Seis voces, un solo tema
Tal como dijo T.
Austin-Sparks, en el tema de la centralidad y supremacía del
Señor Jesucristo podemos ocupar íntegramente no sólo
el tiempo presente, sino el resto de nuestras vidas.
Lo que a primera
vista suena una exageración, no lo es, ni mucho menos. El contenido
central de esta revista lo demuestra. Henos aquí adentrándonos
de nuevo en las profundidades del misterio de Dios, que estuvo escondido
por siglos y edades. El número anterior de Aguas Vivas
fue el primer acercamiento, tenemos aquí un segundo acercamiento,
y esperamos en el Señor tener un tercer número dedicado
a complementar lo dicho hasta aquí.
No lo hacemos, sin
embargo, con soltura. Lo hacemos con temor y temblor, conscientes de
que tenemos entre manos el asunto más importante y más
trascendental de que pueda ocuparse el cristiano y la Iglesia de Cristo
en estos tiempos finales.
Como ha dicho un
hermano, el camino de la restauración de la iglesia es
la revelación del misterio de Dios, el cual es Cristo.
La restauración de la Iglesia no depende de que nos pongamos
de acuerdo en formas, doctrinas, o estrategias, todas las cuales dividen
el Cuerpo de Cristo. La restauración depende de si todos los
hijos de Dios tenemos una revelación del misterio escondido en
el corazón de Dios, el cual es Jesucristo, el Hijo de su amor.
Hay aquí
seis mensajes de seis ministros. Seis voces, pero un solo y gran tema:
Cristo, el todo y en todos. Los artículos incluidos
aquí fueron compartidos oralmente por sus autores en un Retiro
en Rucacura (sur de Chile), en el pasado mes de enero. Los mensajes
fueron grabados, y posteriormente transcritos y sintetizados, con una
mínima adaptación literaria. Por eso conservan la espontaneidad
y también, a veces, la vehemencia con que fueron dichos.
Estos mensajes tocan
diversos aspectos de la supremacía de Cristo, tanto en el creyente
individual como en el seno de la Iglesia.
Invitamos a nuestros
lectores a sumergirse en el río de Dios, que fluye desde su trono,
y que tiene un solo tema, un solo nombre, el nombre precioso del Señor
Jesucristo, y una sola dirección, la de su exaltación
y preeminencia, para que él sea el todo y en todos.