.Una revista para todo cristiano · Nº 15 · Mayo - Junio 2002
PORTADA

"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

Recompensas

El ser humano suele actuar motivado por un interés personal. “¿Qué provecho puedo sacar de esto?” – se pregunta permanentemente, y según el provecho que piensa obtener de algo, así actúa. Esto, que pudiera parecer reprobable, no lo es tanto, porque uno tiene que vivir con provecho, y no derrochando. Aun más, el mismo Señor Jesús, en su Sermón del Monte, tocó el asunto de las recompensas.

En el capítulo 6 de Mateo encontramos varias veces esta palabra. Allí el Señor está hablando acerca de las obras de justicia (obras justas) que realizan los hijos de Dios, y menciona tres de ellas: la limosna, la oración y el ayuno.

El Señor enseña aquí que al realizar estas obras justas, es importante la motivación con que se hacen, qué clase de recompensa se busca al realizarlas.

Hay dos clases de recompensas: la que viene de los hombres y la que viene de Dios. La recompensa que viene de los hombres se recibe cuando la buena obra se realiza y se exhibe ante los hombres, es decir, públicamente. La recompensa que viene de Dios, en cambio, se recibe cuando la buena obra se realiza en secreto, delante de Dios.

La recompensa de los hombres consiste en ser vistos y alabados por ellos. En el mismo momento que uno es visto y alabado realizando una buena acción, ya está recibiendo la recompensa. (La expresión “ya tienen su recompensa”, del v.2, 5, y 16 significa “ya están recibiendo su recompensa”). La recompensa se agota en el mismo momento en que se realiza la acción justa.

La que viene de Dios consiste, sin embargo, en un reconocimiento público que ocurre en algún momento después de que ha concluido la obra justa. No inmediatamente, sino después. No se trata tampoco de recibirla en el Tribunal de Cristo, más allá de nuestra vida terrena, sino en una recompensa pública aquí, pero más tarde. ¿Cómo ocurre esto? No lo sabemos. Es un resorte de Dios, y ocurre a la manera de Dios. Pero sabemos que, en algún momento determinado (que no se busca) el cristiano se sabe honrado por Dios en público, y en ese momento recibe un gozo y una paz sobrenaturales: ahí está la recompensa.

¿Qué nos debe enseñar esto? Que debemos andar delante de Dios, y no delante de los hombres. Que debemos buscar la gloria de Dios y no la de los hombres (Juan 5:44). Que tenemos que andar por fe, y no por vista (2ª Cor.5:7).

Un joven que es justo delante de Dios y para Dios, será un joven muy afortunado.


Humillaos

El Señor Jesucristo quiere utilizarnos, pero sólo podrá hacerlo cuando comprendamos que nada hay en nosotros que pueda servirle. Cuánto tiempo hemos vivido tratando de servir al Señor en lo que nosotros creemos que es servir al Señor, en lo que nosotros consideramos que el Señor quiere, pero si nuestra carne no muere, el frasco de alabastro no se quebranta y el Señor –que es el grato perfume interior– no puede salir.

“Humillaos”, dice el Señor. “Humillaos” parece ser la clave para que Él sea exaltado. Cuando creamos que somos humildes, entonces comencemos a preocuparnos. Un hombre o una mujer de Dios no tienen tan buen concepto de sí mismos, pues han visto la santidad y hermosura de su Señor y, por ende, también han visto su propia falta, su precariedad. ¿Nos consideramos simpáticos, bonitos, amorosos, tiernos, etc.? Miremos al Señor y veamos “nuestras” virtudes comparadas con las del Señor; de seguro que las nuestras son como un trapo de inmundicia.

El mayor ejemplo

El Señor Jesucristo es el Hijo de Dios, eterno, todopoderoso, magnífico, incomparable. Sin embargo, Él fue la persona más humilde que ha pisado la tierra. En el evangelio de Juan cap.13 del versículo 3-5 dice: “Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de sus discípulos.” Realmente, este es un símbolo de humildad tremendo. El Señor, o sea EL SEÑOR de todo el universo y de todo lo creado, lavó los pies (muy sucios por las tierras polvorientas y por el uso de sandalias) de todos sus discípulos.

En el versículo 3 lo que se quiere destacar es: “Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba...” O sea, por favor, entendamos que Él es el DUEÑO ABSOLUTO DE TODO y más encima Él SABÍA que VENÍA DE DIOS Y SE DIRIGÍA A DIOS. ¿Hay aquí alguna inseguridad, algún temor, algún mínimo espacio para la duda? No, terminantemente, no. Él sabía. Ni siquiera dice que estaba “súper convencido”; dice Él sabía, simplemente. No necesitaba más. Por eso el Señor pudo humillarse, porque Él sabía que lo tenía todo en sus manos. ¿Lo perdería acaso por lavar los pies a sus discípulos? ¿Perdería algo de su dignidad y su nobleza por realizar esta acción digna de un sirviente? NO; el Señor sigue siendo el mismo.

Pero ¿nosotros? ¿Por qué nos cuesta tanto humillarnos? ¿Por qué no queremos perder nuestra dignidad, nuestro nombre, nuestro status, o aquello a lo que nos estamos aferrando? ¿No dice el Señor que el que pierda su vida, la ganará y el que gana su vida la perderá? Si no perdemos nuestra “dignidad” el Señor no nos puede dar de Su dignidad. Es lo mismo que al recibir nuestra salvación: si no queremos perder nuestra justicia propia no podemos recibir la justicia de Dios.

Nos espera el mismo fin

¿No somos acaso nosotros hijos de Dios? ¿No somos acaso justos y santos por medio de la salvación que es en Cristo? ¿No ha ido el Señor al cielo a preparar morada para nosotros, para que nos sentemos en los lugares celestiales y con Él reinemos? Y una cosa muy importante ... ¿no vamos nosotros, al igual que Jesús, al Padre? ¿No es acaso lo que nos espera algo glorioso? AMÉN, HERMANO, SÍ A TODO. Y viendo esto, ¿todavía nos cuesta humillarnos en este mundo, si tenemos tan glorioso fin, y súper asegurado más encima?

Si vemos con los ojos del Señor, entonces dejaremos de luchar nosotros por humillarnos. Si nos tomamos de la humildad de Cristo, si nos tomamos de esta revelación gloriosa y dejamos a Cristo actuar, entonces podremos servirle en espíritu.

Su hermosura y nuestra pequeñez

Cuando nos aburramos de nosotros mismos, cuando nos cansemos de nuestra torpeza, de nuestras ganas de agradar, de nuestras buenas intenciones, y de nuestro repetidos fracasos, no nos entristezcamos, sino gloriémonos en nuestras debilidades, porque nuestro amado Señor nos ha mostrado su hermosura y nuestra pequeñez. Darse cuenta de esto es primordial para tener un corazón contrito y humillado delante del Señor y para poder sujetar nuestra carne a nuestro espíritu.

Amado joven, si nos estamos dando cuenta de nuestros defectos, de nuestras debilidades, de nuestro orgullo o falta de humildad, entonces... ¡Gloria al Señor! Él nos quiere utilizar para su obra, y por eso quiere limpiar nuestro corazón. Por eso nos muestra estas falencias, y hasta las virtudes que creíamos tener ahora se han transformando en ex - virtudes y sólo anhelamos a Cristo en nosotros. Nada más de nosotros, sólo a Cristo.

D. A., 21 años, Temuco


Sin alardes

“No muy lejos de donde vivo hay un riachuelo. Después de fuerte lluvia se puede oír desde lejos el ruido de las aguas, pero al cabo de unos días de buen tiempo, el arroyo guarda silencio casi completo. Pero hay también un río profundo cerca de mi casa, cuyas aguas nunca he oído, a pesar de su curso majestuoso y abundante todo el año. Así, no son más piadosos los que más alarde hacen de piedad.
D.L. Moody en El camino hacia Dios

La aprobación del entrenador
“Una de las estrategias que utilizan los buenos equipos de fútbol es jugar para agradar al entrenador. Los jugadores saben que el lunes será revisada la grabación del juego y evaluada la actuación de cada uno de ellos. Teniendo eso en mente, no los distraen los aplausos o las burlas de la multitud. Lo que quieren es un “¡bien hecho!” por parte del entrenador. De la misma manera, nada debiera deleitarnos más que agradar a nuestro Señor.
Kenneth Fleming, en Se humilló a sí mismo

Tiempo de gratitud
Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos templos se mantenían abiertos durante las 24 horas del día para que la gente pudiera ir a orar por los seres queridos que tenían en la batalla. El cuidador de uno de esos templos notó a un niño que iba todos los días durante unos 10 minutos. Después de varias semanas, el muchacho llegó y permaneció de rodillas mucho más tiempo. El preocupado cuidador habló con él y le preguntó por qué se había quedado tanto tiempo. Él contestó:
—Cada día venía aquí por algunos minutos para pedirle a Dios que trajera a mi padre a casa sano y salvo. Esta mañana lo hizo, así que me apresuré a venir para dar gracias al Señor por contestar mi oración.
M.R.D. en Nuestro Pan Diario, Vol. V

El nieto y su abuelo
—¿Por qué botas esas papas tan bonitas, abuelo? – me preguntó mi nietecito.
Estaba sembrando papas en mi huerto y él pensó que era un desperdicio enterrarlas. Así que tuve la oportunidad de explicarle que es sólo cuando damos la semilla que recibimos la cosecha.
Unos días después, mi nieto estaba de nuevo en el huerto mirando al suelo. Se quejó diciendo:
—Abuelo, no están saliendo.
Entonces le hablé de la paciencia.
Sirvamos fielmente al Señor –dependiendo de su fortaleza y de su poder – y dejémosle a Él los resultados.”
M.R.D. en Nuestro Pan Diario, Vol. V.

Sin máscaras delante de Dios
En Basilea, Suiza, se celebra cada año, en relación con la época de Semana Santa, un desfile y fiestas de estilo de carnaval, el cual envuelve mucho de libertinaje y borracheras con el consecuente comportamiento usual en estos casos. Todo el mundo sabe lo que está pasando pero debido a las máscaras que todos llevan, nadie reconoce exactamente al que hace algo. En esta misma época del año, el Ejército de Salvación coloca cartelones por toda la ciudad con este mensaje: “Dios ve detrás de tu máscara.”
Frank Barker, en Filipenses

Para una ocasión especial
En cierta ocasión, un marido desconsolado por la muerte de su esposa, comenzó a sacar del guardarropas de ella, varias prendas que él le había regalado y que ella nunca usó. Ella las había guardado para “alguna ocasión especial”. Sin embargo, ella partió y nunca usó esa ropa hermosa y elegante. Ahora, el marido se lamentaba diciendo: “¿Y ahora qué con todo esto?”
Esto nos lleva a reflexionar acerca de cuántas personas guardan sus dones y talentos, esperando un mañana que tal vez nunca llegue. ¿Es este tu caso?
Adaptado de Gabriel Kost, en Gethsemaní, Nº 21


Grandes personajes de la Biblia

DAVID

David fue el pastorcillo valiente que mató al león y al oso, fue el soldado que venció a Goliat y a todos sus enemigos, fue el dulce cantor de Israel, y también fue el más amado de los reyes de Israel, el rey “conforme al corazón de Dios”.

Sus hechos demuestran que poseía una fe y un valor singular; en tanto, sus palabras, inspiradas por el Espíritu Santo, anunciaron claramente los sufrimientos y las glorias del Hijo de Dios. Pese a sus errores, fue un hombre ejemplar.

Te invitamos a que leas en los libros de Samuel los principales episodios de la vida de David y luego desarrolles las actividades que hay a continuación.

1. ¿Cuál fue la experiencia de David como pastor? (1 Samuel 17:34-36)
2. ¿Qué hechos demuestran la excelencia de David como músico? (1 Samuel 16:16-18, 23; 2 Samuel 23:1; 1 Crónicas 23:5; 25:1-5; Nehemías 12:24; 36, 45-46; Amós 6:5)
3. ¿Cuál es el perfil de David como soldado? (1 Samuel 17; 2 Samuel 8:1-5;13-14).
4. ¿Cuál fue el desempeño de David como rey? (2 Samuel 5:4-5; 8:15).
5. Como hombre, ¿qué grandes pecados comete David? (2 Samuel 11:3-4, 14,26-27 y 1 Crónicas 21:1-6)
6. ¿Cuál fue su arrepentimiento por esos pecados? (2 Samuel 12:13; Salmo 32 y 51)
7. ¿Qué castigos recibe David por sus pecados? (2 Sam. 12:15-18; 13:14; 13:28-29; 2 Sam. caps. 15 al 18; 2 Samuel 24:15).
8. Llama la atención en David su humildad. Pese a que otros lo temían y admiraban, él pensaba muy diferente de sí mismo. (1 Samuel 18:18,23; 24:14; 26:20; 2 Samuel 3:39; 7:18; Salmo 22:6).
9. David fue también un amigo ejemplar. (1 Samuel 18:1-4; 19:1; 20:17; 41; 2 Samuel 1:26).
10. Dios hace con David un pacto en gracia, que tras cendería su propia vida. ¿A quién señalaba ese pacto? (2 Samuel 7:12-16; Mateo 1:1; 21:9; Apocalipsis 22:16).


Hermano joven: te invitamos a enviar colaboraciones para el Suplemento. Todo aquello que te inquieta, escríbelo y envíalo a nuestra dirección. Pueden ser poemas, reflexiones o verdades de las Escrituras que el Señor te haya dado. Así, otros jóvenes serán bendecidos con lo que tú has recibido.

El Suplemento "BOCETOS" en versión PDF (Acrobat Reader),
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