|
Cristo,
dueño de mi corazón
Claudio
Ramírez Lancién
Oh
Dueño de mi corazón! ¡Oh Dueño!
Amargo recordar que no era tuyo,
cuando dejé pasar tu nombre sin desearte.
¿Tan necia es la criatura en su ceguera?
Tan
sólo imaginar mi indiferencia
en esa multitud de gente vana,
corriendo a los placeres que atormentan,
me entristeció pensar que no era tuyo.
Tus
cuerdas invisibles me atrajeron.
Quisiste ser mi Dueño y mi destino.
¡Y cuánto he resistido tu llamada!
¡Oh
Dueño de mi corazón! ¡Oh Dueño!
Esclavo y siervo, todo tuyo he sido,
del día en que tu Amor me ha convertido.
***
|