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Un violín de tres cuerdas Cierta vez el violinista Itzhatk Perlman sufrió un grave contratiempo al comenzar una presentación en el Lincoln Center de Nueva York: se cortó una de las cuerdas de su violín, la cual salió disparada como bala por el salón. El público enmudeció. Perlman se quedó quieto, como cavilando. En ese momento cabían dos posibilidades: cambiar el violín o reemplazar la cuerda rota. Perlman no hizo ni una ni otra cosa. Hizo un gesto al director para que la orquesta siguiera. Luego, él tocó con tanta pasión, con tanto poder y con una claridad que nunca antes nadie había escuchado. Cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con sólo tres cuerdas. Pero esa noche Perlman se rehusó a saberlo. Se podía observar cómo modulaba, cambiaba y recomponía esa pieza en su cabeza. Por momentos, parecía como si él estuviera desentonando las cuerdas para obtener sonidos que ellas nunca antes habían hecho. Cuando terminó, hubo un silencio impresionante en el salón. Después, la gente se puso en pie para aclamarlo. La explosión de aplausos de la concurrencia quería demostrarle cuánto apreciaban lo que él había hecho. Perlman sonrió, se secó el sudor de las cejas, alzó su arco pidiendo silencio, y dijo, con tono tranquilo y reverente: Ustedes saben, algunas veces la tarea del artista es la de averiguar cuánta música podemos producir con lo que nos queda. Este eximio violinista nos recuerda a Dios, quien también a menudo se queda con un violín de tres cuerdas en su mano. Este violín puede ser un hombre con un corazón destrozado, una mujer con su honra perdida, o un joven con una temprana devastación y un futuro incierto. A veces tal vez le haya convenido más a Dios arrojar el violín malogrado y coger otro nuevo. Sin embargo, Dios, que es persistente con lo suyo, y diestro, no hace lo que nosotros hubiéramos hecho. Él insiste y lo intenta de nuevo. Él sabe cómo pulsar cada una de las cuerdas que le quedan de ese violín herido, y en qué momento, para sacar de él las más bellas melodías. Para que no quede ninguna duda que no es por la excelencia del instrumento ... Cuando esto ocurre, todos nosotros nos ponemos en pie para aclamar al gran Artista. Entonces le damos gracias por no habernos desechado, ni haber reemplazado nuestra cuerda rota, sino por usarnos tal como hemos quedado ... y como sólo Él sabe hacerlo. Asamblea en la carpintería Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y además, se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo, dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, a condición que fuera expulsado el metro, que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto. En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo, hasta que la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero que el carpintero las transforma en cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y veamos mejor que somos de utilidad en las manos del carpintero. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas, y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron conformes con sus debilidades y con el hecho de trabajar juntos. Y sobre todo, se sintieron orgullosos del carpintero que tenían. Así también nosotros, tenemos defectos y muchas veces esos defectos han atrapado toda nuestra atención. Entonces Dios nos muestra que ellos no le impiden usarnos y obtener a través de nosotros algún fruto espiritual. Estemos, pues, orgullosos del Carpintero que tenemos, el mejor de todos, que puede construir con herramientas tan defectuosas. No miremos nuestra incapacidad, sino su extremada habilidad para usarnos como él quiere. Un faro en el desierto Este era un hombre que se puso a construir un faro en medio de un desierto que daba al mar. Todos se burlaban de él y lo llamaban loco. ¿Un faro en medio del desierto? ¿Quién querría llegar hasta aquí? El hombre no hacía caso y seguía, callado, su labor. Un día, por fin, acabó el faro. En la noche sin luna
y sin estrellas, el espléndido rayo empezó a girar en las
tinieblas del aire, como si la vía láctea se hubiera convertido
en carrusel. Y sucedió que luego de que el faro comenzó
a dar su luz hubo en el mar buques trasatlánticos, y vuelos de
submarinos de ballenas, y puertos con mercaderes de Venecia, Todos se asombraron, menos el constructor del faro. Sabía él
que si alguien enciende una luz en medio de la oscuridad, Un cristiano en el mundo no es menos que eso: Un faro en el desierto. Aunque le llamen loco, todos buscan su luz cuando las tinieblas del mundo se hacen más oscuras. Entonces, todos se asombran, y el Señor es glorificado. Comenzando
a servir Cierta medida de gracia nos fue dada En 1ª Corintios 7:17 dice: Cada uno como el Señor le repartió ... así haga. Romanos 12:6 dice: Teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada ... Esto nos muestra que todos los hijos de Dios hemos recibido alguna medida de gracia. Algunos pueden alegar que recibieron poco, pero el que decidió cuánto, es Dios; por tanto, no nos queda otra opción que aceptarlo. Más que preocuparnos de la cantidad recibida (poca o mucha) debiéramos preocuparnos más bien de ser fieles. Pablo dice: Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. (1ª Cor.4:2). La cantidad es un asunto de Dios; la fidelidad es un asunto de nosotros. Mateo 25:15 nos dice que cada uno recibió una cantidad de talentos según su capacidad. Pero Lucas 19:13 dice que todos los siervos recibieron la misma cantidad de recursos. Por tanto, en algún aspecto, todos estamos igualados: tenemos la misma salvación y la misma vida de Dios, que es poderosa para germinar y llevar fruto. El pasaje de Lucas nos muestra a diez siervos que actuaron con diferente actitud; por tanto, las cien dracmas dieron un fruto diferente en cada uno de ellos. Aunque te parezca que otros tienen más, tú puedes producir lo mismo que ellos con lo poco que crees tener. No depende tanto de lo recibido, cuanto de la diligencia con que lo hagas. Una medida pequeña no es un problema A Dios no le es un problema que tú tengas poco. Él sabe cómo hacer con los pequeños para que den mucho fruto con lo poco que tienen. Aquél muchacho que tenía cinco panes de cebada y dos pececillos vio con ojos asombrados cómo lo poco que tenía servía para dar de comer a muchos (Juan 6:8-13). El Señor Jesús escogió a pescadores para encomendarles su obra; no intelectuales o sabios. El erudito Nicodemo no aparece entre los discípulos, pero sí Tomás, el dubitativo. Los grandes están demasiado ocupados en sus grandezas como para disponerse para Dios. Además, ellos podrían presumir después de que es por su sabiduría que pueden hacerlo. Por eso, Dios parece preferir a los muchos pequeños en vez que a los pocos grandes. Los hombres dotados, aquellos de cinco talentos, son muy escasos. Algunos han dado fruto, pero los más han defraudado a Dios y a los hijos de Dios. Ellos se han envanecido y se han apartado. Así que, no te desalientes por lo poco que crees poseer. Primero lo natural, luego lo espiritual Tú que eres joven estás en el momento preciso para comenzar a servir, aunque sea muy poco lo que tienes. Seguramente no eres tan espiritual como quisieras, o como son tus pastores, pero eso no impide que sirvas al Señor. ¿Cómo? En las Escrituras observamos un principio importante: Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. (1ª Cor.15:46). Esto significa que antes de servir en las cosas espirituales tú debes ejercitarte, y ganar experiencia en las cosas naturales. Veamos algunos ejemplos. Tú conoces a José, el hijo de Jacob. Era uno de los hijos menores, y además, el predilecto de su padre. Sin embargo, él era ejercitado en la obediencia cuando su padre lo mandaba lejos a ver cómo estaban sus hermanos. En Génesis 37 se narra que debió ir de Hebrón a Siquem (unos 70 kilómetros), y que luego debió seguir hasta Dotán para hallarlos. José anduvo perdido, con peligro de su vida, pero él debía obedecer a su padre. No eran los días del estadista de Egipto: eran los días de servir en lo poco, en lo cotidiano y natural. Tú conoces también a David, el rey de Israel. Este era el menor en la familia de su padre. Siendo un muchacho, una vez su padre lo envió con una carga de alimentos a ver a sus hermanos que estaban en la guerra. Cuando llegó al campamento del ejército, David procedió con toda diligencia para cumplir fielmente su encomienda (1 Sam.17:20-22). David fue a ese lugar con un encargo doméstico, pero al día siguiente tuvo la más resonante victoria militar (y espiritual) en la historia bélica de Israel, al derrotar a Goliat. Tanto José como David eran jóvenes. Ambos fueron ocupados para labores domésticas, en las cuales mostraron diligencia y responsabilidad. Ellos comenzaron ejercitándose en el plano natural, antes de hacer una obra espiritual. Dios, que observaba el desempeño de ellos, supo que podía confiar en estos dos jóvenes para ocuparlos más tarde en su obra, y en lugares de mucha honra. ¿Estás interesado en servir a Dios como sirven tus hermanos mayores en la iglesia? Pues, comienza por lo que Dios pone a tu alcance, y luego verás cómo Dios te pone a servir en la esfera que tú siempre has soñado. Grandes personajes de la Biblia SAMUEL Samuel fue un niño apartado desde el vientre de su madre para servir a Dios. Su madre, Ana (gracia), que era estéril (y muy desdichada por serlo), pidió un hijo, y Dios se lo concedió. Samuel es un ejemplo de consagración y de servicio, en una época de relajamiento moral. Samuel restituyó el orden en Israel, luego del oscuro período de los jueces. Llegó a ser un gran juez, sacerdote y profeta. Su victoria sobre los filisteos es paradigmática. Su autoridad sobre el pueblo de Israel conjuntamente con su labor de pastor condujeron al pueblo durante largos años. Por medio de Samuel se introdujo también la monarquía hebrea. Te invitamos a que leas el libro de 1 Samuel (capítulos 1 al 12), y luego desarrolles las actividades que hay a continuación. 1. ¿Qué milagro rodeó el nacimiento de Samuel? 2. El cántico de Ana tiene mucha semejanza con otro de una mujer del Nuevo Testamento. ¿Cuál es esa mujer, y en qué se parecen sus cánticos? 3. Demuestre la declinación moral que existía en los días de la infancia de Samuel. 4. ¿Por qué fue desechado Elí y sus hijos? 5. ¿Qué significa Icabod, en su contexto? 6. ¿Qué demanda Samuel de Israel antes de la victoria sobre los filisteos? 7. ¿Por qué Israel pidió rey a Samuel? (Compare 8:5 y 12:12) 8. ¿Cuál fue la conducta de Samuel en los días de su vida? El
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