La segunda cara
La
vida cristiana tiene dos caras: una subjetiva y una objetiva. La una
es invisible; la otra, visible. La primera la fe es como
un río profundo que fluye por los pliegues más secretos
del corazón del hombre. Desde el día que vino a posarse
en ese lugar, hace desde allí una labor sanadora, transformadora
y consoladora. Desde ese secreto hondor, ofrece al cristiano los recursos
para transformar todo lo que toca. Es la vida misma de Dios que se ha
metido allí gracias a la fe, para no irse más. Todo lo
que será real y visible después hasta el día
de la manifestación gloriosa del Señor Jesucristo
comienza en el rincón donde se ha anidado la fe bendita del Hijo
de Dios.
La
segunda cara las obras son una expresión concreta
y palpable de esa fe subjetiva. No hay posibilidad de exteriorizar la
preciosa fe, sino a través de las buenas obras de justicia. La
fe verdadera reclama la presencia de las obras como un delicado adorno
que todos puedan ver.
En
este número hemos querido abordar esta segunda cara de la vida
cristiana. La apostasía que comienza a manifestarse en los tiempos
que vivimos hace urgente acallar las bocas mentirosas e incrédulas
mediante obras de fe, santificadas por el Espíritu Santo. Una
fe tan preciosa como la nuestra exige su complemento. ¿Nos negaremos
a ello? Pedimos al Señor que estos mensajes suplan la necesidad
presente de nuestros amados lectores.
Saludamos
con especial afecto a nuestros hermanos de Norteamérica que recibirán
la revista, a partir de este número, desde Guthrie, Oklahoma
(para EE. UU, Canadá y Puerto Rico), y desde Culiacán,
Sinaloa (para México). ¡Gracias a Dios por poder llegar
hasta ustedes! ¡Que el Señor Jesucristo sea glorificado
ahora y siempre!