
mujer voluntariamente por amor y temor al Señor, reconozca a su
esposo lleno de debilidades e imperfecciones, quien se le da por amor
para ser su cabeza. Esta acción no podríamos hacerla sin
la intervención directa del Espíritu de vida, operando la
vida del Hijo en las creyentes. También
hay una aplicación literal a la declaración del apóstol
en la actualidad. Nuestra sociedad ha sofisticado el uso de las bebidas
alcohólicas, y las promueve con hermosas mujeres en la T.V., diarios,
revistas y otros medios. La tipología del bebedor ha cambiado en
los últimos veinte años. En el presente las mujeres no tienen
ningún tipo de represión al beber en público, y el
espectáculo de jovencitas escolares alcoholizadas en las calles
es realmente deprimente. La explicación se encuentra en que la
modernidad y la tecnología ha aumentado el ritmo de vida, y las
presiones y el estrés emocional psicológico han aumentado.
Y junto ha ello también han aumentado las vías de escape.
Probablemente, algunas mujeres nunca probarán una gota de alcohol en su vida, pero ¿qué hay del abuso de fármacos, drogas, comida, sueño, tabaco? O de otros como la música, las amistades, o el salir de compras? ¿No son estos elementos embriagantes para evadirse de una realidad insostenible? ¿No serán estas las pequeñas zorras que echan a perder las viñas, en la relación matrimonial? ¡Hermanas, atended el consejo del Apóstol y sed constantemente llenas con el Espíritu Santo! El
marido lleno con el Espíritu Maridos,
amad a vuestras mujeres , así como Cristo amó a la iglesia
, y se entregó a sí mismo por ella... (Ef.5:25). El
marido embriagado del Espíritu no sólo proclama
las virtudes de Señor, canta y alaba en el corazón y, además,
es agradecido del Señor, sino que se somete a la instrucción
de amar. ¿Puede haber algo más concreto que amar? Pareciera
que el apóstol aterriza a los maridos en un aterrizaje forzoso.
Juan lo define en pocas palabras de forma magistral, diciendo, El
que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra
contra él su corazón ¿cómo mora el amor de
Dios en él?... No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho
y en verdad" (1Jn. 3:17,18). ¡Qué
práctico y objetivo! El amor de Cristo es práctico y objetivo.
Así como Cristo amó a la iglesia ... Un
varón lleno del Espíritu no espera ser atendido, sino que
sirve a los demás. Obsérvate en este ejemplo, después
de una larga jornada de trabajo, en la cual has hablado todo el día,
y sólo quieres llegar a tu casa a comer y a descansar. Imagínate
a tu esposa todo el día en casa atendiendo mil cosas, esperando
que finalice el día para establecer una provechosa conversación
con su esposo, necesita preguntarle algunas cosas domésticas de
casa, o simplemente quiere hablar de algo importante para ella. Tú
estás cansadísimo y hambriento... ¿Qué harás?
Yo te digo lo que hizo Cristo, ese mismo que está en ti. Atendió, lavando y purificando a la iglesia en el lavamiento del agua por la palabra. ¡Qué hermoso!, el varón embriagado del Espíritu atenderá a los detalles más insignificantes de su esposa y lavará, purificará a su esposa con una palabra sabia mientras se ofrece a atenderla y colaborar con sus tareas. Parece idílico, pero no es así. Beber del Espíritu Santo es beber de la vida de Cristo. Los maridos, al igual que Cristo, muestran entrega por sus esposas y la instruyen con la palabra. Cristo
tiene el Buen Vino En fin, hay tantos ejemplos que podríamos citar para educar la vida matrimonial, que el tiempo nos faltaría. Sólo quiero decir que Cristo tiene un buen vino. Cuando él fue invitado a unas bodas y escaseó el vino, proveyó del mejor, y la celebración en aquel día fue con regocijo. Si por algún motivo hay escasez en tu relación matrimonial, ven a Cristo. Escucha las palabras de María diciendo: Haced todo lo que él os diga... Y habrá el Buen Vino en tu mesa. Sí, hagamos todo lo que él nos diga y la plenitud de la relación de Cristo y su Iglesia se verá reflejada en nosotros para la gloria de Dios. Amén.
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